Como la vida misma

Desde la semana pasada, las instalaciones de Google en Silicon Valley han empezado a albergar cientos de adolescentes de todo el mundo que participarán en uno de los proyectos más destacados de la compañía, consistente en cruzar “tuiteros” y “youtubers” para crear una raza superior que arrastre millones de visitas en Internet.

“El año pasado intentamos aparear a usuarios de Tinder con usuarios de Badoo y el resultado fueron monstruos, especímenes horribles que no sobrevivieron. Pero hemos aprendido del error”, admiten los responsables del experimento, biólogos y etólogos de reconocido prestigio que llevan años estudiando el comportamiento de los adolescentes en las redes sociales.

Google aspira a crear un ejemplar de adolescente de Internet que pueda comentar partidas de videojuegos mientras realiza tutoriales de maquillaje, publica chistes ingeniosos en Twitter y se fotografía los pies metidos dentro de un gintónic en la playa para Instagram. “Prescriptores e ‘influencers’ capaces de crear vídeos que quieran patrocinar casi todas las marcas”, explican desde la compañía.

De hecho, ya hay más de cien marcas que se han reservado el patrocinio de las primeras crías que nazcan fruto de este experimento. Todas ellas llevarán una cámara GoPro implantada en la cabeza para poder compartir sus vidas en “streaming”.

Los ejemplares de “tuiteros” y “youtubers” se encuentran en estos momentos en instalaciones separadas. “Son habitáculos pequeños, llenos de ropa sucia en el suelo y que recuerdan a sus habitaciones”, explica Google. Tras una fase previa de evaluación, los jóvenes se juntarán en una gran discoteca hortera para que se hagan “follow”. 

Aunque la empresa insiste en que el experimento está muy controlado, cuesta no recordar a los cientos de usuarios de Blogger y de Fotolog que, viendo sus vidas truncadas, vagan ahora por las calles de Silicon Valley pidiendo comida e intercambio de enlaces.

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Materialismo dialéctico

Extraído de RAZÓN Y REVOLUCIÓN

FILOSOFÍA MARXISTA Y CIENCIA MODERNA

Alan Woods y Ted Grant

Traducción castellana de Jordi Martorell

Fundación Federico Engels Madrid

3. Materialismo dialéctico

¿QUÉ ES LA DIALÉCTICA?

La dialéctica es un método de pensamiento y de interpretación del mundo, tanto de la naturaleza como de la sociedad. Es una forma de analizar el universo, que parte del axioma de que todo se encuentra en un estado de constante cambio y flujo. Pero no sólo eso. La dialéctica explica que el cambio y el movimiento implican contradicción y sólo pueden darse a través de contradicciones. Así, que, en lugar de una línea suave e ininterrumpida de progreso, lo que tenemos es una línea que se ve interrumpida súbitamente por períodos explosivos en los que los cam- bios lentos que se han ido acumulando (cambios cuantitativos) sufren una rápida aceleración, y la cantidad se transforma en calidad. La dialéctica es la lógica de la contradicción.

Hegel formuló detalladamente las leyes de la dialéctica en sus escritos, aun- que de una forma mística e idealista. Marx y Engels fueron los primeros en dar una base científica, es decir, materialista, a la dialéctica. “Hegel escribió antes que Darwin y antes que Marx”, escribió Trotsky. “Gracias al poderoso impulso dado al pensamiento por la Revolución Francesa, Hegel anticipó el movimiento gene- ral de la ciencia. Pero porque era solamente una anticipación, aunque hecha por un genio, recibió de Hegel un carácter idealista. Hegel operaba con sombras ideológicas como realidad final. Marx demostró que el movimiento de estas sombras ideológicas no reflejaba otra cosa que el movimiento de cuerpos materiales”.

En los escritos de Hegel hay muchos ejemplos de las leyes de la dialéctica extraídos de la historia y la naturaleza. Pero el idealismo de Hegel inevitablemente imprimió a su dialéctica un carácter muy abstracto, mistificado y a veces arbitrario. Para que la dialéctica encajase con la Idea Absoluta, Hegel se vio forzado a imponer un esquema a la naturaleza y a la sociedad, en flagrante contradicción con el método dialéctico, que exige deducir las leyes de un fenómeno determinado a partir de un estudio escrupuloso del sujeto, como hizo Marx en El capital. Así, el método de Marx, lejos de ser una simple regurgitación de la dialéctica idealista de Hegel arbitrariamente aplicada a la historia y la sociedad, como sus críticos frecuentemente afirman, fue precisamente lo contrario. Como él mismo explica:

“Mi método dialéctico no sólo difiere en su base del hegeliano, sino que además es todo lo contrario de éste. Para Hegel, el movimiento del pensamiento, que él encarna con el nombre de Idea, es el demiurgo de la realidad, que no es más que la forma fenoménica de la Idea. Para mí, en cambio, el movimiento del pen- samiento es el reflejo del movimiento real, transportado y traspuesto en el cerebro del hombre”.

Cuando contemplamos por vez primera el mundo que nos rodea vemos una inmensa y sorprendente serie de fenómenos complejos, una maraña de cambios aparentemente sin final, causa y efecto, acción y reacción. La fuerza motriz de la investigación científica es el deseo de obtener una visión racional de este confuso laberinto, de entenderlo para poder conquistarlo. Buscamos leyes que puedan separar lo general de lo particular, lo accidental de lo necesario, y que nos permi- tan comprender las fuerzas que dan pie a los fenómenos a los que nos enfrentamos. En palabras del físico y filósofo inglés David Bohm:

“En la naturaleza nada permanece constante. Todo se encuentra en un estado perpetuo de transformación, movimiento y cambio. Sin embargo, descubrimos que no hay nada que simplemente surja de la nada sin antecedentes previamente existentes. De la misma forma, no hay nada que desaparezca sin dejar rastro, que no dé origen absolutamente a nada existente posteriormente. Esta característica general del mundo puede ser expresada en términos de un principio que resume un enorme terreno de diferentes tipos de experiencias y que hasta la fecha no ha sido contradicho por ninguna observación o experimento, sea científica o de otro tipo; es decir, todo surge de otras cosas y da origen a otras cosas”.

El principio fundamental de la dialéctica es que todo está sometido a un proceso constante de cambio, movimiento y desarrollo. Incluso cuando nos parece que no está pasando nada, en realidad la materia siempre está cambiando. Las moléculas, los átomos y las partículas subatómicas están cambiando de lugar constantemente, siempre en movimiento. La dialéctica, por lo tanto, es una interpretación esencialmente dinámica de los fenómenos y procesos de toda la materia, tanto orgánica como inorgánica.

“A nuestros ojos, nuestros imperfectos ojos, nada cambia”, dice el físico norteamericano Richard P. Feynman, “pero si pudiéramos verlo ampliado mil millones de veces, veríamos que desde su propio punto de vista cambia continuamente: moléculas que abandonan la superficie, moléculas que regresan”.

Esta idea es tan fundamental para la dialéctica, que Marx y Engels consideraron que el movimiento era la principal característica de la materia. Como en mu- chos otros casos, esta concepción dialéctica ya había sido anticipada por Aristóteles, que escribió: “Por lo tanto (…) la significación primaria y correcta de la ‘natu- raleza’ es la esencia de las cosas que tienen en sí mismas (…) el principio del movimiento”. Esta no es la concepción mecánica del movimiento como algo provocado en una masa inerte por una fuerza externa, sino un concepto totalmente diferente: la materia con movimiento propio. Para ellos, materia y movimiento (energía) eran la misma cosa, dos maneras de expresar la misma idea. Esto fue confirmado brillantemente por la teoría de Einstein de la equivalencia de masa y energía. Así lo explica Engels:

“El movimiento, en su sentido más general, concebido como modo de existencia, atributo inherente a la materia, abarca todos los cambios y procesos que se producen en el universo, desde el simple cambio de lugar hasta el pensamiento. La investigación de la naturaleza del movimiento, es claro, debía comenzar por las formas inferiores, más simples, y aprender a entenderlas antes de llegar a una explicación de las formas más elevadas y complicadas”.

“TODO FLUYE”

Todo está en un constante estado de movimiento, desde los neutrinos a los supercúmulos. La Tierra misma se está moviendo constantemente, rotando alrededor del Sol una vez al año y girando sobre su propio eje una vez al día. El Sol, a su vez, gira sobre su eje cada 26 días y, junto con las demás estrellas de nuestra galaxia, hace un viaje completo alrededor de la galaxia cada 230 millones de años. Es probable que estructuras todavía más amplias (cúmulos de galaxias) también tengan algún tipo de movimiento de rotación sobre sí mismas. Esta parece ser una característica de la materia hasta en el nivel atómico, donde los átomos que forman las moléculas giran unos alrededor de otros a diferentes velocidades. Dentro del átomo, los electrones giran alrededor del núcleo a velocidades enormes.

El electrón tiene una cualidad conocida como espín intrínseco. Es como si girase sobre su propio eje a una velocidad determinada, y no se puede parar o cambiar excepto destruyendo el propio electrón. De hecho, si se incrementa el espín del electrón, sus propiedades cambian tan drásticamente que producen un cambio cualitativo, creando una partícula totalmente diferente. La cantidad llamada momento angular, la medida combinada de la masa, la velocidad y la distancia al eje de giro, se utiliza para medir el espín de las partículas elementales. El principio de cuantificación del espín es fundamental en el nivel subatómico, pero también existe en el mundo macroscópico, donde sin embargo su efecto es tan infinitesimal que se puede ignorar. El mundo de las partículas subatómicas está en un estado de constante movimiento y fermento, en el que nunca nada es igual a sí mismo. Las partículas están constantemente convirtiéndose en su opuesto, de tal manera que incluso es imposible establecer su identidad en un momento dado. Los neutrones se convierten en protones y los protones en neutrones, en un proceso incesante de cambio de identidad.

Engels define la dialéctica como “la ciencia de las leyes generales del movimiento y la evolución de la naturaleza, la sociedad humana y el pensamiento”. En sus obras Anti-Dühring y Dialéctica de la naturaleza, Engels explica las leyes de la dialéctica, empezando por las tres fundamentales:

1) Ley de la transformación de la cantidad en calidad, y viceversa.

2) Ley de la unidad y lucha de contrarios.

3) Ley de la negación de la negación.

A primera vista tal pretensión puede parecer excesivamente ambiciosa. ¿Es posible realmente plantear leyes que tengan una aplicación tan general? ¿Puede haber un modelo subyacente que se repita en los procesos no sólo de la sociedad y el pensamiento, sino de la propia naturaleza? A pesar de todas estas objeciones, cada vez está más claro que modelos de este tipo existen, y reaparecen constantemente a todos los niveles y en todo tipo de formas. Existe un número creciente de ejemplos extraídos de diferentes campos, desde las partículas subatómicas hasta los estudios de población, que tienden a confirmar la teoría del materialismo dialéctico.

El punto esencial del pensamiento dialéctico no se basa en la idea del cambio y el movimiento, sino que interpreta ambos como fenómenos surgidos de contradicciones. Mientras que la lógica formal intenta desterrar la contradicción, el pensamiento dialéctico se basa precisamente en ella. La contradicción es una característica fundamental del ser. Reside en el corazón de la materia. Es la fuente de todo movimiento, cambio, vida y desarrollo. La ley dialéctica que expresa esta idea es la ley de la unidad y lucha de contrarios. La tercera ley de la dialéctica, la negación de la negación, expresa la idea del desarrollo. En lugar de un círculo cerrado en el que los procesos se repiten continuamente, esta ley plantea que el movimiento a través de contradicciones sucesivas lleva en realidad al desarrollo, de lo simple a lo complejo, de lo inferior a lo superior. Los procesos no se repiten exactamente de la misma manera, a pesar de que pueda parecerlo. Estas son, muy esquemáticamente, las tres leyes fundamentales de la dialéctica. De ellas surgen toda una serie de proposiciones adicionales, incluidas las relaciones entre el todo y las partes, la forma y el contenido, lo finito y lo infinito, la atracción y la repulsión, etc. Intentaremos explicarlas.

CANTIDAD Y CALIDAD

La ley de la transformación de la cantidad en calidad tiene una gama de aplicaciones extremadamente amplia, desde las más pequeñas partículas subatómicas de la materia hasta los mayores fenómenos conocidos por el hombre. Se puede ver en todo tipo de procesos y a muchos niveles diferentes. Esta importante ley aún no ha recibido el reconocimiento que se merece, pero nos sale al paso a cada momento. Los griegos megarenses ya la conocían y la utilizaban para demostrar ciertas paradojas, a veces en forma de chistes. Por ejemplo, el de la cabeza calva y el del montón de granos: ¿un pelo menos significa que estés calvo o un grano de trigo hace un montón? La respuesta es no. ¿Y otro pelo menos u otro grano más? La respuesta sigue siendo no. Entonces seguimos repitiendo la pregunta hasta que terminamos con una cabeza calva y un montón de granos de trigo. Nos enfrentamos a la contradicción de que pequeños cambios individuales que por sí mismos son incapaces de provocar un cambio cualitativo, en un punto determinado provocan precisamente eso: que la cantidad se transforme en calidad.

La idea de que, bajo ciertas condiciones, incluso pequeñas cosas pueden pro- vocar grandes cambios encuentra su expresión en todo tipo de dichos populares y proverbios: La gota que colma el vaso, Tanto va el cántaro a la fuente, que allí deja el asa o la frente; La gotera cava la piedra y muchos otros. La ley de la transformación de la cantidad en calidad ha penetrado de muchas maneras en la con- ciencia popular, tal y como Trotsky planteó ingeniosamente:

“Todo individuo es dialéctico en uno u otro sentido, en la mayor parte de los casos inconscientemente. Un ama de casa sabe que cierta cantidad de sal condimenta agradablemente la sopa, pero que una cantidad mayor la hace incomible. En consecuencia, una campesina ignorante se guía al hacer la sopa por la ley hegeliana de la transformación de la cantidad en calidad. Podrían citarse infinita cantidad de ejemplos obtenidos de la vida cotidiana. Hasta los animales llegan a sus conclusiones prácticas basándose no solamente en el silogismo aristotélico, sino también en la dialéctica de Hegel. Así, el zorro sabe que hay aves y cuadrúpedos gustosos y nutritivos. Al acechar a una liebre, a un conejo o a una gallina, el zorro se hace esta reflexión: esta criatura pertenece al tipo nutritivo y gustoso… y salta sobre la presa. Tenemos aquí un silogismo completo, aunque podemos suponer que el zorro no leyó nunca a Aristóteles. Cuando el mismo zorro, sin embargo, encuentra al primer animal que lo excede en tamaño, un lobo, por ejemplo, extrae rápidamente la conclusión de que la cantidad se transforma en calidad y procede a huir. Evidentemente, las patas del zorro están equipadas con tendencias hegelianas, aunque no conscientes.

“Todo esto demuestra, dicho sea de paso, que nuestros métodos de pensamiento, tanto la lógica formal como la dialéctica, no son construcciones arbitrarias de nuestra razón, sino más bien expresiones de las verdaderas interrelaciones que existen en la naturaleza misma. En este sentido, el universo entero está saturado de dialéctica ‘inconsciente’. Pero la naturaleza no se detuvo allí. Se produjo un no pequeño desarrollo antes de que las relaciones internas de la naturaleza pasaran al lenguaje de la conciencia de zorros y hombres, y que el hombre llegara a ser capaz de generalizar esas formas de conciencia transformándolas en categorías lógicas (dialécticas), creando así la posibilidad de conocer más profunda- mente el mundo que nos rodea”.

A pesar del carácter aparentemente trivial de estos ejemplos, en realidad nos revelan una verdad profunda sobre la manera en que funciona el mundo. Tomemos el ejemplo del montón de granos. Algunas de las investigaciones más recientes sobre la teoría del caos se han centrado en el punto crítico en que una serie de pequeñas variaciones producen un cambio de estado (en terminología moderna esto se denomina borde del caos). El trabajo del físico de origen danés Per Bak y otros sobre la “criticidad autoorganizada” utiliza precisamente el ejemplo de un montón de arena, una analogía exacta del montón de granos de los megarenses, para ilustrar los profundos procesos que tienen lugar a muchos niveles de la naturaleza y que responden con precisión a la ley de la transformación de la cantidad en calidad.

El experimento se ha llevado a cabo muchas veces, tanto con montones de arena reales como en simulaciones informáticas. Dejamos caer granos de arena uno a uno sobre una superficie llana. Durante un tiempo se irán apilando uno encima de otro hasta formar una pequeña pirámide. El montón de arena se va haciendo más y más grande, con el exceso de arena deslizándose por los lados. Cuando todo el exceso de arena ha caído, el montón de arena resultante se dice que está “autoorganizado”. En otras palabras, nadie le ha dado conscientemente esa forma. Se “organiza a sí mismo” de acuerdo con sus leyes inherentes, hasta que llega a un estado crítico en el que los granos de arena de su superficie son a duras penas estables. En este estado crítico, incluso añadir un solo grano de arena más puede provocar resultados imprevisibles. Puede causar un pequeño cambio más o puede desencadenar una reacción en cadena que provoque una avalancha catastrófica que destruya el montón. Este ejemplo, trivial en apariencia, es un excelente “modelo al borde del caos” con un amplio espectro de aplicaciones, de los terremotos a la evolución, de las crisis bursátiles a las guerras.

Según Per Bak, se puede dar una expresión matemática a este fenómeno, según la cual la frecuencia media de una avalancha de determinado tamaño es inversamente proporcional a una potencia de su tamaño. También plantea que este comportamiento es extremadamente común en la naturaleza, como el caso de la masa crítica del plutonio, que al alcanzarse provoca la reacción en cadena que origina la explosión nuclear. Por debajo del nivel crítico, la reacción en cadena dentro de la masa del plutonio se desvanecerá, mientras que por encima del nivel crítico la masa explotará. Se puede ver un fenómeno similar en los terremotos, donde las rocas de ambos lados de una falla de la corteza terrestre están a punto de resbalar. La falla va sufriendo una serie de pequeños y grandes deslizamientos, que mantienen la tensión en el punto crítico durante un tiempo, hasta que al final deviene el terremoto.

Aunque los que abogan por la teoría del caos parecen no saberlo, todos estos son ejemplos de la ley de la transformación de la cantidad en calidad. Hegel definió la línea nodal de las relaciones de medida, en la cual pequeños cambios cuantitativos dan lugar en un determinado momento a un salto cualitativo. A menudo se utiliza el ejemplo del agua, que hierve a 100 oC en condiciones normales de presión atmosférica. A medida que la temperatura se acerca al punto de ebullición, el incremento de calor no provoca inmediatamente que las moléculas de agua se separen. Hasta que no llega al punto de ebullición, el agua mantiene su volumen. Sigue siendo agua debido a la atracción que las moléculas ejercen unas sobre otras. Sin embargo, el cambio constante de temperatura tiene como efecto un aumento en la velocidad de las moléculas. La distancia entre los átomos aumenta gradualmente hasta el punto en que la fuerza de atracción es insuficiente para mantener juntas las moléculas. Precisamente a 100 oC, cualquier incremento en la energía calórica hará que las moléculas se separen, produciendo vapor.

El mismo proceso puede verse también al revés. Cuando el agua se enfría desde 100 a 0 oC no se congela gradualmente, convirtiéndose en una gelatina y luego en un sólido. El movimiento de los átomos se ralentiza gradualmente a medida que disminuye la energía calórica, hasta que a 0 oC se llega a un punto crítico en el que las moléculas se organizan de acuerdo con cierto modelo, es decir, el hielo. Todo el mundo puede comprender la diferencia cualitativa entre un sólido y un líquido. El agua se puede utilizar para determinados fines, como lavar o saciar la sed, para los cuales el hielo no sirve. Técnicamente hablando, la diferencia es que, en un sólido, los átomos están organizados en redes cristalinas. No se disponen al azar a grandes distancias, sino que la posición de los átomos en un lado del cristal está determina- da por los átomos del otro lado. Por eso podemos mover la mano libremente a través del agua, mientras que el hielo es rígido y ofrece resistencia. De esta manera, estamos describiendo un cambio cualitativo, un cambio de estado, que surge de una acumulación de cambios cuantitativos. Una molécula de agua es una cuestión relativamente sencilla: un átomo de oxígeno unido a dos átomos de hidrógeno gobernados por ecuaciones de física atómica bien comprendidas. Sin embargo, cuando combinamos un gran número de moléculas, adquieren propiedades que ninguna de ellas tiene aisladamente, liquidez. Este tipo de propiedad no está implícito en las ecuaciones. En el lenguaje de la complejidad, la liquidez es un fenómeno emergente.

“Por ejemplo”, dice M. Waldrop, “si enfriamos un poco estas moléculas de agua en estado líquido, a 0 oC dejarán de dar volteretas erráticas de una forma repentina. Por el contrario, experimentarán una ‘transición de fase’, encerrándose en una formación cristalina ordenada llamada hielo. Si actuamos en sentido contrario, es decir, calentando el líquido, las mismas moléculas de agua volteantes se separarán repentinamente, experimentando una transición de fase al convertirse en vapor. Ninguna de las dos transiciones de fase tendría significación en el caso de una molécula aislada”.

El concepto transición de fase expresa ni más ni menos que un salto cualitativo. Se pueden observar procesos similares en fenómenos tan variados como el clima, las moléculas de ADN y la propia mente. Esta propiedad de liquidez es bien conocida gracias a nuestra experiencia diaria. También en la física, el com- portamiento de los líquidos es bien comprendido y perfectamente predecible hasta cierto punto. Las leyes del movimiento de los fluidos (gases y líquidos) distinguen claramente entre el flujo laminar suave, que es predecible y bien definido, y el flujo turbulento que sólo se puede expresar, en el mejor de los casos, aproximadamente. Se puede predecir exactamente el movimiento del agua alrededor de un embarcadero en un río gracias a las ecuaciones normales de los fluidos, siempre y cuando el agua se mueva lentamente. Incluso si incrementamos su velocidad, provocando remolinos, todavía podemos predecir su comportamiento. Pero si la incrementamos más allá de cierto punto, se hace imposible predecir dónde se van a formar los remolinos e, incluso, decir algo sobre el comportamiento del agua en su conjunto. Ha pasado a ser caótico.

LA TABLA PERIÓDICA DE MENDELEYEV

La existencia de cambios cualitativos en la materia era conocida bastante antes de que los seres humanos empezasen a pensar en la ciencia, pero no fue comprendida realmente hasta la llegada de la teoría atómica. Previamente, los físicos consideraban los cambios de estado de sólido a líquido y a gas como algo que sucedía sin que nadie supiese exactamente por qué. Sólo ahora empezamos a comprender correctamente estos fenómenos.

La ciencia química hizo enormes progresos durante el siglo XIX, descu- briéndose gran cantidad de elementos. Pero, de una forma bastante parecida a la situación de la física de partículas hoy en día, reinaba el caos. El gran científico ruso Dmitri Ivánovich Mendeleyev fue el que puso la casa en orden cuando, en 1869, a la par que el químico alemán Julius Meyer, elaboró la tabla periódica de los ele- mentos, que muestra la repetición periódica de propiedades químicas similares.

La existencia del peso atómico fue descubierta en 1862 por Cannizzaro. Pero el genio de Mendeleyev consistió en que no trató los elementos desde un punto de vista meramente cuantitativo, es decir, no consideró la relación entre los diferentes átomos simplemente en términos de peso. Si lo hubiese hecho, no hubiera sido posible la ruptura que realizó. Desde un punto de vista puramente cuanti- tativo, por ejemplo, el elemento telurio (peso atómico de 127’61) debería venir en la tabla periódica después del yodo (peso atómico de 126’91). Sin embargo, Mendeleyev lo colocó justo delante del yodo, debajo del selenio, al que se parece más, y colocó el yodo debajo del elemento con que se relaciona, el bromo. El método de Mendeleyev fue confirmado en el siglo XX, cuando la investigación con rayos X demostró que esa ubicación era correcta. El nuevo número atómico para el telurio fue el 52, mientras que el del yodo es el 53.

Toda la tabla periódica de Mendeleyev está basada en la ley de la cantidad y la calidad, deduciendo diferencias cualitativas en los elementos a partir de diferencias cuantitativas en sus pesos atómicos. Engels en su día ya lo re- conoció:

“Por último, la ley hegeliana vale no sólo para las sustancias compuestas, si no también para los propios elementos químicos. Sabemos que ‘las propiedades químicas de los elementos son una función periódica de sus pesos atómicos’ (…) y que, por consiguiente, su calidad la determina la cantidad de su peso atómico. Y la demostración de esto es brillante. Mendeleyev probó que las distintas brechas que ocurren en las series de elementos emparentados, ordenados según los pesos atómicos, indicaban que en ellas había nuevos elementos que descubrir. Describió por anticipado las propiedades químicas generales de uno de esos elementos desconocidos, que llamó eka-aluminio, porque sigue al aluminio en la serie que se inicia con éste, y predijo su peso atómico y específico aproximados, así como su volumen atómico. Unos años después, Lecoq de Boisbaudran descubrió ese ele- mento, y las predicciones de Mendeleyev coincidían, con muy leves discrepancias. El eka-aluminio fue, a partir de entonces, el galio. (…) Por medio de la aplicación, inconsciente, de la ley de Hegel, de transformación de la cantidad en cali- dad, Mendeleyev realizó una hazaña científica que no es excesiva audacia equi- parar con la de Le Verrier, cuando calculó la órbita del planeta Neptuno, hasta entonces desconocido”.

La química trata de cambios tanto cualitativos como cuantitativos, cambios de grado y de estado. Esto se puede ver claramente en el cambio de gas a líquido o a sólido, que en general está relacionado con cambios de temperatura y presión. En Anti-Dühring, Engels da una serie de ejemplos de cómo, en química, la simple adición cuantitativa de elementos crea cuerpos totalmente diferentes. Desde los tiempos de Engels, la nomenclatura química ha variado, pero este ejemplo expresa exactamente el cambio de cantidad en calidad:

“y así sucesivamente hasta C30H60O2, el ácido melísico, vapor sin descomponerlo”.

El estudio de los gases y vapores constituye una rama especial de la química. El pionero de la química inglesa, Faraday, creía que había seis gases, a los que denominó gases permanentes, imposibles de licuar: hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, monóxido de carbono, óxido nítrico y metano. Pero en 1877, el quí- mico suizo R. Pictet consiguió licuar el oxígeno a -140 oC y una presión de 500 atmósferas. Más tarde, también el nitrógeno, el oxígeno y el monóxido de car- bono fueron licuados a temperaturas todavía más bajas. En 1900 se licuó el hidrógeno a -240 oC, y a temperaturas inferiores se consiguió incluso solidificar- lo. Finalmente, el desafío más difícil de todos, la licuefacción del helio, se consiguió a -255 oC. Estos descubrimientos tuvieron importantes aplicaciones prácticas. Hoy en día, el hidrógeno y el oxígeno líquidos se utilizan en grandes cantidades en los cohetes espaciales. La transformación de la cantidad en calidad se demuestra por los importantes cambios de propiedades provocados por cambios de temperatura. Esta es la clave del fenómeno de la superconductividad. A temperaturas enormemente bajas, ciertas sustancias, empezando por el mercurio, no ofrecen ninguna resistencia a las corrientes eléctricas.

El estudio de temperaturas extremadamente bajas fue desarrollado a mediados del siglo XIX por el físico inglés William Kelvin (más tarde Lord), que esta- bleció el concepto de cero absoluto, la temperatura más baja posible, y lo calculó en -273 oC (los cero grados Kelvin, temperatura que es la base de la escala de medida de temperaturas muy bajas). A esa temperatura, creía, la energía de las moléculas se reduciría a cero. Sin embargo, incluso al cero absoluto el movimiento no desaparece del todo. Todavía hay algo de energía que no se puede hacer desaparecer. A efectos prácticos se puede decir que la energía es cero, pero en realidad no es así. Materia y movimiento, como Engels planteó, son absolutamente inseparables, incluso al cero absoluto.

Hoy en día se consiguen temperaturas increíblemente bajas de forma rutinaria, y juegan un papel importante en la producción de superconductores. El mercurio se convierte en superconductor exactamente a 4’12 grados Kelvin (K); el plomo, a 7’22 K; el estaño, a 3’73 K; el aluminio, a 1’2 K; el uranio, a 0’8 K; el titanio, a 0’53 K. Unos mil cuatrocientos elementos y aleaciones tienen esta cualidad. El punto de ebullición del nitrógeno líquido es 20’4 K. El helio es el único elemento conocido que no se puede congelar, incluso al cero absoluto. Es la única sustancia que posee la propiedad conocida como superfluidez. Sin embargo, también en este caso, cambios de temperatura provocan saltos cualitativos. A 2’2 K, el comporta- miento del helio sufre un cambio tan fundamental que se conoce como helio-2, para diferenciarlo del helio líquido por encima de esa temperatura (helio-1). Utili- zando nuevas técnicas se han conseguido temperaturas de 0’000001 K, aunque se cree que el cero absoluto no puede alcanzarse.

Hasta ahora nos hemos centrado en cambios químicos en el laboratorio y en la industria. Pero no deberíamos olvidar que estos cambios se producen a una escala mucho más grande en la naturaleza. Dejando de lado las impurezas, la composición química del carbón y de los diamantes es la misma: carbono. La diferencia

entre ambos es producto de una presión colosal que, en un punto determinado, transforma el contenido de un saco de carbón en el collar de una duquesa. Para convertir grafito común en diamante se necesitaría una presión de por lo menos 10.000 atmósferas durante un largo período de tiempo. Este proceso se da de forma natural bajo la superficie de la Tierra. En 1955, el monopolio GEC consiguió convertir grafito en diamante a una temperatura de 2.500 oC y una presión de 100.000 atmósferas. En 1962 se consiguió el mismo resultado a 5.000 oC y 200.000 atmósferas, convirtiendo el grafito directamente en diamante, sin ayuda de catalizador. Estos diamantes sintéticos no se utilizan para adornar los cuellos de las duquesas, sino con fines mucho más productivos como herramientas de corte en la industria.

TRANSICIONES DE FASE

Un importante campo de investigación es el de las transiciones de fase: el punto crítico en que la materia cambia de sólido a líquido, o de líquido a vapor, o de no magnético a magnético, o de conductor a superconductor. Todos estos procesos son diferentes, pero se ha demostrado fuera de toda duda que son similares, tanto que las matemáticas que se aplican a uno se pueden utilizar en muchos otros. Este es un ejemplo muy claro de un salto cualitativo, como demuestra esta cita de James Gleick:

“Como tantas otras cosas del caos, las transiciones de fase incluyen un com- portamiento macroscópico, difícil de predecir con el estudio de los detalles microscópicos. Las moléculas de un sólido calentado vibran con la energía adicional. Fuerzan sus límites hacia el exterior y hacen que la sustancia se expanda. Cuanto más calor, tanto más intensa será la expansión. Pero, a temperatura y pre- sión determinadas, el cambio se vuelve repentino y discontinuo. Se ha tirado de una cuerda y se rompe. La forma cristalina se deshace y las moléculas se apartan unas de otras. Obedecen a leyes de los fluidos que hubieran sido imposibles de inferir de cualquier aspecto del sólido. El promedio de energía atómica casi no ha cambiado, pero la materia —ahora líquida, o un imán, o un superconductor— ha entrado en un reino nuevo”.

La dinámica de Newton era suficiente para explicar fenómenos a gran escala, pero se hizo inservible para sistemas de dimensiones atómicas. De hecho, la mecánica clásica es válida para la mayoría de operaciones que no implican grandes velocidades o procesos que se dan en el nivel subatómico. Trataremos en detalle sobre la mecánica cuántica, que representa un salto cualitativo en la ciencia, en otra sección. Su relación con la mecánica clásica es similar a la que existe entre las matemáticas superiores y clásicas, o entre la dialéctica y la lógica formal. Puede explicar hechos que la mecánica clásica no puede, como la transformación radiactiva, la transformación de materia en energía. Da lugar a nuevas ramas de la ciencia —la química teórica, capaz de resolver problemas que eran irresolubles—. La teoría del magnetismo metálico provocó un cambio fundamental, posibilitando brillantes descubrimientos en el flujo de electricidad a través de metales. Una vez que se aceptó el nuevo punto de vista, toda una serie de dificultades teóricas que- daron eliminadas. Pero durante mucho tiempo se encontró con una feroz resistencia, precisamente porque sus resultados chocaban frontalmente con el método de pensamiento tradicional y las leyes de la lógica formal.

La física moderna proporciona gran cantidad de ejemplos de las leyes de la dialéctica, empezando por la cantidad y la calidad. Tomemos, por ejemplo, la relación entre los diferentes tipos de ondas electromagnéticas y sus frecuencias, es decir, su velocidad de pulsación. El trabajo de James C. Maxwell, en el que Engels estaba muy interesado, demostró que las ondas electromagnéticas y las ondas lumínicas eran del mismo tipo. La mecánica cuántica demostró más tarde que la situación es mucho más compleja. Pero, a bajas frecuencias, la teoría de las ondas se puede aplicar bastante bien.

Las propiedades de las ondas están determinadas por el número de oscilaciones por segundo. La diferencia estriba en la frecuencia de las ondas, la velocidad de pulsación, el número de vibraciones por segundo. Es decir, cambios cuantitativos dan lugar a diferentes tipos de señales de onda. Trasladado a colores, el rojo indica ondas lumínicas de baja frecuencia. Un aumento de la frecuencia de vibración convierte el color en naranja-amarillo, luego violeta, después en invisibles rayos ultravioleta y rayos X, y finalmente en rayos gamma. Si vamos al otro extremo del proceso, pasamos de infrarrojos y rayos calóricos a ondas de radio. Es decir, el mismo fenómeno se manifiesta de maneras diferentes según la frecuencia sea mayor o menor. Cambios cuantitativos que pasan a ser cualitativos.

ORGÁNICO E INORGÁNICO

La ley de la cantidad y la calidad también sirve para aclarar uno de los aspectos más controvertidos de la física moderna, el llamado principio de incertidumbre de Heisenberg, que examinaremos más en detalle en otra sección. Aunque es imposible conocer la posición y velocidad exactas de una partícula subatómica en con- creto, es posible predecir con bastante exactitud el comportamiento de un gran número de partículas. Un ejemplo más: los átomos radiactivos se descomponen de tal manera que hacen imposible una predicción detallada. Sin embargo, un gran número de átomos se descompone con una frecuencia tan estadísticamente fiable que los científicos los utilizan como “relojes” para calcular la edad de la Tierra, el Sol y las estrellas. El mero hecho de que las leyes que gobiernan el compor- tamiento de las partículas subatómicas sean tan diferentes de las que se aplican en el mundo “normal” es en sí mismo un ejemplo de la transformación de la canti- dad en calidad. El punto exacto en que las leyes de los fenómenos a pequeña escala dejan de aplicarse fue definido por la acción cuántica planteada por Max Planck en 1900.

En un punto determinado, la concatenación de circunstancias provoca un salto cualitativo en el que la materia orgánica surge de la inorgánica. La diferencia entre ambas es sólo relativa. La ciencia moderna ha avanzado bastante en el proceso de conocer exactamente cómo surge la una de la otra. La vida en sí misma consiste en átomos organizados de determinada manera. Todos nosotros somos un conjun- to de átomos, pero no “simplemente” un conjunto de átomos. En la increíblemen- te complicada organización de nuestros genes tenemos un número infinito de posibilidades. La tarea de permitir que cada individuo las desarrolle hasta su máxima expresión es la auténtica tarea del socialismo.

Los biólogos moleculares conocen ahora la secuencia completa del ADN de un organismo, pero no pueden deducir de esto cómo se dispone el organismo durante su desarrollo, de la misma manera que el conocimiento de la estructura del agua no nos da una comprensión de las cualidades de la liquidez. Un análisis de los componentes químicos y las células del cuerpo no nos da una fórmula de la vida. Lo mismo se aplica a la mente. Los neurocientíficos tienen una gran canti- dad de información de qué hace el cerebro. El cerebro humano se compone de 10.000 millones de neuronas, cada una de las cuales tiene una media de mil conexiones con otras neuronas. El ordenador más veloz es capaz de realizar alrededor de mil millones de operaciones por segundo. El cerebro de una mosca posada en una pared realiza 100.000 millones de operaciones en ese mismo tiempo. Esta comparación nos da una idea de la enorme diferencia entre el cerebro humano y el ordenador más avanzado.

La enorme complejidad del cerebro humano es una de las razones por las que los idealistas han intentado rodear de una aureola mística el fenómeno de la mente. El conocimiento de los detalles de las neuronas, axones y sinapsis individuales no es suficiente para explicar los fenómenos del pensamiento y emociones. Sin embargo, no hay en ello nada místico. En el lenguaje de la teoría de la complejidad, tanto la mente como la vida son fenómenos emergentes. En el lenguaje de la dialéctica, el salto de la cantidad a la calidad significa que el todo posee cualidades que no pueden ser deducidas de la suma de las partes ni reduci- das a ellas. Ninguna de las neuronas es consciente en sí misma, pero sí lo es la suma de las neuronas y sus interconexiones. Las redes neuronales son sistemas no lineales. La actividad compleja y las interacciones entre neuronas producen el fenómeno que llamamos consciencia.

Podemos ver lo mismo en gran número de sistemas multicomponentes en las esferas más variadas. Los estudios de la Universidad de Bath sobre las colonias de hormigas han demostrado que en la colonia aparecen comportamientos que no se ven en las hormigas individuales. Una hormiga sola, dejada a su suerte, dará vueltas sin rumbo, buscando comida y descansando a intervalos irregulares. Sin embargo, cuando pasamos a observar la colonia en su conjunto, inmediatamente se percibe que son activas a intervalos completamente regulares. Se cree que esto maximiza la efectividad de su trabajo: trabajando todas a la vez, es improbable que una hormiga repita la tarea que acaba de realizar otra. El grado de coordina- ción de una colonia de hormigas es tal, que algunos la consideran como un solo animal. Esto también es una presentación mística de un fenómeno que existe a muchos niveles de la naturaleza y en la sociedad humana y animal, y que sólo se puede entender en términos de la relación dialéctica entre el todo y las partes.

Podemos ver la aplicación de la transformación de la cantidad en calidad cuando consideramos la evolución de las especies. En términos biológicos, la especie o raza animal se define por su capacidad de entrecruzarse. Pero en la medida en que las modificaciones evolutivas alejan a un grupo del otro, llega un punto en que eso ya no es posible: se ha formado una nueva especie. Los paleontólogos Stephen Jay Gould y Niles Eldredge han demostrado que estos procesos unas veces son lentos y prolongados, y otras extremadamente rápidos. En cualquier caso, demuestran cómo una acumulación gradual de pequeños cambios en un momento dado pro- voca un cambio cualitativo. Equilibrio puntuado es el término utilizado por estos biólogos para describir los largos períodos de estabilidad interrumpidos por explosiones repentinas de cambios. Cuando Gould y Eldredge propusieron esta idea en 1972, provocaron un agrio debate entre biólogos, para los que hasta entonces la evolución darwiniana era sinónimo de gradualismo.

Durante mucho tiempo se creyó que la evolución excluía los cambios bruscos. Se había planteado como un cambio lento y gradual. Sin embargo, el registro fósil, aunque incompleto, presenta una imagen totalmente diferente, con largos períodos de evolución gradual salpicados por explosiones violentas acompañadas de extinciones masivas de algunas especies y el rápido surgimiento de otras. Sea cierto o no que los dinosaurios se extinguieron debido a la colisión de un meteorito con la Tierra, es bastante improbable que la mayoría de las grandes extinciones hayan tenido esta misma causa. Los fenómenos externos, incluidos impactos de meteoritos o cometas, pueden jugar un papel “accidental” en el proceso evolutivo, pero es necesario buscar una explicación a la evolución como resultado de sus propias leyes internas. La teoría del equilibrio puntuado (“interrumpido”), que actualmente cuenta con el apoyo de la mayoría de los paleontólogos, representa una ruptura decisiva con la vieja interpretación gradualista del darwinismo y expone una visión dialéctica de la evolución, en la que largos períodos de estabilidad se ven interrumpidos por saltos bruscos y cambios catastróficos de toda índole.

Hay un número inacabable de ejemplos de la ley de transformación de la cantidad en calidad, abarcando un amplio espectro. ¿Es posible seguir dudando, desde una óptica científica, de la validez de esta ley extremadamente importante? ¿Está justificado continuar ignorándola o descartarla como una invención subjetiva que ha sido aplicada arbitrariamente a diferentes fenómenos sin ninguna relación entre sí? Vemos cómo en la física el estudio de las transiciones de fase ha llevado a la conclusión de que cambios aparentemente sin relación —de la ebullición de los líquidos a la magnetización de los metales—, todos se rigen por las mismas reglas. Es sólo una cuestión de tiempo el que se encuentren conexiones similares que revelarán, sin lugar a dudas, que la ley de la transformación de la cantidad en calidad es una de las leyes más fundamentales de la naturaleza.

EL TODO Y LAS PARTES

Según la lógica formal, el todo es igual a la suma de las partes. Sin embargo, exa- minándolo más atentamente veremos que esto no es cierto. En el caso de los orga- nismos vivos, claramente no lo es. Un conejo troceado en un laboratorio y reducido a sus partes constituyentes, ¡deja de ser un conejo! Los defensores de las teorías del caos y de la complejidad lo han comprendido. Mientras que la física clásica, con sus sistemas lineales, aceptaba que el todo era exactamente la suma de sus partes constituyentes, la lógica no lineal de la complejidad mantiene la afirmación contraria, completamente acorde con la dialéctica:

“El todo casi siempre equivale a bastante más que la suma de sus partes constituyentes”, dice Waldrop. “Y la expresión matemática de dicha propiedad —en la medida en que semejantes sistemas pueden ser descritos matemáticamente— es una ecuación no lineal: una cuya gráfica es curvilínea”.

Ya hemos citado ejemplos de cambios químicos cualitativos utilizados por Engels en el Anti-Dühring. Aunque esos ejemplos siguen siendo válidos, no nos dan una visión completa del fenómeno. Engels estaba limitado por el conoci- miento científico de su tiempo. Actualmente es posible llegar mucho más lejos. La teoría atómica clásica de la química parte de la idea de que cualquier combinación de átomos en una unidad más grande sólo puede ser un agregado de esos átomos, es decir, una relación puramente cuantitativa. La unión de átomos en moléculas era vista como una simple yuxtaposición. Las fórmulas químicas, como H2O o H2SO4, presuponen que cada uno de esos átomos sigue siendo básicamente el mismo, incluso cuando se combinan para formar una molécula.

Esto reflejaba precisamente la manera de pensar de la lógica formal, que plantea que el todo es la mera suma de las partes. Dado que el peso molecular es igual a la suma de los pesos de los átomos respectivos, se daba por supuesto que los áto- mos seguían siendo los mismos, habiendo entrado en una relación puramente cuantitativa. Sin embargo, muchas de las propiedades del compuesto no se pueden explicar así. De hecho, muchas de las propiedades químicas de los compues- tos difieren considerablemente de las de los elementos que los componen. El llamado “principio de yuxtaposición” no explica estos cambios. Es unilateral, inadecuado; en una palabra, incorrecto.

La teoría atómica moderna ha demostrado la incorrección de esta idea. Aun- que acepta que las estructuras complejas se pueden explicar en términos de agregados de factores más elementales, ha demostrado que las relaciones entre estos elementos no son simplemente indiferentes y cuantitativas, sino dinámicas y dialécticas. Las partículas elementales que forman los átomos están en constante interacción, pasando de ser una cosa a otra. No son constantes fijas, sino que en cada momento y al mismo tiempo son ellas mismas y otra cosa. Estas relaciones dinámicas son precisamente las que dan a las moléculas resultantes su naturaleza, propiedades e identidad específicas.

En su nueva combinación, los átomos son y no son ellos mismos. Se combinan de forma dinámica, produciendo una entidad totalmente diferente, una relación diferente que, a su vez, determina el comportamiento de las partes componentes. No estamos tratando simplemente de una yuxtaposición inanimada, de un agregado mecánico, sino de un proceso. Por lo tanto, para comprender la naturaleza de una entidad es totalmente insuficiente reducirla a sus componentes atómicos indi- viduales. Es necesario entender sus interrelaciones dinámicas, es decir, llegar a un análisis dialéctico, no formal.

David Bohm fue uno de los pocos que elaboró una alternativa teórica a la sub- jetivista “interpretación de Copenhague” de la mecánica cuántica. El análisis de Bohm, claramente influido por el método dialéctico, defiende un replanteamiento radical de la mecánica cuántica y un nuevo punto de vista de la relación entre el todo y las partes. Plantea que la interpretación corriente de la mecánica cuántica no da una idea precisa del alcance de la revolución que supuso en la física moderna.

“De hecho”, dice Bohm, “cuando se extiende esta interpretación a las teorías de los campos, no sólo las interrelaciones de las partes, sino también su existencia surge de la ley del conjunto. Por lo tanto no queda nada del esquema clásico, en el que el todo se deriva de las partes preexistentes relacionadas de maneras pre- determinadas. Más bien, lo que tenemos es algo que recuerda a la relación del todo y las partes de un organismo, en el que cada órgano crece y se sostiene de una manera que depende crucialmente del conjunto”.

Una molécula de azúcar se puede dividir en los átomos individuales que la constituyen, pero entonces deja de ser azúcar. Una molécula no se puede reducir a sus partes componentes sin perder su identidad. Este es precisamente el problema cuando intentamos tratar un fenómeno complejo desde un punto de vista puramente cuantitativo. La simplificación resultante de no tener en cuenta el aspecto cualitativo nos lleva a una visión unilateral y distorsionada del mundo real. Es precisamente la calidad la que nos permite distinguir una cosa de otra. La calidad es la base de toda nuestra comprensión del mundo porque expresa la naturaleza fundamental de todas las cosas, mostrando las fronteras críticas que existen en la realidad material. El punto exacto en el que pequeños cambios de grado dan lugar a cambios de estado es uno de los problemas fundamentales de la ciencia. Es una cuestión que ocupa un lugar central en el materialismo dialéctico.

ORGANISMOS COMPLEJOS

La vida surgió del salto cualitativo de la materia inorgánica a la orgánica. La explicación de los procesos que provocaron ese salto constituye uno de los problemas más emocionantes e importantes de la ciencia actual. Los avances de la química, analizando detalladamente las estructuras de moléculas complejas, prediciendo con gran precisión su comportamiento e identificando el papel de moléculas concretas en sistemas vivos, prepararon el camino para el surgimiento de nuevas ciencias, la bioquímica y la biofísica, que se ocupan respectivamente de las reacciones químicas en los organismos vivos y las implicaciones de los fenómenos físicos en los procesos vivos. Éstas a su vez se han unido en la biología molecular, que ha experimentado sus avances más sorprendentes en los últimos años.

De esta manera, las viejas divisiones fijas que separaban la materia orgánica de la inorgánica han sido completamente abolidas. En otros tiempos los químicos establecieron una distinción rígida entre las dos. Gradualmente se fue com- prendiendo que las mismas leyes químicas se aplican a moléculas orgánicas e inorgánicas. Todas las sustancias que contienen carbono (con la posible excep- ción de unos pocos compuestos simples, como el dióxido de carbono) se definen como orgánicas. El resto son inorgánicas. Sólo los átomos de carbono pueden formar largas cadenas, posibilitando de esta manera una infinita variedad de moléculas complejas.

Los químicos del siglo XIX analizaron las propiedades de las albúminas (del latín albumen, “clara de huevo”). A partir de eso se descubrió que la vida dependía de proteínas, grandes moléculas compuestas de aminoácidos. A principios del siglo XX, cuando Planck estaba revolucionando la física, Emil Fischer estaba intentando unir aminoácidos en cadenas de tal manera que el grupo carboxílico de un aminoácido siempre estaba vinculado al grupo amino del siguiente. Hacia 1907 ya había conseguido sintetizar una cadena de dieciocho aminoácidos. Fischer llamó a estas cadenas péptidos (del griego pepton, “para digerir”), ya que pensaba que las proteínas se rompían en cadenas de este tipo en el proceso de la diges- tión. Esta teoría fue finalmente demostrada por Max Bergmann en 1932.

Estas cadenas todavía eran demasiado simples como para producir las complejas cadenas polipeptídicas necesarias para crear proteínas. Es más, la tarea de descifrar la estructura de una molécula proteínica era increíblemente difícil. Las propiedades de cada proteína dependen de la relación exacta de aminoácidos en la cadena molecular. También aquí la cantidad determina la calidad. Esto planteaba un problema aparentemente insuperable para los bioquímicos, dado que el número de combinaciones posibles para diecinueve aminoácidos en una cadena se acerca a 120.000 billones. Por lo tanto, una proteína del tamaño del sérum albúmina, compuesta por más de 500 aminoácidos, tiene un número de combinaciones posibles de 10600, es decir, un 1 seguido de seiscientos ceros. En 1953, el bio- químico británico Frederick Sanger estableció por primera vez la estructura com- pleta de una proteína clave, la insulina. Utilizando el mismo método, otros científicos consiguieron descifrar la estructura de toda una serie de proteínas. Más adelante, consiguieron sintetizar proteínas en laboratorio. Actualmente es posible sintetizar gran cantidad de ellas, incluidas algunas tan complejas como la hormona del crecimiento humano, constituida por una cadena de 188 aminoácidos.

La vida es un sistema complejo de interacciones e implica gran cantidad de reacciones químicas que se producen continua y rápidamente. Cada reacción en el corazón, la sangre, el sistema nervioso, los huesos y el cerebro interacciona con todas las demás partes del cuerpo. El funcionamiento del organismo vivo más pequeño es mucho más complejo que el ordenador más avanzado, permitiendo movimientos rápidos, reacciones inmediatas al mínimo cambio en el entorno, ajustes constantes a las condiciones cambiantes, internas y externas. Aquí, incluso con más énfasis, el todo es más que la suma de las partes. Cada parte del cuerpo, cada reacción muscular y nerviosa, depende de todo lo demás. Aquí tenemos una relación dinámica y compleja, en otras palabras, dialéctica, que por sí sola es capaz de crear y mantener el fenómeno que conocemos con el nombre de vida.

El proceso del metabolismo significa que en cada momento determinado el organismo vivo está constantemente cambiando, absorbiendo oxígeno, agua, comida (hidratos de carbono, grasas, proteínas, minerales y otras materias primas), anulándolos a través de su transformación en materiales necesarios para mantener y desarrollar la vida, y excretando los productos desechables. La relación dialéctica entre el todo y las partes se manifiesta en los diferentes niveles de complejidad de la naturaleza, que tienen su reflejo en las diferentes ramas de la ciencia.

a) Las interacciones atómicas y las leyes de la química determinan las leyes de la bioquímica, pero la vida en sí es cualitativamente diferente.

b) Las leyes de la bioquímica “explican” todos los procesos de la interacción humana con el entorno. Sin embargo, la actividad humana y el pensamiento son cualitativamente diferentes a los procesos biológicos que la constituyen.

c) Cada persona individual, a su vez, es el producto de su desarrollo físico y ambiental. Sin embargo, las interacciones complejas de la suma total de individuos que conforman la sociedad también son cualitativamente diferentes.

En cada uno de estos casos, el todo es mayor que la suma de las partes y obedece a leyes diferentes.

En última instancia, toda la existencia y actividad humanas se basa en las leyes del movimiento de los átomos. Nosotros somos parte del universo material, que es un todo continuo que se rige por sus propias leyes inherentes. Sin embargo, cuando pasamos de a) a c), realizamos toda una serie de saltos cuali- tativos y debemos operar con leyes diferentes a “niveles” diferentes; c) se basa en b), y b) se basa en a). Pero nadie en su sano juicio intentaría explicar los complejos movimientos de la sociedad humana en términos de fuerzas atómicas. Por la misma razón, es absolutamente fútil reducir el problema del crimen a las leyes de la genética.

Un ejército no es simplemente la suma total de sus soldados individuales. El mero hecho de combinarse en una fuerza masiva organizada militarmente transforma al soldado individual, tanto física como moralmente. Mientras mantenga su cohesión, un ejército representa una fuerza formidable. Esto no es sólo una cuestión numérica. Napoleón era plenamente consciente de la importancia de la moral en la guerra. Como parte de una fuerza combatiente numerosa y disciplinada, el soldado individual se transforma, siendo capaz de llevar a cabo actos de heroísmo y sacrificio en situaciones de extremo peligro, que en condiciones normales, como individuo aislado, ni siquiera podría imaginar. Y sin embargo es la misma perso- na que antes. En el momento en que la cohesión del ejército se rompe bajo el impacto de una derrota, el todo se disuelve en sus “átomos” individuales, y el ejército se convierte en una chusma desmoralizada.

Engels estaba muy interesado en táctica militar, por lo que las hijas de Marx le pusieron el mote de El General. Siguió de cerca el desarrollo de la guerra civil norteamericana y de la guerra de Crimea, sobre las que escribió muchos artículos. En Anti-Dühring, demuestra cómo la ley de la cantidad y la calidad tiene aplicación en la táctica militar:

“Para terminar, vamos a apelar a otro testimonio más de la mutación de cantidad en calidad, a saber, Napoleón. Este describe el combate de la caballería francesa, de jinetes malos pero disciplinados, contra los mamelucos, indiscutiblemente la mejor caballería de la época en el combate individual, pero también indisciplinada: ‘Dos mamelucos eran sin discusión superiores a tres franceses; cien mamelucos equivalían a cien franceses; trescientos franceses eran en general superiores a trescientos mamelucos, y mil franceses aplastaban siempre a mil qui- nientos mamelucos’.

“Igual que en Marx una determinada magnitud mínima variable de la suma de valor de cambio era necesaria para posibilitar su transformación en capital, así también es, según Napoleón, necesaria una determinada dimensión mínima de la sección de caballería para permitir a la fuerza de la disciplina, que reside en el orden cerrado y la aplicación según un plan, manifestarse y llegar hasta la supe- rioridad incluso sobre masas mayores de caballería irregular, mejor montadas y de mejores jinetes y guerreros, y por lo menos del mismo valor personal”.

EL PROCESO MOLECULAR DE LA REVOLUCIÓN

El proceso de una reacción química implica cruzar una barrera decisiva, conocida como estado de transición. En este punto, antes de que los reactivos se conviertan en productos, no son ni una cosa ni la otra. Algunos de los viejos vínculos se están rompiendo y otros nuevos se están formando. La energía necesaria para sobrepasar este punto crítico se conoce como energía de Gibbs. Para que una molécula pueda reaccionar, necesita una cierta cantidad de energía, que en un punto determinado la lleva a un estado de transición. A temperaturas normales, sólo una pequeña fracción de las moléculas que reaccionan tiene suficiente energía. A temperaturas mayores, más moléculas tendrán esa energía. Por eso el calor es uno de los medios de acelerar una reacción química. También se puede acelerar con un catalizador, de amplio uso en la industria. Sin catalizadores, muchos procesos, aunque seguirían dándose, lo harían tan lentamente que serían antieconómicos. El catalizador no cambia la composición de las sustancias implicadas ni altera la energía de Gibbs de los reactivos, pero puede facilitar el camino entre ambos.

Hay ciertas analogías entre este fenómeno y el papel del individuo en la historia. Es una distorsión bastante común el pensar que el marxismo no deja lugar para el individuo a la hora de moldear su propio destino. Según esta caricatura, la concepción materialista de la historia lo reduce todo a “las fuerzas productivas”. Los seres humanos son vistos como meros agentes ciegos de las fuerzas económicas, marionetas danzando al son de la inevitabilidad histórica. Este punto de vista mecanicista del proceso histórico (determinismo económico) no tiene nada que ver con la filosofía dialéctica del marxismo.

El materialismo histórico parte de la proposición elemental de que los hom- bres y las mujeres hacen su propia historia. Pero, al contrario que la concepción idealista de los seres humanos como agentes absolutamente libres, el marxismo explica que están limitados por las condiciones materiales reales de la sociedad en que nacieron. Estas condiciones están moldeadas fundamentalmente por el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, que es, en última instancia, la base sobre la que descansan la cultura, la política y la religión humanas. Sin embargo, estas cosas no están determinadas directamente por el desarrollo económico, sino que pueden tener, y de hecho tienen, una vida propia. Las relaciones extremadamente complejas entre todos estos factores tienen un carácter dialéctico, no mecánico. Las personas no escogen las condiciones en que nacen, les vienen dadas. Tampoco es posible, como se imaginan los idealistas, que los individuos impongan su voluntad sobre la sociedad debido simplemente a la grandeza de su intelecto o a la fuerza de su carácter. La teoría según la cual la his- toria la hacen los “grandes hombres” es un cuento de hadas para entretener a niños de cinco años. Tiene más o menos el mismo valor científico que la “teoría conspiratoria” de la historia, que atribuye las revoluciones a la maligna influencia de “agitadores”.

Todo obrero sabe que las huelgas las provocan las malas condiciones laborales y salariales, no los “agitadores”. Las huelgas, contrariamente a la impresión que quieren transmitir algunos periódicos sensacionalistas, no son hechos normales. Una fábrica puede estar durante años en un estado de calma aparente. Puede ser que los trabajadores no reaccionen incluso cuando sus condiciones salariales y de trabajo son atacadas. Esto es especialmente verdad en condiciones de paro masivo o cuando los dirigentes sindicales no se ponen al frente de la lucha. Esta indiferencia aparente de la mayoría frecuentemente desmoraliza a la minoría de activistas. Sacan la conclusión equivocada de que el resto de los trabajadores son “atrasados” y nunca van a hacer nada. Pero, por debajo de la superficie de tranquilidad aparente, se están produciendo cambios. Mil pequeños incidentes, injusticias, agravios, ofensas, van dejando gradualmente su poso en la conciencia de los trabajadores. Trotsky describió apropiadamente este proceso como “el proceso molecular de la revolución”. Es el equivalente a la energía de Gibbs en una reacción química.

Tanto en la química como en la vida real, los procesos moleculares tardan su tiempo. Ningún químico se quejaría nunca de que la reacción esperada estuviese tardando demasiado, especialmente si no se dan las condiciones para una reacción rápida. Pero en un momento dado se alcanza el estado de transición química. Lle- gados a ese punto, la presencia de un catalizador es de gran ayuda a la hora de lle- var el proceso a un desenlace exitoso del modo más rápido y económico. De la misma manera, en un momento dado, el descontento acumulado en la fábrica explota. La situación cambia radicalmente en veinticuatro horas. Si los activistas no están preparados, si se han dejado decepcionar por el ambiente superficial, el movimiento les pillará con la guardia baja.

Más pronto o más tarde, las cosas se transforman dialécticamente en su contrario. En palabras de la Biblia, “los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros”. Lo hemos visto muchas veces, especialmente en la historia de las grandes revoluciones. Capas de trabajadores previamente atrasadas y pasivas pueden pasar de golpe a la primera línea de fuego. La conciencia se desarrolla mediante saltos bruscos y repentinos. Esto se puede ver en cualquier huelga. Y en cada huelga podemos ver elementos de una revolución, aunque en estado embrio- nario, no desarrollado. En este tipo de situaciones, la presencia de una minoría consciente y audaz puede jugar un papel similar al de un catalizador en una reac- ción química. En algunas circunstancias, incluso un solo individuo puede ser absolutamente decisivo.

En noviembre de 1917, el destino de la revolución rusa estuvo determinado en última instancia por el papel de dos hombres, Lenin y Trotsky. No hay duda de que sin ellos la revolución hubiese sido derrotada. Los demás dirigentes (Zinó- viev, Kámenev, Stalin) capitularon bajo la presión ideológica de clases ajenas. Aquí no se trata de “fuerzas históricas” en abstracto, sino del grado concreto de preparación, previsión, coraje personal y habilidad de los dirigentes. Después de todo, estamos hablando de una lucha de fuerzas vivas, no de una simple ecuación matemática.

¿Quiere esto decir que la interpretación idealista de la historia es correcta? ¿Lo deciden todo los grandes hombres? Dejemos que los hechos hablen por sí mismos. Durante los veinticinco años anteriores a 1917, Lenin y Trotsky pasaron la mayor parte del tiempo más o menos aislados de las masas, casi siempre trabajando con grupos muy reducidos de personas. ¿Por qué, por ejemplo, no pudieron tener el mismo decisivo papel en 1916? ¿O en 1890? Porque no se daban las condiciones objetivas. De la misma manera, un activista sindical que estuviese llamando continuamente a la huelga cuando no hubiera un ambiente propicio para la lucha acabaría por ser el hazmerreír de la fábrica. Igualmente, cuando la revolución quedó aislada en condiciones de atraso económico extremo y la correlación de fuerzas entre las clases había cambiado, ni Lenin ni Trotsky pudieron evitar el auge de la contrarrevolución burocrática, encabezada por un hombre, Stalin, que era, en todos los sentidos, inferior a ellos. Aquí podemos ver la relación dialéctica entre los factores subjetivo y objetivo en la historia.

UNIDAD Y LUCHA DE CONTRARIOS

Miremos donde miremos en la naturaleza, podemos ver la coexistencia dinámica de tendencias opuestas. Esta tensión creativa es la que da vida y movimiento. Heráclito lo comprendió hace 2.500 años. Incluso está presente de forma embrionaria en ciertas religiones orientales, como la idea del yin y el yang en China, y en el budismo. Aquí la dialéctica aparece de una forma mistificada, pero sin embargo representa una intuición del funcionamiento de la naturaleza. La religión hindú contiene el germen de una idea dialéctica cuando plantea tres fases: de cre- ación (Brahma), mantenimiento u orden (Visnú) y destrucción o desorden (Shiva). En su interesante libro sobre las matemáticas del caos, Ian Stewart señala que la diferencia entre los dioses Shiva “el Indómito” y Visnú no es el antagonismo entre el bien y el mal, sino que los dos principios de armonía y discordia juntos son la base de toda existencia.

“De la misma forma”, escribe, “los matemáticos empiezan a ver el orden y el caos como dos manifestaciones diferentes de un determinismo subyacente. Y ninguna de las dos cosas existe aislada. El sistema típico puede existir en una variedad de estados, algunos ordenados, otros caóticos. En vez de dos polos opuestos hay un espectro continuo, de la misma manera que la armonía y la disonancia se combinan en la belleza de la música, el orden y el caos se combinan en la belleza matemática”.

En Heráclito todo esto estaba en forma de inspirada intuición. Ahora esta hipótesis ha sido confirmada por una enorme cantidad de ejemplos. La unidad de contrarios está presente en el corazón del átomo, y todo el universo está formado por moléculas, átomos y partículas subatómicas. La cuestión fue claramente planteada por el físico norteamericano R. P. Feynman: “Todas las cosas, aun nosotros mismos, están hechas de partes positivas y negativas finamente granuladas que inte- ractúan de manera enormemente fuerte, todas perfectamente compensadas”.

La pregunta es: ¿cómo puede ser que un más y un menos estén “perfectamen- te compensados”? ¡Esta es una idea contradictoria! En matemáticas elementales, un más y un menos no se “compensan”, sino que se anulan recíprocamente. La física moderna ha sacado a la luz las tremendas fuerzas que residen en el interior del átomo. ¿Por qué las fuerzas contradictorias de electrones y protones no se can- celan unas a otras? ¿Por qué el átomo no se desintegra? La explicación actual hace referencia a la “fuerza nuclear fuerte” que mantiene el átomo unido. Pero el hecho es que la unidad de contrarios sigue estando en la base de toda realidad.

Dentro del núcleo de un átomo hay dos fuerzas opuestas: atracción y repulsión. Por un lado, hay repulsiones eléctricas que, si no fuesen frenadas, harían pedazos el núcleo. Por otra parte, hay fuerzas de atracción muy potentes que mantienen unidas a las partículas nucleares. Sin embargo, esta fuerza de atracción tiene sus límites, más allá de los cuales es incapaz de mantenerlo unido. Las fuerzas de atracción, a diferencia de las de repulsión, son de corto alcance. En un núcleo pequeño pueden controlar a las fuerzas disgregadoras, pero en un núcleo grande no les resulta tan fácil.

Más allá de cierto punto crítico, los lazos se rompen y tiene lugar un salto cualitativo, como una gota de agua demasiado grande que está al borde de la ruptura. Cuando se añade un neutrón de más al núcleo, la tendencia a romperse aumenta rápidamente. El núcleo se rompe formando dos núcleos más pequeños, que se separan violentamente liberando una enorme cantidad de energía. Esto es lo que sucede en la fisión nuclear. Podemos ver procesos similares en muchos otros ejemplos de la naturaleza. Tomemos la caída de gotas de agua sobre una superficie lisa. Se romperán en un complejo esquema de gotitas. Esto se debe a que entran en juego dos fuerzas opuestas: la gravedad, que intenta extender el agua en una fina película sobre toda la superficie, y la tensión superficial, la atracción de una gota de agua sobre otra, que intenta mantener el líquido unido, formando glóbulos compactos.

La naturaleza parece funcionar por pares. Tenemos las interacciones fuerte y débil en el nivel subatómico; atracción y repulsión; norte y sur en el magnetismo; positivo y negativo en electricidad; materia y antimateria; masculino y femenino en biología; pares y nones en matemáticas; incluso los conceptos de “hacia la derecha” y “hacia la izquierda” en el espín de los electrones. Hay una cierta simetría, en la que tendencias contradictorias, por citar a Feynman, “están com- pensadas”, o, por utilizar la expresión más poética de Heráclito, “están de acuerdo en la diferencia, como las tensiones opuestas de las cuerdas y el arco de un instrumento musical”. Hay dos tipos de materia, que pueden denominarse materia positiva y negativa. Los iguales se repelen y los contrarios se atraen.

POSITIVO Y NEGATIVO

En realidad, el positivo no tiene sentido sin el negativo. Son necesariamente in- separables. Hegel explicó hace tiempo que el “ser puro” (sin ningún tipo de contradicción) es lo mismo que la nada pura, es decir, una abstracción vacía. De la misma manera, si todo fuese blanco, para nosotros sería lo mismo que si todo fuera negro. En el mundo real todo contiene positivo y negativo, ser y no ser, por- que todo está en movimiento y cambio constantes. Por cierto, las matemáticas demuestran que cero no es igual a nada.

“El cero”, escribe Engels, “no carece de contenido porque sea la negación de una cantidad definida. Por el contrario, posee un contenido muy definido. Como línea divisoria entre todas las magnitudes positivas y negativas, como único número en verdad neutral, que no puede ser negativo ni positivo, no sólo es un número muy definido, sino, además, por sí mismo, tiene más importancia que todos los otros números unidos por él. En verdad, el cero es más rico en conte- nido que cualquier otro número. Colocado a la derecha de cualquier otro, otorga a éste, en nuestro sistema de números, un valor décuplo. En lugar de cero puede usarse aquí cualquier otro signo, pero sólo a condición de que dicho signo, toma- do por sí mismo, signifique cero, = 0. De ahí que forme parte de la naturaleza del cero mismo el hecho de que encuentre esta aplicación, y que sólo él pueda aplicarse de esa manera. El cero anula todos los otros números con los cuales se lo multiplica; unido a cualquier otro número como divisor o dividendo, en el primer caso lo vuelve infinitamente grande, en el segundo infinitamente pequeño; es el único número que se encuentra en relación de infinito con cualquier otro núme- ro. 0/0 puede expresar cualquier número entre –∞ y +∞ y en cada caso represen- ta una magnitud real”.

Es más, todo está en constante relación con otras cosas. Incluso a través de grandes distancias estamos afectados por la luz, la radiación, la gravedad… Aun- que nuestros sentidos no lo detecten, existe un proceso constante de interacción que causa una serie de cambios continuos. La luz ultravioleta puede “evaporar” electrones de superficies metálicas de manera parecida a cómo los rayos solares evaporan agua de la superficie del océano. Banesh Hoffmann escribe: “Es un pen- samiento extraño y sorprendente que tú y yo estemos involucrados de esta manera en un proceso de intercambio rítmico de partículas los unos con los otros, y con la Tierra y con los animales de la Tierra, con el Sol, la Luna y las estrellas, hasta la galaxia más remota”36.

La ecuación de Dirac de la energía de un electrón individual implica dos res- puestas, una positiva y otra negativa. Es similar a la raíz cuadrada de un número, que puede ser tanto positiva como negativa. Aquí, sin embargo, la respuesta negativa implica una idea contradictoria: energía negativa. Esto parece ser un concepto absurdo desde el punto de vista de la lógica formal. En la medida en que masa y energía son equivalentes, energía negativa implica masa negativa. El propio Dirac estaba inquieto por las implicaciones de su teoría. Se vio obligado a predecir la existencia de partículas que serían idénticas al electrón pero con carga eléctrica positiva, algo de lo que no se había oído hablar previamente.

El 2 de agosto de 1932, Robert Millikan y Carl D. Anderson, del Instituto Californiano de Tecnología, descubrieron una partícula cuya masa era claramente la de un electrón pero que se movía en dirección contraria. No era ni un electrón, ni un protón, ni un neutrón. Anderson la describió como “electrón positivo” o positrón. Este era el nuevo tipo de materia —antimateria— predicha por las ecua- ciones de Dirac. Más adelante se descubrió que los electrones y positrones, cuando se encuentran, se eliminan mutuamente, produciendo dos fotones (dos estalli- dos de luz). De la misma manera, cuando un fotón atraviesa la materia puede dividirse formando un electrón virtual y un positrón.

Este fenómeno de oposición existe en física, donde, por ejemplo, cada partícula tiene su antipartícula: electrón y positrón, protón y antiprotón, etc. No son meramente diferentes, sino opuestas en el sentido más literal de la palabra, ya que son idénticas en todo excepto en una cosa: tienen cargas eléctricas opuestas. Por cierto, no importa cuál es la positiva y cuál la negativa, lo importante es la relación entre ambas.

Cada partícula tiene una cualidad denominada espín, expresada con un más o un menos, dependiendo de su dirección. Aunque pueda parecer extraño, el fenómeno opuesto de “hacia la derecha” o “hacia la izquierda”, que juega un papel decisivo en biología, también tiene su equivalente en el nivel subatómico. Las partículas y las ondas se contradicen unas a otras. El físico danés Niels Bohr se refirió a ello, bastante confusamente, como “conceptos complementarios”, con lo cual quería decir que se excluían mutuamente.

Las investigaciones más recientes sobre física de partículas están clarificando el nivel más profundo de la materia descubierto hasta el momento, los quarks. Estas partículas también tienen “cualidades” opuestas que no son comparables con las formas normales, obligando a los físicos a crear nuevas cualidades artificiales para poder describirlas. Así, tenemos los quarks up (arriba), los down (abajo), los charm (encanto), los strange (extraño), etc. Aunque todavía hay que explorar a fondo las cualidades de los quarks, una cosa está clara: la propiedad de la oposición existe en los niveles más fundamentales conocidos por la ciencia hasta el momento.

En realidad, este concepto universal de la unidad de contrarios es la fuerza motriz de todo desarrollo y movimiento en la naturaleza. Es la razón por la cual no es necesario introducir el factor del impulso externo para explicar el movimiento y el cambio (la debilidad fundamental de todas las teorías mecanicistas). El movimiento, que en sí mismo implica una contradicción, sólo es posible como resultado de las tendencias en conflicto y las tensiones internas que residen en el corazón de todas las formas de la materia.

Pueden existir tendencias opuestas en un estado de equilibrio inestable durante largos períodos de tiempo, hasta que algún cambio, incluso un pequeño cambio cuantitativo, destruye el equilibrio, dando paso a un estado crítico que puede provocar una transformación cualitativa. En 1936, Bohr comparó la estructura del núcleo a la de una gota de un líquido, por ejemplo, una gota de lluvia balanceándose en una hoja. La fuerza de la gravedad lucha contra la tensión superficial que mantiene unidas las moléculas de agua. La adición de sólo unas pocas moléculas más al líquido lo hace inestable. La gota, de mayor tamaño, empieza a estremecerse, la tensión superficial ya no puede mantener la masa en la hoja, y todo se precipita.

FISIÓN NUCLEAR

Se puede trazar una analogía bastante exacta entre este ejemplo, aparentemente simple, que se puede observar miles de veces en la vida cotidiana, con los procesos de la fisión nuclear. El propio núcleo no está en descanso, sino en constante cambio. En una mil billonésima fracción de segundo se producen miles de millones de colisiones aleatorias de partículas. Constantemente están entrando y saliendo partículas del núcleo. Sin embargo, el núcleo se mantiene unido gracias a lo que a menudo se describe como la fuerza nuclear o interacción fuerte. Se mantiene en un estado de equilibrio inestable, “al borde del caos”, en la expresión de la teoría del caos.

MATERIALISMO DIALÉCTICO

Como en una gota de líquido que se estremece en la medida en que las mo- léculas se mueven en su interior, las partículas están constantemente moviéndose, transformándose, intercambiando energía. Y como en una gota que ha aumentado de tamaño, el vínculo entre las partículas de un núcleo más grande es menos estable, y es más probable que se rompa. La constante liberación de partículas alfa de la superficie del átomo reduce su tamaño y lo hace más firme. Como resultado puede pasar a ser estable. Pero se descubrió que bombardeando un núcleo grande con neutrones se puede provocar su estallido, liberando parte de la enorme cantidad de energía encerrada en el átomo. Este es el proceso de fisión nuclear. Este proceso puede tener lugar incluso sin el concurso de partículas del exterior. La fisión espontánea (desintegración radiactiva) está produciéndose en todo momento. En un segundo, en una libra de uranio se producen cuatro fisiones espontáne- as y unos ocho millones de núcleos emiten partículas alfa. Cuanto más pesado es el núcleo, más probable es el proceso de fisión.

En el mismo corazón de la vida se encuentra la unidad de contrarios. Cuando se descubrieron los espermatozoos, se creyó que eran homunculae, seres humanos perfectamente formados en miniatura, que —como Topsy en La cabaña del Tío Tom— simplemente crecían. En realidad el proceso es mucho más complejo y dialéctico. La reproducción sexual depende de la combinación de un solo esper- matozoide y un óvulo en un proceso en el que ambos son destruidos y preservados al mismo tiempo, transmitiendo toda la información genética necesaria para la creación de un embrión. Después de pasar por toda una serie de transformaciones que guardan una sorprendente similitud con la evolución de toda la vida desde la división de la célula, el resultado final es un individuo totalmente nuevo. Es más, el resultado de esta unión contiene los genes de ambos progenitores, pero de tal forma que es diferente de ambos. Lo que tenemos aquí no es una simple reproducción, sino un desarrollo real. La creciente variedad que esto permite es una de las grandes ventajas de la reproducción sexual.

Encontramos contradicciones a todos los niveles de la naturaleza, y presagian infortunio para aquellos que traten de negarlas. Un electrón no sólo puede estar en dos o más sitios a la vez, también se puede mover simultáneamente en diferentes direcciones. Así que, por desgracia, no nos queda más remedio que afirmar con Hegel: son y no son. Las cosas se transforman en su contrario. Electrones con carga negativa se transforman en positrones de carga positiva. Un electrón que se une a un protón no se destruye, como cabría esperar, sino que produce una nueva partícula, un neutrón, que no posee carga.

Las leyes de la lógica formal han sufrido una derrota aplastante en el campo de la física moderna, en el que han demostrado ser totalmente incapaces de tratar los procesos dialécticos que se dan en el nivel subatómico. Partículas que se desintegran tan rápidamente que es difícil decir si existen o no plantean un pro- blema irresoluble para un sistema que intenta prohibir toda contradicción en la naturaleza y el pensamiento. Esto lleva inmediatamente a nuevas contradicciones también insolubles. El pensamiento se encuentra en oposición a hechos establecidos y repetidamente confirmados mediante experimentos y observaciones. El uni- verso, por medio de un proceso incesante, se hace y rehace una y otra vez. No hay, pues, necesidad de ninguna fuerza externa ni de un “primer impulso”, como en la física clásica. No hay necesidad de nada en absoluto, excepto del movimiento infinito e incesante de la materia según sus propias leyes objetivas.

¿POLOS OPUESTOS?

La polaridad es una característica recurrente en la naturaleza. No sólo existe en los polos norte y sur de la Tierra, podemos encontrarla en el resto de los planetas, el Sol y la Luna. También existe en el nivel subatómico, donde los núcleos se comportan precisamente como si tuvieran no uno, sino dos pares de polos magnéticos.

“La dialéctica”, escribió Engels, “demostró, con los resultados obtenidos hasta ahora de nuestra experiencia de la naturaleza, que todas las fuerzas polares en general las determinan la acción mutua de los dos polos opuestos; que la se- paración y oposición de éstos existen sólo dentro de su conexión y unión mutuas, y, a la inversa, que su unión sólo existe en su separación, y su conexión sólo en su oposición. Una vez establecido esto, ya no es posible hablar de una anulación final de la repulsión y la atracción, o de una división final entre una forma de movimiento en una mitad de la materia y la otra forma en la otra mitad; en consecuencia, no puede hablarse de penetración mutua o de separación absoluta de los dos polos. Ello equivaldría a exigir, en el primer caso, que los polos norte y sur de un imán se anularan entre sí, o, en el segundo, que la división de un imán por el medio entre los dos polos, produzca por un lado una mitad norte sin polo sur, y por el otro una mitad sur sin polo norte”.

La gente considera que algunas cosas son contrarios absolutos e inmutables. Por ejemplo, cuando queremos expresar la noción de extrema incompatibilidad, utilizamos el término de “polos opuestos” —tomamos el norte y el sur como fenó- menos totalmente fijos y opuestos—. Durante más de mil años, los marineros han depositado su fe en la brújula, que les ha guiado a través de océanos desconocidos señalando siempre hacia ese punto misterioso llamado polo norte. Pero si lo analizamos más de cerca, veremos que el polo norte no es ni fijo ni estable. La Tierra está rodeada de un poderoso campo magnético (un eje bipolar geocéntrico), como si un enorme imán situado en el centro de la Tierra estuviese alineado para- lelamente al eje terrestre. Esto está relacionado con la composición metálica del núcleo de la Tierra, que está formado principalmente de hierro. En los 4.600 millones de años transcurridos desde que se formó el sistema solar, las rocas terrestres se han formado y vuelto a formar muchas veces. Y no sólo las rocas, también todo lo demás. Se ha comprobado más allá de toda duda, mediante investigaciones y mediciones cuidadosas, que los polos magnéticos están cambiando continuamente. En la actualidad se mueven muy lentamente, 0’3 grados cada millón de años. Este fenómeno es el reflejo de los cambios complejos que se dan en la Tierra, la atmósfera y el campo magnético solar.

Esta variación es tan pequeña que durante siglos no se detecta. Sin embargo, incluso este proceso imperceptible de cambio da lugar a un salto brusco y espectacular, en el que el polo norte pasa a ser el polo sur y viceversa. Los cambios en la posición de los polos van acompañados de fluctuaciones en la potencia del propio campo magnético. Este proceso gradual, caracterizado por un debilitamiento del campo magnético, culmina en un salto cualitativo en el que los polos se invierten, cambian sus posiciones convirtiéndose literalmente el uno en el otro. Después de esto, el campo empieza a recuperarse y a acumular fuerza de nuevo.

Este cambio revolucionario ha tenido lugar muchas veces durante la historia de la Tierra. Se calcula que se han producido más de doscientos cambios polares de este tipo en los últimos 65 millones de años, y por lo menos unos cuatro en los últimos cuatro millones de años. De hecho, hace 700.000 años, el polo norte magnético estaba situado en algún lugar de la Antártida, el actual polo sur geográ- fico. Actualmente estamos en un proceso de debilitamiento del campo magnético terrestre, que inevitablemente culminará en una nueva inversión. Del estudio de la historia magnética de la Tierra se ocupa una rama totalmente nueva de la ciencia, el paleomagnetismo, que trata de construir mapas de todas las inversiones de los polos en la historia de nuestro planeta.

Los descubrimientos del paleomagnetismo han aportado pruebas concluyen- tes de la corrección de la teoría de la deriva continental. Cuando las rocas (especialmente las volcánicas) crean minerales ricos en hierro, éstos responden al campo magnético terrestre existente en ese momento de la misma manera que un trozo de hierro reacciona ante un imán, de tal suerte que sus átomos se orientan alineándose según el eje del campo. En realidad se comportan como una brújula. Comparando las orientaciones de los minerales en rocas de la misma era de diferentes continentes, es posible trazar los movimientos de las masas continentales, incluidas las que ya no existen o de las que sólo quedan unos pocos vestigios.

La inversión de los polos es uno de los ejemplos más gráficos de la ley dialéctica de la unidad y lucha de contrarios. Norte y sur, polos opuestos en el sentido más literal de la palabra, no sólo están inseparablemente unidos, sino que están determinados el uno por el otro mediante un proceso complejo y dinámico que culmina en un salto repentino en el que fenómenos supuestamente fijos e inmutables se convierten en sus contrarios. Y este proceso dialéctico no es la invención arbitraria y caprichosa de Hegel y Engels, sino que está demostrado de forma concluyente por los más recientes descubrimientos del paleomagnetismo. Cierto es que “si los hombres callasen, las piedras gritarían”.

Atracción y repulsión es una extensión de la ley de unidad y lucha de contrarios. Es una ley que se puede encontrar en toda la naturaleza, desde los fenómenos más pequeños a los más grandes. En el átomo existen enormes fuerzas de atracción y repulsión. El átomo de hidrógeno, por ejemplo, se compone de un protón y un electrón unidos por la atracción eléctrica. La carga de la partícula puede ser positiva o negativa. Cargas iguales se repelen, mientras que cargas opuestas se atraen. Así, dentro del núcleo, los protones se repelen, pero el núcleo se mantiene unido por la fuerza nuclear. Sin embargo, en un núcleo muy pesado, la fuerza de repulsión eléctrica puede alcanzar un punto en el que sobrepase a la fuerza nuclear, desintegrando el núcleo.

Engels hace hincapié en el papel universal de la atracción y la repulsión: “Todo movimiento consiste en el juego recíproco de atracción y repulsión. Pero el movimiento sólo es posible cuando cada una de las atracciones queda compensada por una repulsión correspondiente en algún otro lugar. De lo contrario, con el tiempo predominaría un lado sobre el otro y al cabo terminaría todo movi- miento. De ahí que todas las atracciones y repulsiones del universo tengan que equilibrarse entre sí. Así, la ley de la imposibilidad de crear o destruir el movi- miento se expresa como que cada movimiento de atracción del universo debe tener como complemento uno equivalente de repulsión, y viceversa. O como lo expresaba la filosofía antigua mucho antes de la formulación por las ciencias naturales de la ley de la conservación de la energía: la suma de todas las atracciones del universo es igual a la suma de todas las repulsiones”.

En tiempos de Engels predominaba la idea, derivada de la mecánica clásica, de que el movimiento es consecuencia de una fuerza externa que sobrepasa la inercia. Engels criticó con bastante severidad la expresión “fuerza”, ya que la consideraba unilateral e insuficiente para describir los procesos reales en la naturaleza. “Todos los procesos naturales,” escribió, “son bilaterales, se basan por lo menos en la relación de dos partes actuantes, la acción y la reacción. Pero la idea de fuerza, debido a que tiene su origen en la acción del organismo humano sobre el mundo exterior, y más aun en la mecánica terrestre, implica que sólo una parte es activa, actuante, en tanto que la otra es pasiva, receptiva”.

Engels iba muy por delante de su tiempo al criticar este concepto, que ya He- gel había atacado. En su Historia de la filosofía, Hegel señala: “Es mejor [decir] que un imán tiene alma [como lo expresa Tales], y no que posee fuerza de atracción. La fuerza es una especie de propiedad que, separable de la materia, se pos- tula como predicado, en tanto que el alma, por otro lado, es ese movimiento mismo, idéntico a la naturaleza de la materia”. Este comentario de Hegel, citado favorablemente por Engels, contiene una idea profunda: el movimiento y la energía son inherentes a la materia. La materia se mueve y organiza por sí misma.

Incluso la palabra energía, en opinión de Engels, no era totalmente acertada, aunque preferible a fuerza porque “todavía hace parecer como si la ‘energía’ fuese algo exterior a la materia, algo implantado en ella. Pero en cualquier circunstancia es preferible a la expresión ‘fuerza”. La relación real fue demostrada por la teoría de Einstein de la equivalencia de masa y energía, que demuestra que ambas son lo mismo. Este era precisamente el punto de vista del materialismo dialéctico, como lo expresó Engels e, incluso, como lo anticipó Hegel, según demuestra la cita anterior.

NEGACIÓN DE LA NEGACIÓN

Toda ciencia tiene su propio vocabulario, palabras que frecuentemente no coinci- den con su uso en la vida cotidiana. Esto puede llevar a dificultades y malentendidos. La palabra “negación” normalmente se entiende como destrucción o aniquilación. Es importante comprender que en la dialéctica tiene un significado totalmente diferente. Significa negar y preservar al mismo tiempo. Se puede negar una semilla simplemente pisándola. La semilla es negada, ¡pero no en el sentido dialéctico de la palabra! Sin embargo, si enterramos esa semilla, en condiciones favorables germinará. De esa manera se habrá negado como semilla, originando una planta que más adelante morirá, produciendo nuevas semillas.

Aparentemente esto representa una vuelta al punto de partida. Pero, como los jardineros profesionales saben, semillas aparentemente iguales varían de generación en generación, dando lugar a nuevas especies. Los jardineros tam- bién saben que se pueden provocar ciertas tendencias mediante reproducción selectiva. Precisamente esta selección artificial dio a Darwin la clave del proceso de la selección natural que tiene lugar espontáneamente en la naturaleza, y que es la clave para entender el desarrollo de todos los seres vivos. Lo que aquí tenemos no es simplemente cambio, sino desarrollo real, que normalmente pasa de las formas simples a otras más complejas, incluidas las moléculas complejas de la vida, que en un momento determinado surgen de la materia inorgánica.

Consideremos el siguiente ejemplo de negación en la mecánica cuántica. ¿Qué sucede cuando un electrón se une a un fotón? El electrón sufre un “salto cualitativo” y el fotón desaparece. El resultado no es ningún tipo de unidad mecánica o compuesto. Es el mismo electrón de antes, pero en un nuevo estado de energía. Lo mismo cuando un electrón se une a un protón. El electrón se desvanece y hay un salto en el estado de energía y de carga del protón. El protón es el mismo de antes, pero en un nuevo estado de energía y carga. Ahora es eléctricamente neutro, se ha convertido en un neutrón. Dialécticamente hablando, el electrón se ha negado y preservado al mismo tiempo. Ha desaparecido, pero no se ha aniquilado. Entra en una nueva partícula y se expresa como un cambio de energía y carga.

Los antiguos griegos estaban familiarizados con la discusión dialéctica. En un debate llevado correctamente, se plantea una idea (tesis), a la que se contrapone el punto de vista contrario (antítesis), que la niega. Finalmente, a través de un proceso de discusión a fondo que explora el asunto en cuestión desde todos los puntos de vista, descubriendo todas las contradicciones ocultas, llegamos a una con-clusión (síntesis). Podemos llegar o no a un acuerdo, pero a través de la propia dis- cusión hemos profundizado nuestro conocimiento y comprensión, y hemos elevado todo el debate a un plano superior.

Es bastante evidente que casi ninguno de los críticos del marxismo se ha to- mado la molestia de leer a Marx y Engels. Frecuentemente se supone que la dia- léctica consiste en “tesis-antítesis-síntesis”, que Marx supuestamente habría copiado de Hegel (que a su vez lo habría copiado de la Santísima Trinidad), aplicado a la sociedad. Pero en realidad, el materialismo dialéctico de Marx es lo contrario de la dialéctica idealista hegeliana, y ésta a su vez es bastante diferente de la dialécti- ca de los filósofos de la Grecia clásica.

Plejánov, correctamente, criticó el intento de reducir el imponente edificio de la dialéctica hegeliana a la “simple tríada” de tesis-antítesis-síntesis. La avanzada dialéctica de Hegel guarda aproximadamente la misma relación con la de los griegos que la química moderna con las primitivas investigaciones de los alquimistas. Es cierto que la de los griegos preparó el camino para la dialéctica hegeliana, pero decir que son “básicamente lo mismo” es simplemente ridículo. Hegel volvió a Heráclito, pero a un nivel cualitativamente superior, enriquecido por 2.500 años de avances científicos y filosóficos. El desarrollo de la dialéctica es en sí mismo un proceso dialéctico.

Hoy en día la palabra “alquimia” se utiliza como sinónimo de charlatanería. Conjura todo tipo de imágenes de maleficios y magia negra. Estos elementos estaban presentes en la historia de la alquimia, pero sus actividades no se limitaban de ninguna manera a esto. En la historia de la ciencia, la alquimia jugó un papel muy importante. Alquimia es una palabra árabe que se utiliza para cualquier cien- cia de los materiales. Había charlatanes, ¡pero también muy buenos científicos! Y química es la palabra occidental para la misma cosa. De hecho, muchos términos químicos son de origen árabe: ácido, alcalino, alcohol, etc.

Los alquimistas partían de la idea de que era posible la transmutación de los elementos. Durante siglos trataron de descubrir la “piedra filosofal”, que les iba a permitir transformar un metal base (plomo) en oro. Si lo hubiesen conseguido no habrían ganado mucho, ya que el precio del oro se hubiera desplomado rápida- mente hasta alcanzar el precio del plomo. Pero ésa es otra historia. Dado el nivel de desarrollo de la técnica en aquel tiempo, los alquimistas estaban tratando de hacer lo imposible. Al final se vieron obligados a llegar a la conclusión de que la transmutación de los elementos era imposible. Sin embargo sus esfuerzos no fue- ron en vano. En su búsqueda de una hipótesis anticientífica (la piedra filosofal) hicieron un trabajo pionero muy valioso, desarrollando el arte de la experimentación, inventando instrumentos que todavía se utilizan en los laboratorios modernos y describiendo y analizando una amplia gama de reacciones químicas. De esta manera, la alquimia preparó el terreno para el desarrollo de la química.

La química moderna solamente pudo desarrollarse repudiando la hipótesis básica de los alquimistas, la transmutación de los elementos. Desde finales del siglo XVIII, la química se desarrolló sobre bases científicas. Dejando atrás las intenciones grandiosas del pasado, realizó enormes avances. Entonces, en 1919, el científico inglés Rutherford llevó a cabo un experimento consistente en bombardear un núcleo de nitrógeno con partículas alfa, lo que por primera vez llevó a la ruptura del núcleo atómico. De esta manera consiguió transmutar un elemento (nitrógeno) en otro (oxígeno). La larga búsqueda de los alquimistas se había resuelto, ¡pero de una manera totalmente diferente a lo que ninguno de ellos podía haber previsto!

Veamos este proceso un poco más de cerca. Empezamos con la tesis a (transmutación de los elementos). Ésta es negada por la antítesis b (es imposible la transmutación de los elementos), que a su vez es superada por una segunda negación, c (otra vez transmutación de los elementos). Aquí debemos resaltar tres cosas. En primer lugar, cada negación marca un avance definido y, de hecho, un salto cualitativo. En segundo lugar, cada avance niega el estadio anterior, reacciona en su contra, pero al mismo tiempo preserva todo lo que de útil y necesario hay en él. Y por último, el estadio final —la negación de la negación— no signi- fica una vuelta a la idea original (en este caso, la alquimia), sino la reaparición de las formas primitivas a un nivel cualitativamente superior. Por cierto, sería posible convertir plomo en oro, pero sería tan caro que no valdría la pena.

La dialéctica considera los procesos fundamentales del universo, la sociedad y la historia de las ideas no como un círculo cerrado en el que los mismos procesos simplemente se repiten en un ciclo mecánico sin fin, sino como una especie de espiral abierta de desarrollo en la que nada se repite nunca de la misma manera. Este proceso se puede ver claramente en la historia de la filosofía o de la ciencia. Toda la historia del pensamiento consiste en un proceso inacabable de desa- rrollo mediante contradicciones.

Para explicar cierto fenómeno se plantea una teoría. Ésta va ganando aceptación gradualmente, tanto a través de la acumulación de evidencias que la apoyan como por la ausencia de una alternativa satisfactoria. Llega un punto en el que aparecen ciertas discrepancias, que al principio habían sido consideradas como excepciones sin mayor importancia. Entonces surge una nueva teoría que con- tradice a la vieja y que parece explicar mejor los hechos observados. Después de un período de pugna, la nueva teoría sustituye a la ortodoxia existente. Pero de ésta surgen nuevas preguntas a las que hay que dar respuesta. En muchos casos parece que se vuelve a las ideas que habían quedado desacreditadas. Pero eso no significa volver al punto de partida. Lo que tenemos es un proceso dialéctico, que implica un conocimiento cada vez más profundo del funcionamiento de la naturaleza, de la sociedad y de nosotros mismos. Ésta es la dialéctica de la historia, la filosofía y la ciencia.

Joseph Dietzgen dijo una vez que un hombre viejo que eche un vistazo atrás puede ver su vida como una serie inacabable de errores que, si pudiese volver atrás, sin duda trataría de eliminar. Pero entonces se encuentra con la contradicción dialéctica de que sólo a través de esos errores ha podido llegar a la sabiduría que le ha permitido juzgarlos como tales errores. Así, tal y como Hegel observó profundamente, las mismas afirmaciones en los labios de un joven no tienen el mismo peso que cuando son pronunciadas por un hombre al que la experiencia de la vida ha llenado de conocimientos. Son las mismas y, no obstante, no son las mismas. Lo que al principio era un pensamiento abstracto, con poco o ningún con- tenido, ahora es el producto de una reflexión madura.

Fue el genio de Hegel el que comprendió que la historia de las diferentes escuelas filosóficas era en sí misma un proceso dialéctico. Lo compara con la vida de una planta, que pasa por diferentes etapas que se niegan las unas a las otras, pero que en su conjunto representan su vida:

“La mente normal, cuanto más toma como fija la oposición entre verdadero y falso, más se acostumbra a esperar acuerdo o contradicción con un sistema filosófico dado, y a ver razón sólo en uno u otro en cualquier declaración explicativa con relación a tal sistema. No concibe la diversidad de sistemas filosóficos como la evolución progresiva de la verdad; en su lugar, sólo ve contradicción en esa va- riedad. El capullo desaparece cuando sale la flor, y podríamos decir que el primero es refutado por la segunda; de la misma manera cuando surge la fruta, se puede explicar la flor como una forma falsa de la existencia de la planta, ya que la fruta parece ser su existencia real en lugar de la flor. Estos estadios no son meramente diferentes; se suplantan el uno al otro en la medida en que son incompatibles entre sí. Pero la actividad incesante de su propia naturaleza inherente los convierte al mismo tiempo en momentos de una unidad orgánica, donde no se contradicen simplemente los unos a los otros, sino que uno es tan necesario como el otro; y esta necesidad igual de todos los momentos constituye por sí sola y de esa mane- ra la vida del conjunto”.

LA DIALÉCTICA DE ‘EL CAPITAL’

En los tres volúmenes de El capital, Marx nos da un ejemplo brillante de cómo se puede utilizar el método dialéctico para analizar los procesos fundamentales de la sociedad. De esta manera revolucionó la ciencia de la economía política, un hecho reconocido por los economistas actuales, incluso los que se oponen totalmente al punto de vista marxista. El método dialéctico de la obra de Marx es tan importante, que Lenin llegó a decir que era imposible comprender El capital, especialmente el primer capítulo, sin haberse leído toda la Lógica de Hegel. Esto es sin duda una exageración, pero lo que Lenin quería resaltar era que El capital de Marx es en sí una lección monumental de cómo debe aplicar- se la dialéctica.

“Si Marx no dejó tras de sí una Lógica (con mayúsculas), dejó la lógica de El capital, y ésta tiene que ser utilizada plenamente en esta cuestión. En El capital, Marx aplicó a una sola ciencia la lógica, la dialéctica y la teoría del conocimiento del materialismo (no son necesarias tres palabras: son la misma cosa), que ha tomado todo lo que de valor había en Hegel y lo ha desarrollado más allá”.

¿Qué método utilizó Marx en El capital? No impuso las leyes de la dialéctica a la economía, sino que las derivó de un largo y riguroso estudio de todos los aspectos del proceso económico. No planteó un esquema arbitrario y después intentó encajar los hechos en él, sino que sacó a la luz las leyes del movimiento de la producción capitalista a través de un análisis cuidadoso del propio fenómeno. En su Introducción a la crítica de la economía política, Marx explica su método:

“Aunque había esbozado una introducción general, prescindo de ella, pues, bien pensada la cosa, creo que el adelantar los resultados que han de demostrarse, más bien sería un estorbo, y el lector que quiera realmente seguirme deberá estar dispuesto a remontarse de lo particular a lo general”.

El capital representa una ruptura no sólo en el terreno de la economía, sino en el de las ciencias sociales. Tiene una relevancia clara para el tipo de discusiones que están teniendo lugar actualmente entre los científicos. Estas discusiones ya se daban en vida de Marx. En ese momento, los científicos estaban obsesionados con la idea de separar las cosas y examinarlas en detalle. Este método se conoce como “reduccionismo”, aunque Marx y Engels, que eran muy críticos con él, lo denominaron “método metafísico”. Los mecanicistas dominaron la física durante ciento cincuenta años. Sólo ahora está empezando a tomar cuerpo la reacción contra el reduccionismo. Una nueva generación de científicos se está planteando la tarea de superar esta herencia y avanzar hacia una nueva formulación de principios, en lugar de las viejas aproximaciones.

Gracias a Marx, la tendencia reduccionista en la economía se hundió a mediados del siglo pasado. Después de El capital, dicho punto de vista era impensable. El método “Robinsón Crusoe” de explicar la economía política (“imaginémonos dos hombres en una isla desierta…”) resurge de vez en cuando en pésimos libros de texto o en vulgares intentos de popularizar la economía, pero no se puede tomar en serio. ¡Las crisis económicas y las revoluciones no se producen entre dos indi- viduos en una isla desierta! Marx no analiza la economía capitalista como la suma total de los actos individuales de intercambio, sino como un sistema complejo, dominado por sus propias leyes, tan poderosas como las leyes de la naturaleza. De la misma manera, los físicos están discutiendo ahora la idea de la complejidad, en el sentido de un sistema en que el todo no es sólo una colección de partes ele- mentales. Por supuesto que es útil saber qué leyes rigen cada parte individual, pero el sistema complejo se regirá por leyes que no son simplemente una exten- sión de éstas. Este es precisamente el método de Marx en El capital, el método del materialismo dialéctico.

Marx empieza su obra con un análisis de la célula básica de la economía capi- talista: la mercancía. A partir de aquí explica cómo surgen todas las contradicciones de la sociedad capitalista. El reduccionismo trata como mutuamente incompatibles y excluyentes cosas como el todo y las partes o lo particular y lo universal, cuando en realidad son completamente inseparables y se determinan unas a otras. En el primer volumen de El capital, Marx explica el carácter dual de las mercancías como valores de uso y valores de cambio. La mayor parte de la gente ve las mercancías exclusivamente como valores de uso, objetos concretos y útiles para la satisfacción de los deseos humanos. En todo tipo de sociedad humana siempre se han producido valores de uso.

Sin embargo, la sociedad capitalista hace cosas extrañas con los valores de uso. Los convierte en valores de cambio —bienes que se producen no para el consumo directo, sino para su venta—. Cada mercancía por lo tanto tiene dos caras: la cara familiar y casera de valor de uso y la cara misteriosa y oculta de valor de cambio. El primero está vinculado directamente a las propiedades físicas de una mercancía concreta (llevamos una camiseta, bebemos café, conducimos un coche, etc.). Pero el valor de cambio no se puede ver, llevar ni comer. No tiene ningún tipo de entidad material. Y sin embargo es la característica esencial de una mercancía bajo el capitalismo. La expresión última del valor de cambio es el dinero, el equivalente universal a través del cual todas las mercancías expresan su valor. Estos pequeños trozos de papel verde no tienen ningún tipo de relación con las camisetas, café o coches como tales. No se pueden comer, llevar ni conducir. Sin embargo, es tal el poder que contienen y está tan universalmente reconocido, que la gente mata por ellos.

El carácter dual de la mercancía expresa la contradicción central de la sociedad capitalista: el conflicto entre trabajo asalariado y capital. El obrero piensa que vende su trabajo al empresario, pero en realidad le vende su fuerza de trabajo, que el capitalista utiliza como mejor le parece. La plusvalía que se extrae de esta manera es el trabajo no pagado a la clase obrera, la fuente de la acumulación de capital. Es este trabajo no pagado el que mantiene a todos los miembros de la sociedad que no trabajan, a través de la renta, el interés, el beneficio y los impuestos. La lucha de clases es realmente la lucha por la apropiación de la plusvalía.

Marx no inventó la idea de la plusvalía, que ya era conocida por economistas anteriores como Adam Smith y David Ricardo. Pero al descubrir la contradicción central que implica revolucionó completamente la economía política. Este descubrimiento se puede comparar a un proceso similar que tuvo lugar en la historia de la química. Hasta finales del siglo XVIII se asumía que la esencia de la combus- tión consistía en la separación de las sustancias que se quemaban de una cosa hipotética llamada flogisto. Esta teoría servía para explicar la mayor parte de los fenómenos químicos conocidos en ese momento. Entonces, en 1774, el científico inglés Joseph Priestley descubrió algo que llamó aire desflogistado, que más tarde se descubrió que desaparecía cuando una sustancia se quemaba en él.

Priestley había descubierto el oxígeno, pero él y otros científicos fueron incapaces de comprender las implicaciones revolucionarias del descubrimiento. Hasta mucho tiempo después continuaron pensando a la vieja usanza. Más tarde, el químico francés Lavoisier descubrió que ese nuevo tipo de aire era en realidad un producto químico que no desaparecía en el proceso de combustión, sino que se combinaba con la sustancia que se quemaba. Aunque otros habían descubierto el oxígeno, no supieron qué habían descubierto. Este fue el gran descubrimiento de Lavoisier. Marx jugó un papel similar en la economía política.

Los predecesores de Marx habían descubierto la existencia de la plusvalía, pero su auténtico carácter seguía en la oscuridad. Sometiendo todas las teorías anteriores, empezando por las de Ricardo, a un análisis profundo, Marx descubrió el carácter real y contradictorio del valor. Examinó todas las relaciones de la sociedad capitalista, empezando por la forma más simple de producción e intercambio de mercancías, y continuando el proceso a través de todas sus múltiples transformaciones, siguiendo un método estrictamente dialéctico.

Marx demostró la relación entre la mercancía y el dinero, y fue el primero en plantear un análisis exhaustivo del mismo. Mostró cómo el dinero se transformaba en capital y cómo este cambio se produce a través de la compraventa de la fuerza de trabajo. Esta distinción fundamental entre trabajo y fuerza de trabajo fue la clave para descifrar los misterios de la plusvalía, un problema que Ricardo había sido incapaz de resolver. Estableciendo la diferencia entre capital constante y capital variable, Marx trazó todo el proceso de formación del capital en detalle, y de esta manera lo explicó, lo que ninguno de sus predecesores había sido capaz de hacer.

El método de Marx es rigurosamente dialéctico y sigue bastante de cerca las líneas principales trazadas por Hegel en su Lógica. Esto se reconoce explícita- mente en el epílogo a la segunda edición alemana, en el que Marx rinde tributo a Hegel:

“Cuando define con tanta exactitud lo que llama mi método de investigación, y con tanta benevolencia lo que se refiere a la aplicación que hago de éste, ¿qué ha definido el autor sino el método dialéctico? Por cierto que el procedimiento de exposición debe distinguirse formalmente del de investigación. A ésta le corres- ponde apropiarse de la materia en todos sus detalles, analizar sus distintas formas de desarrollo y descubrir sus vínculos íntimos. Una vez cumplida esta tarea, pero sólo entonces, puede exponerse el movimiento real en su conjunto. Si esto se logra, de modo que la vida de la materia se refleje en su reproducción ideal, ese espejismo puede hacer creer en una construcción a priori (…).

“Yo critiqué el aspecto místico de la dialéctica hegeliana hace casi treinta años, en una época en que todavía estaba de moda. [Pero en el momento mismo en que redactaba el primer volumen de Das Kapital, los epígonos gruñones, presuntuosos y mediocres, que hoy dictan la ley en la Alemania culta, se complacían en tratar a Hegel, como el bueno de Moses Mendelssohn, en tiempos de Lessing, había tratado a Spinoza, es decir, como ‘perro muerto’. Por consiguiente, me declaré abiertamente discípulo de ese gran pensador, y en el capítulo sobre la teoría del valor llegué inclusive a coquetear con su manera peculiar de expresar- se]. Pero si bien, debido a su confusión, Hegel desfigura la dialéctica por medio del misticismo, es, sin embargo, el primero que expone su movimiento de con- junto. En él se encuentra cabeza abajo; basta con ponerla sobre sus pies para encontrarle su fisonomía en todo sentido racional.

“En su aspecto místico, la dialéctica se convirtió en una moda en Alemania, porque parecía glorificar las cosas existentes. En su aspecto racional es un escándalo y una abominación para las clases dirigentes y sus ideólogos doctrinarios, porque en la comprensión positiva de las cosas existentes incluye a la vez el conocimiento de su negación fatal, de su destrucción necesaria; porque al captar el movimiento mismo, del cual todas las formas acabadas son apenas una configuración transitoria, nada puede detenerla; porque en esencia es crítica y revolucionaria”.

Horrorcore

Horrorcore es un subgénero de hip hop basado en el horror con temas de contenido lírico. Mientras que el estilo es raramente popular, algunos artistas se han vendido bien en la escena mainstream. Es principalmente un subgénero temático, que se plasma en diferentes sub-estilos musicales del hip hop.

La temática extremadamente explícita, con temas de horror, pronto se vieron en el hardcore rap y en el gangsta rap, los orígenes estilísticos del horrorcore pueden atribuirse a una serie de artistas en la década de 1990. El álbum The Geto Boys, We Can’t Be Stopped (1991) incluye la canción: Chuckie, basada en el personaje Chucky de la película de horror Child’s Play. El álbum de Ganksta N-I-P de debut, The South Park Psycho (1992), incluye la canción: Horror Movie Rap, que las muestras de la banda sonora de la película Halloween 1978. El primer single de Big L debut llamado: Devil’s Son(1993) se considera horrorcore. El grupo Insane Poetry, tiene su álbum debut de horrorcore llamado: Grim Reality (1992). El rapero Esham, tuvo su álbum debut llamado: Boomin’ Words from Hell (1989), contiene imágenes de horror incorporada con sus letras. Kool Keith afirma haber “inventado horrorcore”. Aunque hay mucho debate sobre quién acuñó el término, su uso no ganó importancia hasta 1994, con el lanzamiento de Flatlinerz’ U.S.A. (Under Satan’s Authority). El super-grupo Gravediggaz tuvo su álbum llamado: 6 Feet Deep, que aplica una gran cantidad de humor negro en sus letras, además de parodias del cine del horror.

Si bien el género en su conjunto no es popular entre el público general, artistas como Insane Clown Posse, Three 6 Mafia, y Eminem se han vendido bien.

Horrorcore define el estilo de la música hip hop que se centra alrededor de horror con influencias temáticas que incluyen el satanismo, el canibalismo, el suicidio, asesinatos, humor negro, ciencia ficción, historias de terror, o temas sobrenaturales. Las letras están inspiradas en películas de horror más temperamental, ritmos de hardcore.

Piotr Alekséyevich Kropotkin

El príncipe (kniaz) Piotr Alekséyevich Kropotkin, conocido en español también como Pedro Kropotkin (en ruso: Пётр Алексеевич Кропоткин; Moscú, 9 de diciembre de 1842 – Dmítrov, 8 de febrero de 1921) fue geógrafo y naturalista, aparte de pensador político ruso. Es considerado como uno de los principales teóricos del movimiento anarquista, dentro del cual fue uno de los fundadores de la escuela del anarcocomunismo, y desarrolló la teoría del apoyo mutuo.

Piotr Kropotkin

Piotr Kropotkin fotografiado por Nadar

Información personal

Nombre de nacimiento

Piotr Alekséyevich Kropotkin (Пётр Алексеевич Кропоткин)

Otros nombres

Pedro Kropotkin, en español

Nacimiento

9 de diciembre de 1842

Moscú, Imperio ruso

Fallecimiento

8 de febrero de 1921 (78 años)

Dmítrov, RSFS de Rusia

Causa de la muerte

Neumonía

Lugar de sepultura

Cementerio Novodévichi

Nacionalidad

Ruso

Lengua materna

Ruso

Religión

Ninguna (ateísmo)

Educación

Educado en

Universidad Imperial de San Petersburgo

Información profesional

Ocupación

Zoólogo, activista, filósofo, economista, geógrafo, escritor, científico, teórico de la revolución

Conocido por

Fundar el anarcocomunismo, la ayuda mutua, la abolición del trabajo asalariado, la jornada laboral de cuatro horas y las comunas voluntarias

Obras notables

La conquista del pan, El apoyo mutuo, Campos, fábricas y talleres

Miembro de

Primera Internacional

Vida

Retrato de la madre de Piotr Kropotkin.

Kropotkin nació en Moscú el 9 de diciembre de 1842, en el seno de una familia noble. Su padre, el príncipe Alekséi Petróvich Kropotkin, era dueño de grandes latifundios en tres provincias, y disponía de unos 1200 siervos. Por línea paterna su linaje se trazaba hasta los Rúrik; su madre, Yekaterina Nikoláievna Sulimá, era hija de un general ruso.

Por orden del zar Nicolás I, a los doce años ingresó en el Cuerpo de Pajes en San Petersburgo, la academia militar más selecta de Rusia, que suministraba al imperio sus asesores y funcionarios de élite. Si bien Kropotkin detestaba la disciplina militar de la escuela, su formación académica fue intensiva, recibiendo una educación racionalista y liberal, con un fuerte énfasis en las ciencias.

Explorador y geógrafo

Finalizada su preparación, sirvió en el Ejército ruso desde 1862 hasta 1867. Durante este periodo, fue comisionado a una expedición a Siberia como parte de su servicio militar. Kropotkin decidió partir hacia ese destino —pudiendo elegir uno más cómodo— para alejarse de la vida de la corte capitalina, que le resultaba desagradable y opresiva. Partió hacia su destino en Irkutsk el 24 de junio de 1862, y fue nombrado ayudante de campo del general Kúkel; finalmente se asentaron en la aldea de Chitá, la capital regional.

Los cinco años que pasé en Siberia fueron para mí muy instructivos respecto al carácter y la vida humanos. Me vi puesto en contacto con hombres de todas las condiciones, los mejores y los peores; aquellos que se encontraban en la cúspide de la sociedad y los que vegetaban en su mismo fondo; esto es, los vagabundos y los llamados criminales empedernidos. Tuve sobradas ocasiones para observar los hábitos y costumbres de los campesinos en su labor diaria, y aún más, para apreciar lo poco que la administración oficial podía hacer en su favor, aun cuando se hallara animada de las mejores intenciones.

P. Kropotkin; Memorias de un revolucionario.

Su principal tarea fue hacer una evaluación del cruel sistema penitenciario siberiano para su reforma, que lo impresionó profundamente al revelarle las deficiencias de la burocracia estatal y la corrupción administrativa, así como le permitió observar las primeras formas de cooperación directa y autónoma entre campesinos y cazadores. En Siberia conoció al poeta ruso Mijaíl Larionóvich Mijáilov, que había sido condenado a trabajos forzados por sus ideas revolucionarias, quien lo introdujo en las ideas anarquistas, recomendándole la lectura de Proudhon. Estos años en Siberia fueron determinantes para la posterior evolución ideológica de Kropotkin:

Aun cuando no formulé entonces mis observaciones en términos análogos a los usados por los partidos militantes, puedo decir ahora que perdí en Siberia toda la fe que antes pudiera haber tenido en la disciplina del Estado, preparándose así el terreno para convertirme en anarquista.

P. Kropotkin; Memorias de un revolucionario.

Entre 1864 y 1866 realizó varias exploraciones en el territorio inexplorado de Manchuria. La última expedición fue la más fructífera en el aspecto científico, abarcando la región montañosa del norte de Siberia entre los ríos Lena y Amur. Esta empresa proporcionó conocimientos científicos de gran valor: ayudó a conocer mejor la estructura geográfica de la región siberiana; el descubrimiento de restos fósiles contribuyó a elaborar sus posteriores teorías glaciares; enriqueció el conocimiento sobre la fauna siberiana, proporcionando datos a Kropotkin sobre el apoyo mutuo (o cooperación intraespecífica) y el altruismo en sociedades animales; y por último, se descubrió la ruta desde Chitá y la región del lago Baikal hasta la tundra del norte.

Una insurrección de prisioneros polacos en Siberia y su cruel represión por parte de las autoridades zaristas causaron que Piotr Kropotkin y su hermano, Alejandro, decidieran abandonar el servicio militar. Regresó a San Petersburgo en 1867, ingresó en la Universidad y presentó a la Sociedad Geográfica Rusa un informe sobre su expedición de Vitim, que fue publicado y le valió una medalla de oro. Fue nombrado secretario de la sección de Geografía Física de la Sociedad Geográfica rusa. Exploró los glaciares de Finlandia y Suecia en nombre de la mencionada agrupación desde 1871 hasta 1873. Su trabajo más importante en esta época fue el estudio de la estructura orográfica de Asia, donde refutó las hipótesis, más bien conjeturas, basadas en el modelo alpino propuestas por Alexander von Humboldt. Aunque posteriormente otros investigadores descubrieron estructuras más complejas, las líneas generales del enfoque que ideó Kropotkin se han mantenido vigentes hasta la actualidad.

Otro trabajo de gran importancia fue el informe que escribió sobre los resultados de su expedición a Finlandia. En 1874 dio una conferencia en la que expuso su teoría, según la cual la capa de hielo de la glaciación había alcanzado el centro de Europa; una idea que iba en contra del conocimiento convencional de la época. Su proposición generó una polémica, que finalizó con su posterior aceptación por la comunidad científica.

Finalmente, la tercera gran contribución de Kropotkin a la teoría de la ciencia geográfica fue su hipótesis sobre la desecación de Eurasia como consecuencia del retroceso de la glaciación de la era precedente. Todas estas ideas fueron concebidas cuando aún no había llegado a cumplir 30 años, lo cual hacía presuponer un gran futuro como investigador. El prestigio de su obra geográfica fue tan considerable que fue propuesto como presidente de la sección de Geografía Física de la Sociedad Geográfica Rusa. Pero Kropotkin no aceptó el nombramiento, porque su interés se había volcado hacia las actividades revolucionarias:

En el otoño de 1871, hallándome ocupado en Finlandia, caminando lentamente a pie hacia la costa, a lo largo del ferrocarril recientemente construido, observando atentamente los parajes donde primero debieron aparecer las muestras inequívocas de la primitiva extensión del mar, que siguió al período glacial, recibí un telegrama de la susodicha corporación, en el que se me decía: “El Consejo os ruega aceptéis el cargo de secretario de la Sociedad.” Al mismo tiempo, el secretario saliente me suplicaba encarecidamente que prestara buena acogida a la propuesta.

Dibujo de la fortaleza de Skanslandet en Sveaborg, Helsingfors, hecho por Kropotkin como parte de su investigación en Finlandia.

Se habían realizado mis esperanzas; pero al mismo tiempo, otras ideas y otras aspiraciones habían invadido mi pensamiento. Después de meditar detenidamente sobre lo que debería contestar, telegrafié: “Gracias encarecidas; pero no puedo aceptar”.

P. Kropotkin, Memorias de un revolucionario

Pensamientos revolucionarios

Mientras realizaba estas investigaciones, también se dedicó a estudiar los escritos de los principales teóricos de la política y comenzó a solidarizarse con las penosas condiciones de los campesinos. Las propias observaciones, la experiencia directa y su íntimo contacto con la miseria y la pobreza del campesinado ruso y finlandés, durante su labor científica como explorador, fueron las causas que impulsaron a Kropotkin a abandonar la actividad científica:

¿Pero qué derecho tenía yo a estos goces de un orden elevado, cuando todo lo que me rodeaba no era más que miseria y lucha por un triste bocado de pan, cuando por poco que fuese lo que yo gastase para vivir en aquel mundo de agradables emociones, había por necesidad de quitarlo de la boca misma de quienes cultivaban el trigo y no tenían suficiente pan para sus hijos? De la boca de alguien ha de tomarse forzosamente, puesto que la agregada producción de la humanidad permanece aún tan limitada… Por eso contesté negativamente a la Sociedad Geográfica.

P. Kropotkin, Memorias de un revolucionario

La herencia recibida a la muerte de su padre le proporcionó el acceso a copiosos recursos económicos, que le permitieron realizar un viaje a la Europa occidental de tres meses de duración. En febrero de 1872, partió de San Petersburgo rumbo a Zúrich (Suiza) para conocer de primera mano la situación del movimiento obrero europeo.

Allí contactó con el grupo de exiliados rusos que estaban fuertemente influidos por las ideas de Bakunin. Entre éstos se encontraban su parienta Sofía Nikoláievna Lavrova, Nadezhda Smézkaia y Mijaíl Sazhin (un discípulo de Bakunin más conocido como Armand Ross). En Ginebra se hizo miembro de la Primera Internacional. En primer lugar visitó y contactó con los sectores marxistas, en especial el grupo ruso dirigido por Nikolái Utin. Pero no aprobaba el tipo de socialismo ni el estilo político que impulsaban en la Primera Internacional. Tras cinco semanas de conocer al sector marxista, muy contrariado por el comportamiento oportunista de sus dirigentes, decidió conocer a los grupos de la tendencia bakuninista. El anarquista Nikolái Zhukovski le recomendó abandonar Ginebra y viajar al Jura, donde el movimiento era más fuerte. Kropotkin estudió el programa más radicalizado de la Federación del Jura en Neuchâtel y pasó largo tiempo en compañía de sus más prominentes miembros, adoptando definitivamente la visión anarquista. Allí visitó a James Guillaume —compañero, amigo y posteriormente biógrafo de Bakunin—, con quien trabó amistad. A comienzos de mayo ya estaba de vuelta en Rusia. Una vez en San Petersburgo, reanudó sus investigaciones geográficas y tomó parte activa como propagandista revolucionario vinculado al Círculo Chaikovski, invitado por el geógrafo Dimitri Klements.

Mientras tanto, Kropotkin continuó sus trabajos de investigación en Finlandia y sus colaboraciones con la Sociedad Geográfica. En San Petersburgo, asistía a las reuniones nocturnas del Círculo Chaikovski disfrazado de campesino y con el nombre falso de Borodín. Por ese entonces muchos de sus compañeros habían sido detenidos por la policía zarista.

Durante los dos años de que vengo hablando se hicieron muchas detenciones, tanto en San Petersburgo como en provincias. No se pasaba un mes sin que experimentáramos la pérdida de alguno, o supiéramos que ciertos miembros de este o aquel grupo provincial habían desaparecido. Hacia fines de 1873, los arrestos se hicieron cada vez más frecuentes. En noviembre, uno de nuestros principales centros, situado en un barrio extremo de la capital, fue invadido por la policía. Perdimos a Peróvskaia y tres amigos más, teniendo que suspender todas nuestras relaciones con los obreros de este arrabal. Fundamos un nuevo punto de reunión más a las afueras todavía, pero pronto hubo que abandonarlo. La policía extremó la vigilancia, y la presencia de un estudiante en los barrios de los trabajadores era al punto advertida, circulando espías entre los obreros, a quienes no se perdía de vista. Dimitri, Klementz, Serguéi y yo, con nuestras zamarras y nuestro aspecto de campesinos, pasamos inadvertidos, y continuamos frecuentando el terreno vigilado por el enemigo; pero ellos, cuyos nombres habían adquirido gran notoriedad en dichos barrios, eran objeto de todas las pesquisas; y si hubieran sido hallados casualmente en uno de los registros nocturnos en casa de algún amigo, en el acto los hubieran arrestado.

P. Kropotkin, Memorias de un revolucionario

A fines de 1873, al día siguiente de rechazar la presidencia de la Sociedad Geográfica, Kropotkin fue arrestado por la policía.

La noche se pasó sin novedad. Eché una ojeada a mis papeles, destruí todo lo que pudiera comprometer a alguien, arreglé mis efectos y me dispuse a marchar (…) y bajé rápidamente, saliendo de la casa. A la puerta no había más que un coche de punto; monté en él, y el conductor me llevó al Nevsky Prospekt. Al principio nadie nos perseguía, y me consideré a salvo; pero a poco observé que venía otro carruaje a todo correr tras el nuestro, y habiendo tenido que moderar su marcha el caballo que nos conducía, aquél nos tomó la delantera. En él vi con sorpresa a uno de los dos tejedores que habían sido detenidos, acompañado de otra persona. Me hizo señas con la mano, como si tuviera algo que decirme, y yo ordené al cochero que parara. Tal vez —pensé— haya sido puesto en libertad y tenga algo importante que comunicarme. Pero tan pronto como nos detuvimos, el que acompañaba al tejedor —era un policía— gritó: “¡Señor Borodín, príncipe Kropotkin, quedáis detenido!” Hizo seña a los guardias, que tanto abundan en las principales calles de San Petersburgo, y al mismo tiempo saltó a mi coche y me mostró un papel con el sello de la policía de la capital, diciendo al mismo tiempo: “Tengo orden de conduciros ante el gobernador general para que deis una explicación.”

P. Kropotkin, Memorias de un revolucionario

Trasladado a las oficinas de la policía política secreta, la Sección Tercera, fue interrogado durante algunos días. Su detención causó sensación en San Petersburgo, además de la irritación del emperador, ya que Kropotkin había sido durante mucho tiempo su ayudante personal. Fue encarcelado en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo en una celda solitaria, oscura y húmeda. Los notables de la Sociedad Geográfica, sus amigos y, en especial, su hermano Aleksandr intervinieron en su favor para que se le permitiese continuar con sus investigaciones geográficas, por lo que pudo acceder a libros, papel y lápices. A principios de 1875 su hermano fue detenido por el régimen zarista por escribir una carta a Piotr Lavrov.[19] La detención de su hermano y la desarticulación de los círculos revolucionarios —se hicieron unas 2 000 detenciones— provocaron un fuerte derrumbe psicológico en Kropotkin. También se produjo un colapso físico causado por el escorbuto.

En marzo de 1876 lo trasladaron a la cárcel de San Petersburgo, donde las condiciones de vida eran más insalubres aún que en la fortaleza, aunque allí había muchas más facilidades para recibir visitas y romper el aislamiento. Pero su deterioro físico se acentuó haciendo peligrar su vida, por lo que los médicos prescribieron su traslado al hospital contiguo a la Prisión Militar de San Petersburgo. El cambio a un ambiente aireado, iluminado y limpio, con una mejor alimentación, favorecieron la recuperación de su salud. Mientras tanto, sus amigos comenzaron a pergeñar planes para su escape de la prisión. Después de varios preparativos, acordando un sistema de señales con el exterior, Kropotkin escapó corriendo a través del patio de la prisión al que concurría a practicar sus ejercicios diarios, al abrirse el portón para dar paso a los carros de los proveedores de leña. Perseguido por los guardias montó en un coche que lo esperaba y se perdió en la multitud.

Vi con terror que el carruaje se hallaba ocupado por un hombre vestido de paisano y con gorra militar, que estaba sentado sin volver la cabeza hacia mí. Mi primera impresión fue que había sido vendido. Los compañeros me decían en su última carta: “Una vez en la calle, no os entreguéis; no os faltarán amigos que os defiendan en caso de necesidad”. Yo no quería saltar al coche, si estaba ocupado por un enemigo; pero al acercarme a aquél, noté que el individuo tenía patillas rubias muy parecidas a las de uno de mis mejores amigos, que, aunque no pertenecía a nuestro círculo, me profesaba verdadera amistad, a la que yo correspondía, y en más de una ocasión pude apreciar su valor admirable, y hasta qué punto se volvían hercúleas sus fuerzas en los momentos de peligro. ¿Será posible —decía yo— que sea él? Y estaba a punto de pronunciar su nombre, cuando, conteniéndome a tiempo, toqué las palmas, sin dejar de correr, para llamarle la atención. Entonces se volvió hacia mí y supe quién era. “¡Subid, subid pronto!” —gritó con voz terrible, y después, dirigiéndose al cochero revólver en mano, añadió—: “¡Al galope, al galope, u os salto la tapa de los sesos!” El caballo, que era un excelente animal, comprado expresamente para el caso, salió en el acto galopando. Una multitud de voces resonaban a nuestra espalda, gritando: “¡Paradlos! ¡Detenedlos!” en tanto que mi amigo me ayudaba a ponerme un elegante abrigo y un claque.

P. Kropotkin. Memorias de un revolucionario.

Después de refugiarse momentáneamente en una casa, cambió de ropa y fue llevado a una barbería, donde le afeitaron la copiosa barba. Luego partieron hacia un paseo muy concurrido de San Petersburgo y cenaron a la vista de todo el mundo en un restaurante de moda, ocultándose finalmente en un pueblito de las afueras. Mientras tanto, las fuerzas de seguridad registraban las casas de sus amigos, sin encontrar pistas. Vestido de oficial militar, Kropotkin se dirigió hacia el pequeño puerto de Vaasa, en el golfo de Botnia, embarcando rumbo a Suecia y continuando hacia Noruega. Desde allí tomó un buque británico hacia el puerto de Hull, Inglaterra.

El largo exilio

En los primeros días de agosto de 1876, Kropotkin desembarcó en Hull, con el nombre falso de “Alekséi Lavashov”. Se estableció en Edimburgo, pero pronto se mudó a Londres, donde tenía más recursos para ganarse la vida. Comenzó a colaborar con las publicaciones The Time y la prestigiosa Nature, entablando amistad con el subdirector de la revista, James Scott Keltie. Paralelamente retomó contacto epistolar con James Guillaume, residente en Suiza, quien lo contactó con el bakuninista Paul Robin, que alcanzó celebridad como reformador sexual, y que propiciaba un control de la natalidad y la eliminación de la prostitución. Kropotkin y Robin tuvieron debates y discusiones sobre temáticas sociales, revelándose una faceta puritana en el pensamiento del ex-príncipe ruso.

Titular de L’Avant Garde del 15 de julio de 1878

Después de un corto período en Inglaterra, se estableció en Suiza, llegando a Neuchatel en diciembre de 1876, donde se incorporó a la Federación del Jura. Allí conoció a Carlo Cafiero y Errico Malatesta, los dos miembros más prominentes de la sección italiana de la Internacional. Decidido a establecerse en el continente, realizó un breve viaje a Inglaterra para arreglar cuestiones laborales con le revista Nature, partiendo el 23 de enero hacia Ostende y de allí a Verviers (Bélgica), para intentar organizar al movimiento local, pero la defección de su amigo Paul Brousse llevó a Kropotkin a continuar hasta Ginebra. Allí se reunió con su viejo amigo, Dimitri Klemetz, y se contactó en Vevey con el célebre geógrafo anarquista Eliseo Reclus. Junto a Brousse, y con la intención de influir clandestinamente en otras regiones desde Suiza, lanzó un periódico anarquista en francés (L’Avant Garde) relativamente exitoso y otro en alemán (Arbeiterzeitung), que fracasó y dejó de salir algunos meses después. Kropotkin se trasladó a Verviers, en Bélgica, para participar en el último congreso de la sección bakuninista en la Primera Internacional, donde actuó como delegado de los rusos en el exilio y llevó a cabo la tarea de redactar las actas. Debido a rumores de que sería detenido tuvo que abandonar el congreso, embarcando desde Amberes hacia Londres.

A continuación, viajó a Francia, contactándose con Andrea Costa, prosiguiendo los estudios sobre la Revolución francesa que había iniciado en Londres. Las actividades clandestinas de Kropotkin llamaron la atención policial a principios de 1878, por lo que tuvo que retornar a Ginebra a fines de abril. Poco después visitó España, para interiorizarse de la situación del movimiento, visita que le causó una fuerte impresión al conocer un movimiento anarquista de masas, regresando en agosto a Ginebra.[22] Inmediatamente participó de un congreso de grupos anarquistas suizos en Friburgo, donde se evidenció la sensible decadencia de la Federación del Jura. El 8 de octubre de 1878 contrajo matrimonio con la joven rusa emigrada Sofía Ananiev. El 10 de diciembre las autoridades suizas clausuraron L’Avant Garde, y luego detuvieron a Brousse por poco tiempo. Iniciaron un nuevo periódico que continuase al anterior, y el 22 de febrero apareció Le Révolté, que debido a falta de participantes era redactado casi por entero por Kropotkin. El periódico fue un éxito, y para abril de 1879 contaba con 550 suscriptores, lo que les permitió comprar a crédito su propia imprenta, fundando la Imprimerie Jurassienne.

Teórico y Propagandista

Desde las páginas de Le Révolté, Kropotkin presentó las primeras formulaciones del anarcocomunismo, su principal aporte a la ideología anarquista. El primer artículo sobre el tema apareció el 1 de diciembre y se titulaba La idea anarquista desde el punto de vista de su realización práctica. Afirmaba allí que la revolución debía basarse en las federaciones de comunas locales y los grupos independientes, evolucionando la sociedad desde una etapa colectivista de apropiación de los medios de producción por las comunas, hacia el comunismo. Durante 1880, invitado por Eliseo Reclus a colaborar en su Geografía Universal, Piotr y Sofía se trasladaron a Clarens.

Aquí, con el concurso de mi mujer, con quien solía discutir sobre todos los acontecimientos y los trabajos realizados, y que ejercía una severa crítica literaria sobre estos últimos, fue donde produje lo mejor que hice para el Révolté, entre lo cual se encuentra el llamamiento A los jóvenes, que tanta aceptación halló en todas partes. En una palabra, en este lugar eché los cimientos y tracé las líneas generales de todo lo que escribí más adelante. En Clarens, además del trato con Eliseo Reclus y Lefrançais, que desde entonces he cultivado siempre, me hallaba en íntimas relaciones con los obreros, y aunque trabajaba bastante en la geografía todavía me era dado contribuir en mayor escala que de ordinario a la propaganda anarquista.

P. Kropotkin; Memorias de un revolucionario.

En marzo de 1881 su amigo Stepniak le comunicó la noticia del asesinato del zar Alejandro II, por miembros del grupo Naródnaya Volia. La represión sobre el movimiento revolucionario, con la ejecución de su ex-compañera del Círculo Chaikovski, Sofía Peróvskaya, indignó a Kropotkin, que imprimió un folleto La verdad sobre las ejecuciones en Rusia y fue orador en actos de protesta. La policía ginebrina lo interrogó, pero finalmente decidió no arrestarlo. El 10 de julio partió hacia París y luego rumbo a Londres, para asistir como delegado al Congreso Socialista Revolucionario Internacional. Debido a la pobreza de Kropotkin, su amigo y compañero Varlaam Nikoláievich Cherkésov, realizó una colecta para pagar su viaje. En una carta a Malatesta, Kropotkin explicaba sus dificultades económicas:

Le Révolté y todo lo demás me ocupan normalmente una semana, de modo que me quedan dos semanas por mes en las que he de ganar 150 a 200 francos para nosotros dos, 50 francos para Robert, otros 40 para los rusos, 30 para correspondencia, de 10 a 15 para papel, etc; en total más de 350 francos.

P. Kropotkin

Kropotkin participó del congreso en Londres, pero terminó decepcionado por el tono caótico de las discusiones y porque finalmente no se trató el tema por el que se había convocado: la conformación de una nueva Internacional. Permaneció en Inglaterra durante un mes y regresó a Suiza. A poco de volver, fue expulsado por el gobierno suizo debido a las presiones del Imperio ruso. Abandonó Ginebra el 30 de agosto y se estableció en el pueblito francés de Thonon, al otro lado del lago Lemán. La redacción de Le Révolté quedó a cargo de Herzig y Dumartheray, aunque Kropotkin seguiría colaborando desde el exterior. Allí permanecieron dos meses hasta que Sofía terminó sus estudios de bachillerato en Ginebra.

En noviembre de 1881 viajó con su esposa a Inglaterra, brindando algunas conferencias en su tránsito hacia París, donde contactó con Jean Grave. En Inglaterra no tuvo muchos contactos con anarquistas, con excepción de Malatesta, Cafiero y Eliseo Reclus, cuando pasaron por la isla. Durante 1882 trabó amistad con los marxistas ingleses Ernest Belfort Bax y H. M. Hyndman; este último le presentó a James Knowles, editor de The Nineteenth Century, publicación con la que colaboraría por tres décadas. Siguió escribiendo para Nature, The Times y The Fortnightly Review, además de hacerlo para la Enciclopedia Británica. En Le Révolté publicó dos artículos de trascendencia: La ley y la autoridad y Gobierno revolucionario. Durante su estancia en Inglaterra se involucró mucho con la situación de Rusia, y la expuso en clubes de obreros, en algunos mítines que organizó junto a Chaikovski; luego exponían el ideario anarquista. Si bien la concurrencia era escasa, esta situación cambió al visitar los círculos de mineros en Escocia, donde sus exposiciones atraían a multitud de obreros.

La atmósfera deprimente y apática de Londres impulsó al matrimonio a regresar a Francia, donde el movimiento anarquista estaba floreciente y activo, arribando a Thonon el 26 de octubre. Allí dieron alojamiento a un joven hermano de Sofía, agonizante a causa de la tuberculosis. Las actividades revolucionarias en Lyon, donde había unos 3000 anarquistas activos, los desórdenes provocados por la crisis de la industria sedera y algunos conatos de violencia, fueron la excusa para arrestar a Kropotkin, que nada tenía que ver con los disturbios, junto a sesenta anarquistas. El 21 de diciembre de 1882 Kropotkin fue detenido por la policía, horas después de la muerte de su joven cuñado. Durante el entierro, Reclús y otros anarquistas movilizaron a los campesinos de la zona, como forma de protesta por las detenciones.

El gobierno francés deseaba hacer de aquello uno de esos grandes procesos que causan fuerte impresión en el país; pero no había medio de envolver a los anarquistas presos en la causa de las explosiones, pues hubiera sido necesario concluir por llevarlos ante un jurado que, probablemente, nos habría absuelto, y en consecuencia, se adoptó la maquiavélica política de perseguirnos por haber pertenecido a la Asociación Internacional de los Trabajadores. Hay en Francia una ley, votada inmediatamente después de la caída de la Comuna, por la cual se puede hacer comparecer a cualquiera ante un juez de instrucción, por haber pertenecido a dicha sociedad. El máximo de la pena es de cinco años, y el gobierno tiene siempre la seguridad de que el tribunal ordinario le dejará complacido.

P. Kropotkin, Memorias de un revolucionario

Prisión en Francia

Fue acusado de pertenecer a la Internacional, y sentenciado a cinco años de prisión y 1000 francos de multa por sus actividades anarquistas; fue la condena más severa de todas. La prensa independiente, incluso hasta el moderado Journal des Economistes, protestó contra las condenas criticando a los magistrados por condenarlos sin fundamentos. Los anarquistas, en especial Bernard, Gautier y Kropotkin, aprovecharon el juicio para dar publicidad a sus ideas pronunciando encendidos discursos.

Kropotkin en sus años de madurez

Fue trasladado de Lyon a la prisión de Clairvaux, en la vieja abadía de San Bernardo, donde se le dio estatus de prisionero político. Durante este período siguió escribiendo para la Geografía Universal y la Enciclopedia Británica, además de continuar sus contribuciones con The Nineteenth Century, destacándose el artículo What Geography ought to be. Las condiciones de detención no fueron esta vez tan sufridas como cuando estuvo prisionero en Rusia, ya que las autoridades les permitían cultivar verduras, jugar a los bolos y trabajar en un taller de encuadernación. Kropotkin aprovechaba el tiempo para dar clases de idiomas, matemáticas, física y cosmografía a los otros reclusos. Podían escribir y recibir cartas, bajo un régimen de censura. Podían recibir libros y revistas, pero no periódicos, mucho menos de tendencia socialista.

Kropokin recibió desde París la preocupación de la Academia Francesa de Ciencias, que se ofreció a enviarle libros para sus investigaciones; desde Inglaterra también se escucharon muestras de solidaridad, redactándose un petitorio en su favor, firmado por 15 profesores universitarios, los directivos del Museo Británico, la Sociedad Real de Minas, la Royal Geographical Society, la Enciclopedia Británica, y nueve periódicos ingleses, además de personalidades como William Morris, Patrick Geddes y Alfred Russel Wallace. El petitorio fue presentado al ministro francés de Justicia por el escritor Victor Hugo, rechazando la petición. Hacia fines de 1883 Kropotkin contrajo malaria, enfermedad endémica de la región, comprometiendo su salud durante algunos meses. Mientras tanto, Reclús reunió los artículos de Kropotkin para Le Révolté en un volumen que se publicó en París en noviembre de 1885, titulado Palabras de un rebelde.

Las peticiones de libertad presionaron tanto al gobierno francés que el primer ministro Freycinet se vio obligado a declarar que “razones diplomáticas impiden la liberación de Kropotkin”, generando una reacción mayor de la opinión pública al admitir las exigencias del Zar en la política interior de Francia. El gobierno francés no tuvo más remedio que perdonar a los detenidos y liberarlos el 15 de enero de 1886. Kropotkin y Sofía, quebrados económicamente se trasladaron a París, donde pudieron obtener medios de subsistencia más adecuados. Para prevenir una posible deportación a Rusia por parte del gobierno francés, Kropokin decidió establecerse en Inglaterra, no sin pronunciar el 28 de febrero de 1886, en la víspera de su partida, el discurso El anarquismo y su lugar en la evolución socialista ante varios miles de personas.

Sus experiencia vividas como prisionero en Rusia y Francia, provocaron en Kropotkin su rechazo hacia toda forma de encarcelamiento como forma de recuperación social y moral de los detenidos. Posteriormente estas impresiones se volcarían en un texto publicado en Inglaterra en marzo de 1887, En las prisiones rusas y francesas. La primera edición de este libro fue comprada por los agentes del gobierno ruso para impedir su difusión, logrando destruir la mayor parte de los ejemplares. Finalmente se reeditó años después.

…he podido convencerme a mi mismo de que, en cuanto a sus efectos sobre el preso y sus resultados para la sociedad en general, las mejores prisiones reformadas —sean o no celulares— son tan malas, o aún peores, que las sucias cárceles antiguas. Ellas no mejoran al preso; por el contrario, en la inmensa y abrumadora mayoría de casos, ejercen sobre ellos los efectos más lamentables. El ladrón, el estafador y el granuja que han pasado algunos años en un penal, salen de él más dispuestos que nunca a continuar por el mismo camino, hallándose mejor preparados para ello, habiendo aprendido a hacerlo mejor, estando más enconados contra la sociedad y encontrando una justificación más sólida de su rebeldía contra sus leyes y costumbres, razón por la cual tienen, necesaria e inevitablemente, que caer cada vez más hondo en la sima de los actos antisociales que por primera vez le llevaron ante los jueces.

P. Kropotkin; Memorias de un revolucionario

Los años de exilio en Inglaterra

Cubierta de Ley y autoridad, edición inglesa de 1886

Kropotkin y Sofía arribaron a Inglaterra en marzo de 1886, donde permaneció durante 3 décadas, llevando una vida completamente distinta y apaciguada, dedicada a la investigación científica y la elaboración teórica e ideológica. Su salud quedó también muy resentida por los años de prisión, afectada por el clima inglés, que le provocaba bronquitis crónicas. Se estableció en los arrabales londinenses, y tomó hábitos relativamente sedentarios, comparados con su permanente movilidad y agitación de las dos décadas anteriores.

Una de sus primeras actividades consistió en fundar un grupo editor de un periódico anarquista, integrado por Charlotte Wilson, el doctor Burns Gibson, además de Kropotkin y Sofía, entre otros. El grupo se denominaba Freedom (Libertad) y se dedicaba a tareas de propaganda, editar un periódico y organizar conferencias. Inicialmente el grupo publicaba sus escritos en el periódico de Henry Seymour, The Anarchist. Pronto la autoridad intelectual de Kropotkin se hizo sentir sobre el pensamiento del tuckeriano Seymour, y su periódico declaró su adhesión al comunismo anarquista. En esta misma época trabó amistad con William Morris. En abril se instaló en una casa barata con escasos muebles en la zona de Harrow, en las afueras de Londres. Continuó colaborando con diversas publicaciones: The Ninteenth Century, Freiheit (de Johann Most), La Révolte (sucesor de Le Révolté), Nature y The Times.

El grupo Freedom se escindió de The Anarchist después de una disputa con Seymour, y en octubre de 1886 salió el primer número de Freedom. Consistía de un pliego de 4 páginas escrito en su mayoría por Kropotkin y Wilson, que se imprimió hasta 1888 en el taller de la Liga Socialista de William Morris. Mientras tanto, la vida personal de Kropotkin se sintió conmovida por la noticia del suicidio de su hermano Alejandro en Siberia, el 6 de agosto, quien era su último lazo familiar con Rusia. El auge de los movimientos socialistas en Inglaterra despertó el interés del público hacia el anarquismo, y Kropotkin se convirtió en un activo conferencista visitando casi todas las grandes ciudades de Inglaterra y Escocia. En su visita a Edimburgo trabó amistad con Patrick Geddes, sobre quien influiría fuertemente en su pensamiento.

El 15 de abril de 1887 nació su única hija, a quien dieron el nombre de Alejandra, en recuerdo de su hermano. A fines de ese año se vio muy involucrado y preocupado por las condenas a muerte a los procesados en el atentado de Haymarket, en los Estados Unidos. Kropotkin participó en la campaña por la liberación de los prisioneros anarquistas y el 14 de octubre habló en un gran acto en Londres, junto a personalidades como William Morris, George Bernard Shaw, Henry George y Stepniak, aunque finalmente los procesados fueron ejecutados el 11 de noviembre. El 13 de noviembre participó de una manifestación convocada por William Morris a favor de la libertad de expresión en Trafalgar Square, que terminó en serios disturbios. El grupo Freedom comenzó a crecer en miembros y a ganar en influencia en el movimiento socialista inglés, incorporándose muchos miembros antiparlamentaristas de la Liga Socialista de W. Morris (quien aceptaba los puntos de vista de Kropotkin, aunque nunca llegó a declararse anarquista). De esta liga finalmente se escindiría en 1888 la facción parlamentarista de Eleanor Marx. No obstante, las relaciones entre el grupo Freedom y la Liga Socialista antiparlamentaria también se deterioraron, marcándose un distanciamiento.

Escritor, científico y teórico.

A partir de 1890 las actividades de Kropotkin como agitador fueron cada vez más escasas y comenzó a predominar fuertemente su faceta de pensador, intelectual y científico. Escribía para muchas publicaciones anarquistas como Temps Noveaux (con las que colaboraba gratuitamente) y otras periodísticas como las inglesas The Speaker y The Forum o las norteamericanas The Atlantic Monthly, The North American Review y The Outlook. Pronunció decenas de conferencias, destacándose las de ciudades como Glasgow, Aberdeen, Dundee, Edimburgo, Mánchester, Darlington, Leicester, Plymouth, Bristol y Walsall. Las temáticas eran tan diversas que, además de la teoría anarquista, trataba literatura, política rusa, organización industrial, el sistema carcelario, naturalismo y las primeras exposiciones sobre su teoría de la ayuda mutua.

Cuando Huxley, queriendo luchar contra el socialismo, publicó en 1888 en The Nineteenth Century, su atroz artículo Struggle for Existence Manifesto, me decidí a presentar en forma comprensible mis objeciones a su modo de entender la referida lucha, lo mismo entre los animales que entre los hombres, materiales que estuve acumulando durante seis años. Hablé del particular a mis amigos; pero hallé que la interpretación de lucha por la existencia en el sentido del grito de guerra: ¡Ay de los vencidos! elevado a la altura de un mandato de la naturaleza revelado por la ciencia, estaba tan profundamente arraigado en este país, que se había convertido poco menos que en dogma.

P. Kropotkin, Memorias de un revolucionario

A partir de 1888 Kropotkin comenzó a escribir su obra sociológica, escribiendo tres artículos en The Nineteenth Century (“El derrumbe de nuestro sistema industrial;” “El futuro reino de la abundancia;” y, “La ciudad industrial del futuro”) que constituirían la base del libro Campos, fábricas y talleres, que publicaría posteriormente. Por esta época exponía en conferencias sus ideas sobre la libre distribución, el trabajo voluntario y la abolición del sistema salarial, basándose en el principio: “De cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”.

A lo largo de 1889 escribió artículos para Le Revolté y The Nineteenth Century sobre la revolución francesa y sus consecuencias, y en marzo de 1890 publicó el ensayo Trabajo intelectual y trabajo manual. A partir de septiembre de 1890 publicó en The Nineteenth Century los primeros ensayos en respuesta a Thomas Henry Huxley, que se reunirían finalmente en su obra científica más prestigiosa: La Ayuda mutua: un factor en la evolución. Durante 1892 escribió regularmente artículos de divulgación científica para este mismo periódico, explorando temáticas tan diversas como geología, biología, física y química; también se publicó en Francia La conquista del pan, con prefacio de Eliseo Reclus. Por esta época la reputación de Kropotkin fue creciendo, obteniendo un gran respeto y éxito como escritor entre el público general, además del reconocimiento académico que se materializaba en las frecuentes invitaciones a pronunciar conferencias sobre temáticas científicas en la British Association, la Universidad de Londres y el Teacher’s Guild. En 1894 Contemporary Review le dedicó un artículo laudatorio titulado “Nuestro refugiado político más distinguido”.

Vejez en Inglaterra

Durante 1892 los Kropotkin se mudaron a Woodhurst Road, Acton, pero en 1894 volvieron a cambiar de residencia, estableciéndose en una casa de campo en Bromley, Kent. Allí cultivaba un huerto, tenía un taller de trabajo donde fabricaba sus propios muebles y un despacho cuyas paredes estaban cubiertas de libros hasta el techo, de acuerdo con la descripción de Rudolf Rocker, que lo visitó en 1896. En su residencia recibía visitas de personajes de todo el mundo como Louise Michel, Fernando Tarrida del Mármol, Emma Goldman, Georg Brandes, entre otros.

El movimiento anarquista inglés comenzó a quedar aislado frente al auge del socialismo parlamentario; en 1895 el grupo Freedom, el grupo Commonweal y la Liga Socialista se fusionaron, asumiendo Alfred Marsh como redactor en jefe en reemplazo de Charlotte Wilson. Kropotkin –que era considerado por el público general más como un sabio erudito que como un anarquista- siguió colaborando con el periódico pero sin participar en actividades de propaganda, agitación o activismo, abocándose a la actividad intelectual casi exclusivamente. Durante el Congreso Socialista Internacional de Londres de 1896, los anarquistas fueron impedidos de participar por los parlamentaristas, estableciéndose una escisión definitiva en el movimiento socialista. Después de protestar enérgicamente, los anarquistas celebraron un congreso separadamente, aunque Kropotkin, algo débil de salud, no tuvo una participación activa. El fin de año de 1896 trajo noticias que afectaron profundamente a Kropotkin: la muerte de sus amigos William Morris y Stepniak.

En 1897 participó de las campañas contra el gobierno español, acusado de poner en práctica torturas a los prisioneros en Montjuich (Barcelona), pero su salud empeoró y la propia Sofía lo reemplazó como conferenciante, algo que se tornaría habitual de allí en adelante. Ese año viajó a América del Norte por medio de la Sociedad Inglesa para el Patrocinio de la Ciencia, que celebraba una reunión en Toronto, Canadá. En los Estados Unidos pronunció tres conferencias sobre ayuda mutua en el Instituto Lowell de Boston, y otra en Nueva York. En esta última ciudad se entrevistó con Johann Most, Benjamin Tucker y el líder socialista Daniel de Leon. En Pittsburgh intentó visitar a Alexander Berkman que estaba en prisión, pero no se lo permitieron. También arregló para publicar sus Memorias de un revolucionario en entregas en el Atlantic Monthly, que luego se publicaría en forma de libro en 1899. Paralelamente trabajó en la actualización y profundización de los artículos que constituirían la edición definitiva de Campos, fábricas y talleres, publicada también ese año. Durante la Guerra de los Boers Kropotkin se declaró en contra y denunció los crímenes del ejército inglés, a pesar de que podía acarrearle la expulsión del país.

Volvió a los Estados Unidos en 1901, visitó Chicago y pronunció conferencias en importantes universidades y en el Instituto Lowell de Boston, donde trató sobre literatura rusa, que luego se publicarían como libro en Ideales y realidades de la literatura rusa. En Nueva York habló en la Liga de Educación Política, en el Cooper Union ante 5000 personas y dos veces en un local de la Quinta Avenida. También pronunció discursos en Harvard y en el Wellesley College. Además, asistió a varias reuniones y actos organizados por sus amigos anarquistas, siempre muy concurridas y animadas. Regresó en mayo a Inglaterra y se dedicó de lleno a sus trabajos teóricos, completando los últimos artículos de El apoyo mutuo, que saldría a la luz en 1902.

Sus achaques de salud, en especial sus afecciones bronquiales, prácticamente le impidieron volver a la vida pública. En 1903 y 1904 expuso sus teoría geológicas en la Sociedad Geográfica. En 1904 publicó La necesidad ética de la época actual y en 1905 La moral de la naturaleza. Pero ese año sufrió un ataque cardíaco después de un acto en homenaje a los decembristas, que casi acaba con su vida. La Revolución rusa de 1905 volvió a enfocar a Kropotkin en los asuntos de su país natal. Pero en julio recibió la noticia de la muerte de su amigo Eliseo Reclus; Kropotkin escribió artículos en su memoria para el Geographical Journal y para Freedom. En otoño de 1907 se mudó a una casa en High Gate, donde terminó los trabajos teóricos pendientes, publicando en 1909 La Gran Revolución francesa, El terror en Rusia y entre 1910 y 1915 una serie de artículos en The Nineteenth Century sobre ética y ayuda mutua, evolucionismo, y sobre herencia biológica, tomando partido por un neolamarckismo y criticando las ideas de August Weismann acerca del plasma germinal.

La Guerra Europea y la Revolución rusa

En los últimos años del siglo XIX el movimiento anarquista ruso había iniciado un cierto florecimiento, lo cual trajo consecuentemente un incremento en la actividad de los grupos emigrados en Suiza, Francia e Inglaterra. En 1903 en Ginebra apareció Jleb i volia (Pan y Libertad), que introducido ilegalmente, llegó a influir dentro de Rusia. Kropotkin y Cherkésov le dieron su apoyo, escribiendo artículos sin firma. Si bien en lo teórico la influencia de Kropotkin era notoria, no lo era así en otras cuestiones tácticas y de práctica política concreta. Su oposición al terrorismo (es decir, a los asaltos como forma de financiación económica), contrastaba con las prácticas de muchos pequeños grupos anarquistas que actuaban en el interior de Rusia, desestabilizando al régimen zarista.

Abogó por la expropiación, porque el pueblo libre fuera a los almacenes y tomara la comida y la ropa que necesitara, siempre racionalizando. Para la vivienda se actuaría de la misma forma. Los alquileres se suprimirían, las casas vacías serían tomadas por familias que vivieran en la calle. Aquel que tuviera habitaciones libres, podrían ser tomadas por gente que las necesitara.

Declaró que todos los hombres y mujeres tienen derecho al bienestar social. Formuló ideas como las de trabajar cinco horas al día, teniendo el resto del tiempo libre para participar en tareas lúdicas de interés individual. Se comenzaría a contribuir a la sociedad a la edad de 25 años y se terminaría a los 45.

Demostró también cómo un sinfín de asociaciones funcionan sin la autoridad del estado, como la Cruz Roja o la Asociación Inglesa de Salvamento de Náufragos (Lifeboat Associations). Es más, la evolución de todas éstas asociaciones fue vertiginosa, notoria y alabada por todos. El estado lejos de ser el defensor, es el opresor y causante de todos los males del pueblo.

Mostró, además, una nueva y revolucionaria idea. Nos habló del espíritu organizador del pueblo. Pues como el pueblo, lejos de ser una masa de salvajes guiados por su sentido común, con capaces de traer «el nuevo orden» en ausencia de autoridad alguna.

Kropotkin se inclinaba por el anarcosindicalismo, el movimiento de masas y la participación en los soviets (mientras no se convirtiesen en organismo de autoridad). Las discusiones tácticas llevaron a los anarquistas rusos a celebrar dos conferencias en Londres en diciembre de 1904 y octubre de 1906, y publicando un documento titulado La revolución rusa y el anarquismo en 1907. En estos documentos tuvo una fuerte presencia el pensamiento de Kropotkin, influenciado por los acontecimientos revolucionarios de 1905.[38] A partir de entonces Kropotkin comenzó a pensar en regresar a Rusia a participar de la lucha contra la autocracia.

Kropotkin en su estudio

Su salud siguió declinando y en otoño de 1911 volvió a trasladar su residencia, estableciéndose en Kemp Town, Brighton, su último hogar en Inglaterra. Por razones de salud, desde hacía algunos años Kropotkin pasaba los inviernos en el extranjero, para no sufrir las intemperancias del clima. En estos viajes visitó París y la región de Bretaña (Francia), Ascona, Bordighera y Rapallo (Italia) y Locarno (Suiza), cuyo clima aliviaba sus bronquitis crónica. En 1912 partició del Congreso Internacional de Eugenesia en Londres, donde expuso puntos de vistas críticos hacia la esterilización de personas que defendían algunos científicos. Ese año participó de la campaña para evitar la deportación a Italia de Errico Malatesta, logrando influir al ministro del gabinete liberal John Burns para que se suspendiera dicha medida. En diciembre de 1912, al cumplir 70 años, recibió emotivos homenajes y felicitaciones; en uno de ellos que se celebró en el Palace Theatre de Londres, hablaron George Bernard Shaw, George Lansbury y Josiah Wedgwood, entre otros.

Después de la revolución de 1905 el anarquismo en Rusia experimentó un crecimiento vertiginoso, surgiendo decenas de grupos por todo el país. Las obras de Kropotkin comenzaron a editarse de forma legal o ilegal; su influencia se dio fundamentalmente entre los anarquistas comunistas y los anarcosindicalistas. El periódico de los emigrados en el que participaba Kropotkin se disolvió y fue reemplazado por Listkí Jleb i volia, tarea en que colaboró con Alexander Schapiro y Maria Goldsmith. Pero en junio de 1907 debió abandonar su publicación. Dedicó sus energías a traducir al ruso y editar buena parte de su obra, entre las que destacan la edición de La Gran Revolución Francesa, finalizada en 1914. Kropokin colaboró también con el periódico de anarquistas emigrados Rabochi Mir y en algunos números de Jleb i volia, que reapareció fugazmente durante 1910 en París.

Durante los años previos a la Primera Guerra Mundial, rompiendo con el tradicional antibelicismo de los anarquistas, tomó partido por la Francia republicana frente al Imperio Alemán de Bismarck, al que consideraba el mayor peligro, ya que pensaba que era necesario oponerse a la política extremadamente militarista de Alemania para generar un contrapeso geopolítico. Al iniciarse el conflicto, se produjo una brecha entre Kropotkin, Jean Grave y los anarquistas que apoyaban la intervención en la guerra, con el movimiento anarquista internacional, lo cual le valió fuertes críticas y la ruptura con muchos de sus viejos amigos como Dumartheray, Herzig y Luigi Bertoni. Esta actitud le llevó a una disputa con los miembros de Freedom, que publicó una carta de Malatesta demoledoramente crítica hacia el belicismo de Kropotkin, carta que representaba la opinión mayoritaria del movimiento anarquista.

Después de una violenta discusión con Thomas Keell, director de Freedom, Kropotkin, Cherkésov, Sofía y otros anarquistas favorables a los Aliados se abrieron del grupo editorial del que eran fundadores. Casi todos los anarquistas manifestaron su rechazo a la guerra y su desacuerdo con Kropotkin, que fue apoyado por Jean Grave, James Guillaume, Paul Reclus, Carlos Malato, Christiaan Cornelissen; estos firmaron una declaración belicista conocida como el Manifiesto de los Dieciséis, y editaron su propio periódico, La Bataille Syndicaliste. Este manifiesto fue también respondido por otro manifiesto de oposición a la guerra, apoyado por Malatesta, Shapiro, Emma Goldman, Alexander Berkman, Thomas Keell y Rudolf Rocker, entre otros.[45] Poco después manifestaron su crítica al grupo de anarquistas belicistas Luigi Fabbri, Émile Armand y Sebastian Faure.

Kropotkin y su grupo quedaron prácticamente aislados no solo dentro del movimiento anarquista, sino también del movimiento socialista en general. La posición de Kropotkin fue aprovechada por Lenin para calificarlo de pequeño burgués y patriotero, y así poder atacar a los anarquistas, en su amplia mayoría contrarios a la guerra. Kropotkin perdió contacto con sus viejos amigos anarquistas y se recluyó en su residencia, hasta que en marzo de 1917 llegaron las primeras noticias acerca de la caída del zarismo.

Retorno a Rusia y muerte

Tras la Revolución de Febrero Kropotkin decidió emprender el regreso, entusiasmado por el giro de los acontecimientos. A mediados de 1917 embarcó de incógnito en Aberdeen con destino a Bergen (Noruega), pero a pesar del secreto fue recibido por una manifestación de trabajadores y estudiantes. Atravesó Suecia y Finlandia ingresando a Rusia después de 41 años. Durante todo el viaje recibió muestras de apoyo y afecto por cada pueblo que pasó. Llegó a Petrogrado en ferrocarril a las dos de la madrugada, siendo recibido en la estación por un regimiento militar, una banda interpretando La Marsellesa y una manifestación de bienvenida de 70 000 personas.

Este período se caracterizó por una frenética participación en actos, discursos y reuniones, lo que afectó gravemente a su salud deteriorada. Pero no se recompuso su relación con el grueso del movimiento anarquista, ya que Kropotkin seguía insistiendo en que la participación en la guerra aseguraría las conquistas de la revolución; lo que “le llevó a situaciones y compañías equívocas.” La inmensa mayoría de los anarquistas no apoyaba la guerra, razón por la cual mantuvo relaciones ocasionales con los mencheviques, y otros partidos constitucionalistas belicistas alejados del sector revolucionario. Kerensky le ofreció un cargo en el gobierno, una fuerte pensión mensual y residencia en el Palacio de Invierno, pero Kropotkin lo rechazó dignamente, aunque no rehusó brindar sus consejos informalmente.

En agosto abandonó la frenética Petrogrado y se estableció en Moscú, participando poco después en la Conferencia de Estado de todos los partidos como orador, donde se manifestó crítico con las políticas bolcheviques, y a favor de continuación de la guerra y de la constitución de una república federal. Estas manifestaciones reformistas y moderadas fueron utilizadas por los bolcheviques para desacreditar a Kropotkin y contragolpear a los anarquistas. La Revolución de Octubre acabó con el gobierno de Kerensky, asumiendo el poder los bolcheviques. El fin de la guerra y la radicalización del movimiento de masas acabaron con el desconcierto ideológico que se había apoderado de Kropotkin desde su apoyo a la Entente, y retomó sus principios anarquistas. Se abocó a trabajar en la Liga Federalista, un grupo de estudiosos de las problemáticas sociológicas que impulsaba el federalismo y la descentralización, brindaba datos estadísticos y estudios al público, pero a mediados de 1918 fue suprimida por las autoridades bolcheviques. Si bien Kropotkin no fue personalmente afectado por la represión (ya que lo consideraban inofensivo), los bolcheviques iniciaron su represión no solo contra los opositores mencheviques y social-revolucionarios, sino también contra los grupos, organizaciones y periódicos anarquistas, que habían apoyado el movimiento de masas en la Revolución de Octubre. Esta situación y el fin de la guerra, lo acercaron a los anarquistas rusos, con quienes recompuso sus buenas relaciones, teniendo tratos con Grigori Maksímov, Volin y Alexander Shapiro.

Multitud acompañando al féretro de Kropotkin

En la primavera de 1918 Kropotkin recibió la visita de Néstor Majnó, líder campesino de los anarquistas de Ucrania. En Dmítrov se encargó de reorganizar el museo local, y se abocó a terminar su Ética (que finalmente quedará inconclusa), que debía interrumpir por períodos su trabajo a causa de problemas de salud. Kropotkin, a pesar de su enfrentamiento con los bolcheviques, rechazaba aún más el intervencionismo de los Aliados occidentales en los asuntos rusos. A principios de mayo de 1919 se entrevistó con Lenin en Moscú, haciendo Kropotkin una defensa de las cooperativas que los bolcheviques atacaban, y criticando los métodos coercitivos y la burocracia de los bolcheviques, aunque el tono general de la entrevista fue cordial. Más adelante le escribiría a Lenin en 3 oportunidades, pero sus peticiones y críticas nunca fueron atendidas.

Los métodos bolcheviques hicieron que Kropotkin endureciese su visión crítica. Esta actitud ha sido testimoniada por los visitantes Alexander Berkman, Emma Goldman, Alexander Shapiro, Ángel Pestaña y Agustín Souchy Bauer y por las cartas que escribió Kropotkin a Georg Brandes y a Alexander Atabekian. Escribió en junio de 1920 una “Carta a los obreros del mundo occidental” donde expuso sus concepciones anarquistas y sus críticas a la Revolución lúcidamente. En 1920 escribió una dura carta a Lenin reprochándole la práctica de amenazar con asesinar a los prisioneros de guerra para protegerse de sus adversarios.

Ha aparecido la noticia, en los diarios Izvestia y Pravda que da a conocer la decisión del gobierno soviético de tomar como rehenes a algunos miembros de los grupos de Sávinkov y Cherkov del partido socialdemócrata, del centro táctico nacionalista de los guardias blancos, y a oficiales de Wrangel, para que, en caso de que sea cometido un intento de asesinato contra 108 líderes de los soviets, sean “exterminados sin piedad” tales rehenes. ¿Es que realmente no hay nadie cerca de usted que recuerde a sus camaradas y les persuada de que tales medidas representan un retorno al peor periodo de la Edad Media y de las guerras religiosas, y es totalmente decepcionante de gente que se ha echado a cuestas la creación de la sociedad en consonancia con los principios comunistas? Cualquier persona que ame el futuro del comunismo no puede lanzarse a lograrlo con tales medidas… …Pienso que deben tomar en cuenta que el futuro del comunismo es más precioso que sus propias vidas. Y me alegrarla que con sus reflexiones renuncien a este tipo de medidas. Con todo y estas muy serias deficiencias, la revolución de Octubre ha traldo un enorme progreso. Ha demostrado que la revolución social no es imposible, cosa que la gente de Europa Occidental ya habla empezado a pensar. y que, a pesar de sus defectos está trayendo algún progreso en dirección a la igualdad. Por qué entonces golpear a la revolución empujándola a un camino que la lleva a su destrucción, sobre todo por defectos que no son inherentes al socialismo o al comunismo, sino que representa la sobrevivencia del viejo orden y de los antiguos efectos destructivos de la omnívora autoridad ilimitada?

P. Kropotkin

Kropotkin en su lecho de muerte.

Kropotkin volvió a entrevistarse con Lenin, donde le expuso sus puntos de vista. A partir de noviembre su salud comenzó a deteriorarse, y el 23 de diciembre de 1920 escribió al anarquista holandés P. de Reyger su última carta. En enero comenzó a padecer una neumonía, y a pesar de los cuidados médicos, falleció a las 3 de la madrugada del 8 de febrero de 1921, en Dmítrov.

Multitudinario funeral

Editar

El gobierno bolchevique ofreció un funeral oficial pero la familia y amigos anarquistas rechazaron la oferta. Los grupos anarquistas rusos formaron una comisión fúnebre para organizar la ceremonia, entre los que se destacaban Alexander Berkman, Emma Goldman y Sasha Kropotkin. Desde las autoridades locales apenas se permitió la edición de dos folletos en su memoria que debían pasar por la censura previa, por lo que los anarquistas reabrieron una imprenta clausurada por la Cheka y editaron los folletos sin censura previa.

Oradores en el funeral: Goldman, Baron, Maksímov y Berkman

Mientras tanto, cientos de obreros, estudiantes, campesinos, funcionarios y soldados pasaban por la pequeña vivienda a despedirse del viejo revolucionario. Las escuelas permanecieron cerradas en señal de duelo y los niños arrojaban ramas de pino al paso de la comitiva que transportaba el cuerpo de Kropotkin. El ataúd fue llevado a la estación del ferrocarril, y de allí en tren a Moscú. Una multitud recibió el féretro y lo acompañó hasta el Palacio del Trabajo. Los anarquistas presionaron al gobierno para que se liberase provisionalmente a los anarquistas detenidos y se les permitiese acudir a la celebración. Kámenev les prometió liberar a los detenidos a cambio de que los anaquistas no convirtiesen el ceremonial en una manifestación de repudio al gobierno. En mitad del acto llegaron solo siete de los anarquistas detenidos, entre los cuales se encontraban Aarón Baron y Grigori Maksímov.

La multitud de unas 100 000 personas acompañó al féretro los 8 kilómetros que distaban hasta el Cementerio Novodévichi. Los seguía una orquesta que ejecutaba la Sinfonía Patética de Chaikovski. Cientos de banderas de partidos políticos, sociedades científicas, sindicatos y organizaciones estudiantiles ondeaban entre los concurrentes. También flameaban las banderas negras de los anarquistas. En el Museo Tolstói también ondeaba la bandera negra, y al pasar los manifestantes por la Prisión de Butyrka, los presos políticos extendían los brazos por las ventanillas enrejadas para saludar. Una vez en el cementerio, los oradores fueron pronunciando sus homenajes; el último en hablar fue Aarón Barón, uno de los anarquistas presos liberados provisionalmente, que audazmente protestó contra el gobierno bolchevique, las cárceles y las torturas contra los revolucionarios opositores. El entierro de Kropotkin fue la última manifestación masiva del anarquismo ruso durante el gobierno bolchevique.

Pensamiento

Hasta el momento, en las bases del anarquismo encontrábamos la colectivización de los medios de producción, gestionados éstos por sociedades obreras. También encontramos un salario según lo realizado por cada uno/a y la desaparición del Estado y del gobierno. Ideas llegadas gracias a las aportaciones de Proudhon, Guillaume, Bakunin… El tema central de los numerosos trabajos de Kropotkin fue la abolición de toda forma de gobierno en favor de una sociedad que se rigiera exclusivamente por el principio de la ayuda mutua (título de uno de sus libros) y la cooperación, sin necesidad de instituciones estatales. Esa sociedad ideal (comunismo anarquista o anarcocomunismo) sería el último paso de un proceso revolucionario que pasaría antes por una fase de colectivismo (el anarcocolectivismo, teoría en ciertos aspectos cercana al tipo de comunismo planteado aquí). Su ideario anarco-comunista se basaba en principios como el de “a cada cual según su necesidad, de cada cual según su capacidad”, en contra de lo que pensaba Bakunin. Probablemente su libro más importante para el pensamiento anarquista sea La Conquista del Pan (1892). Según lo resume Ángel Cappelletti,

La tesis sustentada por Kropotkin en esta obra se reduce a lo siguiente: Todos los bienes que dispone hoy la sociedad son producto del trabajo mancomunado y solidario de los hombres de ayer y de hoy. Todos los bienes, por tanto, pertenecen por igual a todos, desde el momento en que resulta imposible discriminar la parte que en su producción ha tenido cada uno.

Aun así, el comunismo libertario de Kropotkin, no estuvo exento de algunas divergencias frente a las tesis proudhonianas y bakunistas. Kropotkin basaba su pensamiento en torno a tres ejes:

1 ¿Cómo organizar la producción y el consumo en una sociedad libre?: Mediante la colectivización de los medios de producción y los bienes obtenidos, junto con una racionalización de la economía y la creación de la comuna autosuficiente (la comuna suprime las diferencias campo-ciudad, crea una descentralización industrial y también suprime la división del trabajo). Además, por el contrario del capitalismo, no rige el principio de máximo beneficio individual, puesto que rige un principio más justo e igualitario: “a cada cual, según su trabajo”. Sustentado todo en el apoyo mutuo.

2 Apoyo mutuo: En el apoyo mutuo reside una interpretación más amplia del evolucionismo darwiniano: Kropotkin demuestra que la cooperación y la ayuda recíproca son prácticas comunes y esenciales en la naturaleza humana. Si se renuncia a la solidaridad por la codicia, se cae en la jerarquización social y el despotismo.

3 Concepción moral y ética: Solo una moral basada en la libertad, solidaridad y justicia, puede superar los instintos destructivos que también forman parte de la naturaleza humana. En todo caso, la ciencia ha de ser la guía de los fundamentos éticos y no de principios sobrenaturales. La investigación de las estructuras sociales, debe producir el conocimiento de las necesidades humanas, base para el desarrollo de una sociedad libre.

Naturalista

En su faceta de naturalista, planteó la importancia de la cooperación como factor clave en la evolución paralelo a la competencia. Su trabajo más famoso, La ayuda mutua, escrito a partir de sus experiencias en las expediciones científicas durante su estancia en Siberia, critica las ideas de Thomas Henry Huxley y Herbert Spencer (padre del darwinismo social) que basaban la selección natural en la lucha entre individuos. En un principio, los procesos en los cuales las especies basaban sus interacciones intraespecíficas e interespecíficas se habían relacionado principalmente con dos conceptos importantes: «lucha por la existencia» y «altruismo». Ambos términos fueron trascendentales en la concepción darwinista de la evolución. Sin embargo, el primero de ellos fue para muchos el que aportaba más elementos para explicar la evolución de las especies. Kropotkin para refutar la lucha por la vida como eje central en la evolución, realiza una serie de estudios en Siberia de 1862 a 1867 y observa que las especies en esa parte de Asia septentrional, lejos de ostentar una lucha encarnizada por sobrevivir, mostraban una conducta altruista que él definiría como «apoyo mutuo». De tal forma, el altruismo entre las especies fue para él lo que proporcionará a las mismas el éxito en la lucha por la existencia.

Sus obras fueron escritas tanto en inglés como en francés en principio popularizándose en otros idiomas como el español, actualmente existen ejemplares en múltiples idiomas.

Atlántida

Atlántida (en griego antiguo Ἀτλαντίς νῆσος, Atlantís nēsos, ‘isla de Atlas’) es el nombre de una isla mítica mencionada y descrita en los diálogos Timeo y Critias, textos del filósofo griego Platón.

En dichos diálogos, la isla aparece como una potencia militar que existió nueve mil años antes de la época del legislador ateniense Solón, quien, según Platón, es la fuente del relato. Es ubicada más allá de las Columnas de Hércules; y se la describe como más grande que Libia y Asia Menor juntas.

El poderío de la Atlántida fue tal que llegó a dominar el oeste de Europa y el norte del África, hasta ser detenida por la ciudad de Atenas. En ese mismo momento una catástrofe, que no se describe, hizo desaparecer a la vez la isla y los ejércitos rivales, «en un solo día y una noche terrible».

El mar donde estuviera la Atlántida se tornó innavegable a causa de los bajíos, en tanto que Atenas y los pueblos de Grecia olvidaron el suceso, pues solo unos pocos sobrevivieron. En Egipto, en cambio, se preservó el recuerdo que, miles de años más tarde, llegó a conocimiento de Solón y, a partir de sus relatos y un manuscrito, a Critias, el narrador.

La descripción detallada de la isla y la mención de que se trata de una historia verdadera llevó a muchos investigadores a proponer diversas conjeturas sobre su ubicación y existencia. Del mismo modo, el hecho de que la fuente sea una tradición no comprobada y la evidencia de que en los diálogos se hace uso de la ironía hizo que otros estudios considerasen a la historia como una invención literaria destinada a expresar ciertas ideas políticas de Platón.

Durante la Antigüedad y la Edad Media prevaleció la interpretación del relato como una alegoría, pero a partir de la Edad Moderna y, especialmente desde la segunda mitad del siglo xix, durante el Romanticismo, se multiplicaron las hipótesis sobre la Atlántida, identificándola con diversas culturas del pasado o con la cuna de la civilización.

La investigación moderna, no obstante, ha comprobado que no existen las supuestas fuentes egipcias del relato y que la narración presenta anacronismos y datos imposibles, lo cual lleva a descartarla como histórica. Algunos investigadores, sin embargo, admiten la posibilidad de que el mito haya sido inspirado en un fondo de realidad histórica vinculado a algún desastre natural.

Timeo y Critias

Las fuentes del relato de la Atlántida son el Timeo y el Critias, diálogos escritos por el filósofo griego Platón. En ellos, Critias, discípulo de Sócrates, cuenta una historia que de niño escuchó de su abuelo y que éste, a su vez, supo de Solón, el venerado legislador ateniense, a quien se la habían contado sacerdotes egipcios en Sais, ciudad del delta del Nilo. La historia, que Critias afirma verdadera, se remonta en el tiempo a nueve mil años antes de la época de Solón, para narrar cómo los atenienses detuvieron el avance del imperio de los atlantes, belicosos habitantes de una gran isla llamada Atlántida, situada más allá de las Columnas de Hércules y que, al mismo tiempo de la victoria ateniense, desapareció en el mar a causa de una violenta catástrofe y un gran diluvio

En el Timeo, Critias habla de la Atlántida en el contexto de un debate acerca de la sociedad ideal. Cuenta cómo llegó a enterarse de la historia y cómo fue que Solón la escuchó de los sacerdotes egipcios. Refiere la ubicación de la isla y la extensión de sus dominios en el mar Mediterráneo, la heroica victoria de los atenienses y, finalmente, cómo fue que el país de los atlantes se perdió en el mar.

En el Critias, el relato se centra en la historia, geografía, organización y gobierno de la Atlántida, para luego comenzar a narrar cómo fue que los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia, momento en el que el relato se interrumpe abruptamente, quedando la historia inconclusa.

Descripción de la isla

Los textos de Platón señalan la geografía de la Atlántida como escarpada, a excepción de una gran llanura de forma oblonga de 3000 por 2000 estadios, poco menos de 2000 kilómetros cuadrados rodeada de montañas hasta el mar. A mitad de la longitud de la llanura, el relato ubica una montaña baja de todas partes, distante 50 estadios (9 kilómetros) del mar, destacando que fue el hogar de uno de los primeros habitantes de la isla, Evenor, nacido del suelo.

Según el Critias, Evenor tuvo una hija llamada Clito. Cuenta este escrito que Poseidón era el amo y señor de las tierras atlantes, puesto que, cuando los dioses se habían repartido el mundo, la suerte había querido que a Poseidón le correspondiera, entre otros lugares, la Atlántida. He aquí la razón de su gran influencia en esta isla. Este dios se enamoró de Clito y para protegerla, o mantenerla cautiva, creó tres anillos de agua en torno de la montaña que habitaba su amada. La pareja tuvo diez hijos, para los cuales el dios dividió la isla en respectivos diez reinos. Al hijo mayor, Atlas o Atlante, le entregó el reino que comprendía la montaña rodeada de círculos de agua, dándole, además, autoridad sobre sus hermanos. En honor a Atlas, la isla entera fue llamada Atlántida y el mar que la circundaba, Atlántico. Su hermano gemelo se llamaba Gadiro (Eumelo en griego) y gobernaba el extremo de la isla que se extendía desde las Columnas de Hércules hasta la región que por derivación de su nombre se denominaba Gadírica.

Favorecida por Poseidón, la isla de Atlántida era abundante en recursos. Había toda clase de minerales, destacando el oricalco (cobre de montaña) más valioso que el oro para los atlantes y con usos religiosos (se especula que el relato hace referencia a una aleación natural del cobre). También había grandes bosques que proporcionaban ilimitada madera; numerosos animales, domésticos y salvajes, especialmente elefantes; copiosos y variados alimentos provenientes de la tierra.

Tal prosperidad dio a los atlantes el impulso para construir grandes obras. Edificaron sobre la montaña rodeada de círculos de agua una espléndida acrópolis plena de notables edificios, entre los que destacaban el Palacio Real y el templo de Poseidón. Construyeron un gran canal, de 50 estadios de longitud, para comunicar la costa con el anillo de agua exterior que rodeaba la metrópolis; y otro menor y cubierto, para conectar el anillo exterior con la ciudad. Cada viaje hacia la ciudad era vigilado desde puertas y torres, y cada anillo estaba rodeado por un muro. Los muros estaban hechos de roca roja, blanca y negra sacada de los fosos, y recubiertos de latón, estaño y oricalco. Finalmente, cavaron, alrededor de la llanura oblonga, una gigantesca fosa a partir de la cual crearon una red de canales rectos que irrigaban todo el territorio de la planicie.

Los reinos de la Atlántida formaban una confederación gobernada a través de leyes, las cuales se encontraban escritas en una columna de oricalco, en el Templo de Poseidón. Las principales leyes eran aquellas que disponían que los distintos reyes debían ayudarse mutuamente, no atacarse unos a otros y tomar las decisiones concernientes a la guerra, y otras actividades comunes, por consenso y bajo la dirección de la estirpe de Atlas. Alternadamente, cada cinco y seis años, los reyes se reunían para tomar acuerdos y para juzgar y sancionar a quienes de entre ellos habían incumplido las normas que los vinculaban.

La justicia y la virtud eran propios del gobierno de la Atlántida, pero cuando la naturaleza divina de los reyes descendientes de Poseidón se vio disminuida, la soberbia y las ansias de dominación se volvieron características de los atlantes. Según el Timeo, comenzaron una política de expansión que los llevó a controlar los pueblos de Libia hasta Egipto y de Europa, hasta Tirrenia. Cuando trataron de someter a Grecia y Egipto, fueron derrotados por los atenienses.

El Critias señala que los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia, pero el relato se interrumpe en el momento en que Zeus y los demás dioses se reúnen para determinar la sanción. Sin embargo, habitualmente se suele asumir que el castigo fue un gran terremoto y una subsiguiente inundación que hizo desaparecer la isla en el mar, “en un día y una noche terribles”, según señala el diálogo en Timeo.

En la Antigüedad

Se conservan algunos párrafos de escritores antiguos que aluden a los escritos de Platón sobre la Atlántida. Estrabón, en el siglo i a. C., parece compartir la opinión de Posidonio (c. 135-51 a. C.) acerca de que el relato de Platón no era una ficción, lo que considera más plausible que compararlo con el “muro de madera” de los aqueos, paradigma de lo ficticio. Un siglo más tarde, Plinio el Viejo señala en su Historia Natural que, de dar crédito a Platón, se debería asumir que el océano Atlántico se llevó en el pasado extensas tierras. Por su parte, Plutarco, en el siglo ii, menciona los nombres de los sacerdotes egipcios que habrían relatado a Solón la historia de la Atlántida: Sonkhis de Sais y Psenophis de Heliópolis, desconocidos por otras fuentes. Finalmente, en el siglo v, comentando el Timeo, Proclo refiere que Crantor (aprox. 340-290 a. C.), filósofo de la Academia de Atenas, viajó a Egipto y pudo ver las estelas en que se hallaba escrito el relato que escuchó Solón; sin embargo, el texto de Proclo es lo suficientemente ambiguo como para pensar que, en realidad, quien vio las estelas fue Platón y que Proclo no se pronuncia sobre la veracidad de esta historia. Diodoro Sículo, menciona una isla en el Atlántico, existente y de gran feracidad, descubierta por los cartagineses a la cual nunca llama Atlàntida. Además menciona extensamente y, sin relacionarlos con ella, a los atlantes, una tribu libia. Claudio Eliano nombra al pasar a la Atlántida, mientras que Teopompo lo hace de manera paródica (Meropis).

En la Edad Media, Eustacio de Tesalónica, menciona a la Atlántida en su comentario a la obra de Dionisio Periegeta.

Si bien conocida, durante la Edad Media la historia de la Atlántida no llamó mayormente la atención. En el Renacimiento, la leyenda fue recuperada por los humanistas, quienes la asumirán unas veces como vestigio de una sabiduría geográfica olvidada y otras, como símbolo de un porvenir utópico. El escritor mexicano Alfonso Reyes Ochoa afirma que la Atlántida, así resucitada por los humanistas, trabajó por el descubrimiento de América.[32] Francisco López de Gómara en su Historia General de las Indias, de 1552, afirma que Colón pudo haber estado influido por la leyenda atlántida y ve en voz náhuatl atl (agua) un indicio de vínculo entre aztecas y atlantes. Durante los siglos xvi y xvii, varias islas (Azores, Canarias, Antillas, etc.) figuraron en los mapas como restos del continente perdido. En 1626, el filósofo inglés Francis Bacon publicó La Nueva Atlántida (The New Atlantis), utopía en pro de un mundo basado en los principios de la razón y el progreso científico y técnico. En España, en 1673, el cronista José Pellicer de Ossau identifica la Atlántida con la península ibérica, asociando a los atlantes con los misteriosos tartesios.

En la Edad Contemporánea

Las conjeturas que postulaban la existencia de la Atlántida como el «continente perdido» fueron invalidadas por la comprobación del fenómeno de la deriva continental durante los años 1950. Por ello, algunas de las hipótesis modernas proponen que algunos de los elementos de la historia de Platón se derivan de mitos anteriores o se refieren a lugares ya conocidos.

Ignatius Donnelly

Mapa en Atlantis: The Antediluvian World (1882), de Ignatius Donnelly.

No será hasta la segunda mitad del siglo xix, que la historia de la Atlántida adquiera la fascinación que provoca hasta hoy en día. En 1869, Julio Verne escribió Veinte mil leguas de viaje submarino, novela que en su capítulo IX describe un encuentro de los protagonistas con los restos de una sumergida Atlántida. Tiempo después, en 1883, Ignatius Donnelly, congresista norteamericano, publicaría Atlántida: el mundo antediluviano (Atlantis: The Antediluvian World). En dicha obra, Donnelly, a partir de las semejanzas que aprecia entre las culturas egipcia y mesoamericana, hacía converger, de modo muchas veces caprichoso, una serie de antecedentes y observaciones que lo llevan a concluir que hubo una región, desaparecida, que fue el origen de toda civilización humana (véase difusionismo) y cuyo eco habría perdurado en la leyenda de la Atlántida. El libro de Donnelly tuvo gran acogida de público (fue reeditado hasta 1976), en una época en que el avance de la ciencia permitía a su hipótesis aparecer seductoramente verosímil. Tanto fue así, que el gobierno británico organizó una expedición a las islas Azores, lugar donde el escritor situaba la Atlántida.

Atlántida esotérica

Portada de Atlantis: Die Urheimat der Arier (1922), de Zschaetzsch.

El éxito de Donnelly motivó a los autores más diversos a plantear sus propias teorías. En 1888, la ocultista Madame Blavatsky publicó La Doctrina Secreta. Allí aludía al El Libro de Dzyan un supuesto documento tibetano cuyo origen remoto estaría en la Atlántida. Según Blavatsky, los atlantes habrían sido una raza de humanos anterior a la nuestra, cuya civilización habría alcanzado un notable desarrollo científico y espiritual.

La Sociedad Thule estudió la Atlántida. En este contexto de misticismo nazi y racismo «ario», además de Karl Georg Zschaetzsch con su libro Atlantis: Die Urheimat der Arier (1922) y Alfred Rosenberg, que aludiría a la Atlántida en su Der Mythus des zwanzigsten Jahrhunderts (1930), Heinrich Himmler habría organizado en 1938 una serie de expediciones a distintos lugares del mundo en busca de los antepasados atlantes de la raza aria.

Herman Wirth propuso teorías en torno a la Atlántida, continente cuyos habitantes habrían tenido que abandonar. Estos atlantes emigrados se habrían instalado en alguna región del norte de Europa, relacionando Wirth a estos con la mítica Hiperbórea y con los ingaevones. El tradicionalista y ocultista italiano Julius Evola también introduciría a la Atlántida en sus doctrinas raciales, aludiendo a mestizajes entre atlantes y razas sureñas y atribuyendo a estas últimas influencias decadentes.

En 1940, el médium norteamericano Edgar Cayce hace descripciones de la atlántica en sus lecturas, toma como base el relato existente de Platón y lo amplía con nuevos detalles como que la civilización atlante se regía bajo un gobierno teocrático llamado Ley del Uno, la civilización tenía una tecnología avanzada basado en cristales de cuarzo, que a su vez dependía de un Gran Cristal; sin embargo los líderes atlantes abusaron del poder de este Gran Cristal que llevó a la extinción bajo las aguas, los sobrevivientes llegaron a Egipto donde guardaron su conocimiento dentro de la Esfinge. Cayce predice que en 1968 la Atlántida volverá a la superficie frente a las costas de Florida. Un año después de esa fecha, en 1969, se descubre una formación rocosa sumergida en las aguas de la isla de Bimini, Bahamas, a unos 80 km al este de Miami. Esta estructura, llamada Carretera de Bimini o Muro de Bimini, fue considerada como un resto de la isla desaparecida, alegándose que cumplía la predicción de Cayce. Sin embargo, los expertos geólogos sostienen que se trata de una formación natural conocida como roca de playa.

Atlántida minoica

Escena de Akrotiri, capital de Thera.

Pescador de Akrotiri.

Al margen de lo esotérico, el impulso generado por la obra de Donnelly motivó numerosos historiadores y arqueólogos, tanto profesionales como aficionados, quienes durante el siglo XX desarrollaron diversas conjeturas sobre la ubicación de la Atlántida, asociando a los atlantes con diferentes culturas de la Antigüedad. Es así como en 1913, el británico K. T. Frost sugiere que el imperio minoico (o cretense), conocido de los egipcios, poderoso y posiblemente opresor de la Grecia primitiva, habría sido el antecedente fáctico de la leyenda atlántida.

En 1938, el arqueólogo griego Spyridon Marinatos plantea que el fin de la civilización cretense, a causa de la erupción del volcán de Santorini, antiguamente llamada Thera, cuya capital era Akrotiri, podría ser el fondo histórico de la leyenda. La idea de Marinatos fue desarrollada por el sismólogo Angelos Galanopoulos, quien en 1960 publicó un artículo donde relaciona la tesis cretense con los textos de Platón.[Si bien el propio Marinatos siempre sostuvo que se trataba de una simple especulación, la hipótesis de la Atlántida cretense ha tenido amplia aceptación y captado muchos seguidores, entre los que se cuenta el fallecido oceanógrafo francés Jacques Cousteau.

Entre el 1628 y el 1627 a. C., la erupción del volcán terminó con una gigantesca explosión de caldera, del mismo tipo que la de Krakatoa (Indonesia) de 1883. Como efecto de la explosión la isla perdió buena parte de su superficie, y se desencadenó un maremoto que asoló el Mediterráneo Oriental, provocando, supuestamente, una grave crisis de la civilización minoica de Creta. Parece que la población encontró tiempo suficiente para evacuar la isla, llevándose muchos de sus bienes muebles. Marinatos popularizó la idea de que la explosión prehistórica de Tera-Santorini está en el origen del mito de la Atlántida.

La explosión fue muy intensa y la emisión de polvo oscureció la atmósfera lo suficiente como para que el hecho fuera observado en China. El enfriamiento del tiempo ha quedado registrado en anillos de los árboles incluso en Canadá. En Egipto, una inscripción del faraón Ahmosis conocida como la Estela de la Tormenta parece referirse a este hecho; si bien se han propuesto otras interpretaciones.

Atlántida en el sur de la península ibérica

Por su parte, en 1922, el arqueólogo alemán Adolf Schulten retomó y popularizó la idea de que Tartessos fue la Atlántida, hipótesis que tomó de los historiadores españoles Francisco Fernández y González (finales del s. xix) y su hijo, Juan Fernández Amador de los Ríos (1919).

En 2005, Marc-Andre Gutscher, geólogo marino del Instituto Universitario Europeo del Mar, en Plouzané, Francia, publicó un artículo en la revista científica Geology en el que analizaba Espartel, una isla sumergida al oeste del estrecho de Gibraltar, y la posibilidad de que esta fuera destruida por un fuerte terremoto y tsunami posterior hace unos 12 000 años y sus hipotéticas relaciones con la Atlántida descrita por Platón.

En 2005, un equipo multidisciplinar de investigadores del CSIC (Juan José Villarias Robles, Sebastián Celestino Pérez y Ángel León) y de la Universidad de Huelva (Antonio Rodríguez Ramírez), en el marco del denominado Proyecto “Constratación de la hipótesis de Wickboldt-Kühne”, estudiaron sobre el terreno si las formas geométricas que se advertían en las imágenes de 1996 del Espacio Natural de Doñana obtenidas desde el satélite indio IRS y señaladas por los investigadores alemanes Werner Wickboldt y Rainer W. Kühne y las que el escritor hispanocubano Georgeos Díaz-Montexano aportó –públicamente– a Rainer Kühne en el 2003 en el foro Atlantis Rising, se correspondían con un yacimiento arqueológico de importancia tal como la Atlántida o Tartessos. Los resultados de las pruebas realizadas (georradar, tomografía, sondeos, catas sedimentológicas) entre 2005 y 2010 indicaron que bajo Doñana “hasta 12 metros de profundidad no hay absolutamente nada”, tal y como explica en una entrevista Sebastián Celestino Pérez, investigador del CSIC.

Atlántida en América

En 1999, el investigador Jim Allen aseguró encontrar pruebas de la perdida isla en el altiplano de Bolivia, en Pampa Aullagas del Departamento de Oruro.. (“Atlantis: the Andes Solution” Windrush Press, England 1998). La teoría se apoya en varias fuentes y resultados de investigaciones respecto a la formación mineralógica de las montañas que rodean al Altiplano, y la correspondencia entre la planicie rectangular del Altiplano al lado del lago Poopó y la descripción de la planicie rectangular dada por Platón. Además Allen mantiene que el cerro volcánico en Pampa Aullagas rodeado con anillos concéntricos corresponde a la isla capital de la Atlándida con sus anillos concéntricos y dice que la leyenda griega tuvo su origen en una supuesta leyenda boliviana, “La Leyenda del Desaguadero”, que habla de una ciudad castigada por los dioses y sumergida bajo un lago; un tema común a varias mitologías y que puede deberse a la influencia del mito bíblico del diluvio aportado por los misioneros. El investigador participó en varios documentales y entrevistas incluso en 1998 en un documental de la BBC y en 2001, participó en un documental para Discovery Channel dirigido por “Of Like Mind Productions” y titulado “La Atlántida en los Andes”, que incluye imágenes de Tihuanaco y también los resultados de la expedición Akakor realizada en el lago Titicaca en 1999. Algunos investigadores, como Arthur Posnansky, cuyas conclusiones no concuerdan con los datos arqueológicos que establecen la fundación de esta ciudad como tal en el siglo I de nuestra era, proponen una antigüedad de alrededor de doce mil años para las ruinas de Tihuanacu, lo cual coincidiría con la fecha probable de la Atlántida platónica aunque Allen mencionó en sus libros la posibilidad de 1260 a.C. como más probable. El documental argumenta, además, que Tihuanaco y el pueblo aimara fueron uno de los diez reinos de la isla, si bien esta etnia es posterior a la caída de Tiahuanaco en el siglo XIII de nuestra era. Esta hipótesis ha sido rechazada por la comunidad científica dado que las dataciones propuestas para Tiahuanaco, como también las extrapolaciones de Allen a partir de los textos antiguos, carecen de bases sólidas y contradicen todos los demás estudios realizados al respecto.

Falsa ubicación de la Atlántida en Google Ocean

En febrero de 2009, el periódico The Telegraph, del Reino Unido, publicó un artículo insinuando que usando Google Ocean (una extensión de Google Earth) se podía ver un misterioso rectángulo bajo el mar en el océano Atlántico en las coordenadas 35°15′15″N 24°15′30.53″O / 35.25417, -24.2584806. Inmediatamente, fanáticos de la Atlántida comenzaron a especular, asegurando que la imagen correspondía a la ciudad hundida. Google afirmó que la imagen correspondía a un típico error de procesamiento de imagen en el momento en que se recolectaron los datos de batimetría de varios sonares de botes en la zona.

Congresos de las hipótesis sobre la Atlántida

En julio de 2005 se celebró en la isla griega de Milos el primer congreso de las hipótesis sobre la Atlántida, donde los participantes expusieron sus tesis sobre la base histórico-geográfica del relato de la Atlántida reflejado en los diálogos de Platón. Como resultado del congreso, se elaboró una lista de 24 criterios para la localización de la Atlántida. Se convocaría un segundo encuentro en Atenas en noviembre de 2008 y un tercero en Santorini en el año 2010.

El objetivo del congreso no es “establecer si la Atlántida existió o no, ni de localizarla de una vez por todas, lo que sería presuntuoso para una historia vieja de más de 2.500 años”, sino más bien “pasar revista a las hipótesis y censar los eventuales índices confiables”, explicó a la AFP Pavilidis, al inaugurarse el evento el lunes.

El Tiempo.com, Atenas/AFP

Críticas a las hipótesis sobre la Atlántida

Ante la cantidad de sitios propuestos como el emplazamiento de la isla, el periodista escéptico Michael Shermer, fundador de la Skeptics Society, sostiene que las hipótesis de la ubicación de la isla Atlántida tienen defectos de fondo y forma. Por ello, Shermer rechaza en general las distintas conjeturas, y en particular el supuesto descubrimiento de la ubicación de la Atlántida en el sur de España por el investigador alemán Rainer Kühne; y señala que el mito de la Atlántida propuesto por Platón recoge su percepción acerca del costo de la guerra en lo económico y social, derivado de su observación del conflicto armado entre los siracusanos y los cartagineses. Este relato presentaría un mensaje moral alrededor de una sociedad que al hacerse rica se torna belicosa y corrupta, y por ello es destruida por un castigo divino.

Dicha postura, en general, coincide con los estudiosos del pensamiento platónico, quienes proponen que Platón simplemente elabora un relato mítico con base en hechos y localizaciones reales de la época tomando elementos de las descripciones etnográficas de Heródoto. Al respecto, no debe olvidarse que el propio Platón recomienda, en su estudio de la polis ideal, el uso de una noble falsedad para poder discutir y consolidar el sistema político ideal.

Una lista casi exhaustiva sobre este tema puede leerse en ‘Atlantis in fiction’ (inglés).

En la literatura

Nemo y Aronnax ante las ruinas de la Atlántida (Veinte mil leguas de viaje submarino).

Veinte mil leguas de viaje submarino (Vingt mille lieues sous les mers, 1869), de Julio Verne: en los capítulos IX, X y XI de la segunda parte, el Nautilus visita las ruinas de la Atlántida.

La Atlántida (L’Atlàntida, 1877), de Jacinto Verdaguer: poema clásico catalán que narra cómo Colón escucha de un ermitaño la historia de la Atlántida, después de lo cual sueña con viajar a nuevas tierras.

La Atlántida (L’Atlantide, 1919), de Pierre Benoit: en una inexplorada región del Sahara, dos oficiales franceses descubren una fabulosa ciudad gobernada por una reina atlante.

▪ En los relatos de Robert E. Howard, la Atlántida es un archipiélago de islas habitadas por tribus bárbaras muy aguerridas en guerra con los pictos y otros vecinos. El rey Kull de Atlantis es un bárbaro atlante que llega a convertirse en rey de Valusia, uno de los reinos de Thuria.

Atalantë («La Sepultada» en quenya, equivalente a Akallabêth en adunaico) es, en los relatos de J. R. R. Tolkien, el nombre que se da a la isla de Númenor, que Tolkien intencionadamente sitúa como símil de la Atlántida.

La rebelión de Atlas (Atlas Shrugged, 1957) de Ayn Rand: describe un lugar llamado la Atlántida («Atlantis»), donde residen John Galt (el héroe de la novela) y sus amigos. Las referencias a Atlantis como símbolo de la sociedad propugnada por la filosofía objetivista serán continuas en el resto de la carrera de Ayn Rand.

Taliesin (1987), de Stephen R. Lawhead, primer volumen del Ciclo de Pendragon: el rey Avallach y su hija Charis, sobrevivientes de la Atlántida, llegan a las costas bretonas.

Corazones en la Atlántida (Hearts in Atlantis, 1999), de Stephen King: la Atlántida aparece como metáfora de la cultura popular de los años 60.

El resurgir de la Atlántida (Raising Atlantis, 2005), de Thomas Greanias: un grupo de científicos, que investiga una inusual actividad sísmica en el polo sur, descubre la Atlántida.

La llave, novela de Marianne Curley (2005): en uno de los capítulos, los Guardianes del Tiempo viajan a la Atlántida durante “su último día”. Según la autora, la ciudad desapareció durante el año 9596 a. C. Durante su visita, los protagonistas ven una ciudad bastante avanzada, que incluso ha conseguido crear una “bola” que es capaz de ver el futuro. Finalmente, la ciudad desaparece, pero aun así hay bastantes supervivientes.

Atlantis (2006), de David Gibbins: un arqueólogo marino descubre indicios de la Atlántida en el mar Mediterráneo.

El Laberinto de La Atlántida (2009), de Álvaro Bermejo: durante la II Guerra Mundial, un agente de espionaje aliado descubre en Creta una operación dirigida por el Alto Mando alemán en busca del legendario Rayo de Poseidón, al que atribuían un poder destructor comparable al de la bomba atómica que, por esas mismas fechas, se estaba preparando en el Proyecto Manhattan. Basada en hecho reales. Cuenta con una edición italiana: Il Labirinto di Atlantide. Edit. Falcone. 2013

El librero de la Atlántida (2006), de Manuel Pimentel: un tímido librero, que escucha de un marinero historias sobre continentes perdidos, se enfrenta a la contingencia de un nuevo cambio climático similar al que destruyó la Atlántida.

Acheron (2008), novela de Sherrilyn Kenyon sobre fenómenos paranormales: un dios nacido en Atlántida se ve forzado a una vida de sufrimiento como humano.

Atlántida (2010), de Javier Negrete: tras una serie de erupciones de los llamados ‘supervolcanes’, los protagonistas sitúan el continente perdido en el archipiélago de Santorini, al norte de la isla de Creta.

Se han hecho varias películas a partir de la novela de Pierre Benoit, y otras de distinto contenido. En la siguiente lista, cuando no se indica otra cosa, las películas se inspiran en parte en esa novela francesa:

La Atlántida (L’Atlantide, 1921), de Jacques Feyder, con la actriz y bailarina Stacia Napierkowska.

La Atlántida (Die Herrin von Atlantis, 1932), de Georg Wilhelm Pabst, con guion de Ladislao Vajda y otros, y con la actriz Brigitte Helm.

La Atlántida (Siren of Atlantis, 1949), de Gregg G. Tallas, Arthur Dewitt Ripley y John Brahm, con Maria Montez y Dennis O’Keefe.

Totò sceicco (1950), de Mario Mattoli, con Totò; la película es una parodia de otras dos: El hijo del caíd (The Son of the Sheik, 1926), con Rodolfo Valentino, y La Atlántida (Siren of Atlantis, 1949).

La legión del desierto (Desert Legion, 1953), de Joseph Pevney, con guion de Irving Wallace y Lewis Meltzer, y con el actor Alan Ladd.

Viaje al centro de la Tierra (Journey to the Center of the Earth, 1959), de Henry Levin: en un pasaje de la película, los expedicionarios encuentran las ruinas de la Atlántida.

El continente perdido (Atlantis, the Lost Continent, 1961), de George Pal: Demetrio, joven pescador de la antigua Grecia, se pierde en el mar y llega hasta las costas de la isla de Atlántida.

La conquista de la Atlántida (Ercole alla conquista di Atlantide, 1961), de Vittorio Cottafavi, con Reg Park y Fay Spain.

Antinea – L’Amante della Citta Sepolta (1961), de Edgar G. Ulmer y Giuseppe Masini, con Haya Harareet, Rad Fulton y Jean-Louis Trintignant.

La ciudad de oro del Capitán Nemo (Captain Nemo and the Underwater City, 1969), de James Hill, con inspiración en el personaje del Capitán Nemo, de novelas de Julio Verne.

Los Conquistadores de Atlantis (Warlords of Atlantis, 1978), de Kevin Connor: los atlantes actuales tratan de conquistar el mundo.

Los depredadores del abismo (Predatori di Atlantide, 1983), de Ruggero Deodato: en la costa de Miami emerge la isla de la Atlántida.

L’Atlantide (1991), de Bob Swaim, con Victoria Mahoney y Tchéky Karyo.

Atlantis: El imperio perdido (Atlantis: The Lost Empire, 2001), de Gary Trousdale y Kirk Wise: película de animación en la que un joven científico, ayudado por un equipo de exploradores, busca la Atlántida.

Viaje 2: la Isla Misteriosa (Journey 2: The Mysterious Island, 2012), protagonizada por Dwayne Johnson y Josh Hutcherson, cuyos personajes alcanzan en helicóptero una isla, identificada como la Atlántica, que termina hundiéndose.

En la historieta gráfica

Aquaman, personaje de DC Comics, hijo de una reina atlante y del farero Tom Curry es el rey de Atlantis, reino sumergido de una raza de hombres capaces de respirar bajo el agua.

Namor, personaje de Marvel, es también rey de otra versión de Atlantis.

▪ Lori Lemaris, quien fuera novia de Superman, es asimismo una habitante de la Atlántida.

▪ En Arion, Lord of Atlantis, se retrata la Atlántida como una avanzada civilización basada en la magia en vez de en la ciencia.

▪ En El mal trago de Obélix, de la serie de cómics de Astérix y Obélix, se hace una visita a lo que queda de la Atlántida, en las Islas Canarias.

▪ En Orion, el Atlante, cómic de la editorial mexicana Promotora K y publicada en Sudamérica por la editorial colombiana Cinco, el protagonista es un príncipe atlante.

El enigma de la Atlántida es un tebeo de los personajes Blake y Mortimer, con guion y dibujo de Edgar P. Jacobs.

Patoruzú, protagonista de la clásica historieta argentina del mismo nombre, es descendiente de Patoruzek, quien llegó a América desde el Antiguo Egipto cruzando por la Atlántida.

En la televisión

La Atlántida (como continente, isla o ciudad perdida) aparece en diversas producciones televisivas de ficción y documentales, entre los que se encuentran:

L’Atlantide (1972), telefilme producido por la Office de Radiodiffusion-Télévision Française (ORTF) 2, con guion y dirección de Jean Kerchbron; se inspira en la novela de Benoit.

▪ En la serie de ciencia ficción Stargate Atlantis, Atlantis es una antigua ciudad creada por los Antiguos, que se autotraslada desde la Tierra en naves espaciales creadas por ellos mismos por toda la Vía Láctea, extendiendo la raza humana por todos los planetas.

▪ En Saint Seiya, también conocida como ‘Los caballeros del Zodiaco’, Atlántida es un inmenso santuario dedicado a Poseidón, Dios de los Mares; rodeado de siete enormes pilares que sujetan el océano encima de ellos y permite la vida en las profundidades.

▪ En la serie de animación japonesa, ‘La visión de Escaflowne‘, Atlantis se desarrolló en la Tierra, alcanzando un grado de tecnología que era posible materializar los deseos, de tal forma que se hicieron a sí mismos, seres hermosos y alados. Sin embargo, Atlantis desapareció, presumiblemente, por deseo de los propios atlantes, y se trasladó todo su reino a Gaia, el mundo donde se desarrolla la serie, donde fueron llamados los ryu-jin (gente dragón), pero ahí no alcanzaron la paz, y una guerra civil llevó a la destrucción del reino, por lo que los ryu-jin serían considerados malditos.

▪ En la serie animada Fushigi no umi no Nadia, el personaje principal Nadia es descendiente de los habitantes de la antigua Atlántida.[85]

▪ En la serie infantil animada Phineas y Ferb (episodio 83), los niños hallan la sumergida Atlántida que, al final del episodio, vuelve a hundirse.

▪ En el episodio What Destroyed Atlantis? de la serie Curiosity.

▪ En el anime Yu-Gi-Oh! cuya cuarta saga llamada “El Despertar de Los Dragones” relata la historia de Dartz, un rey de la Atlántida que fue corrompido por una antigua deidad con forma de leviatán a través de un mineral llamado Oricalcos y cuyo propósito es resucitar a ese dios ofreciéndole almas de duelistas poderosos. Timeo, Critias y Hermócrates aparecen como unos legendarios caballeros que lucharon contra Dartz en el pasado y que fueron convertidos en dragones por este último.

▪ “LEGO Atlantis” minipelícula en la que un equipo busca la Atlántida.

▪ En la serie animada Los padrinos mágicos, Cosmo hundió la Atlántida nueve veces mientras estaba en la academia de hadas de Jurgen Von Strangle, según él “para hacerla más limpia”.

▪ “Finding Atlantis”, documental de National Geographic Channel emitido en marzo de 2011, que especula con la localización de la Atlántida en Doñana, Andalucía.

▪ “El Resurgir de la Atlántida” (Atlantis Rising), otro documental de National Geographic Channel, de enero de 2017, producido por James Cameron y dirigido por Simcha Jacobovici, en el que a las especulaciones sobre su localización en Doñana u otro punto del Golfo de Cádiz añade otras posibles localizaciones en el suroeste peninsular.

▪ En el primer episodio de Ducktales (2017) los protagonistas van la Atlántida a recuperar un antiguo tesoro perdido

En videojuegos

▪ En la aventura gráfica, Indiana Jones y la médium Sophia Hapgood buscan y llegan hasta la Atlántida, que el juego sitúa en el Mediterráneo, con las islas de Thera (hoy Santorini) y Creta como colonias menor y mayor del antiguo imperio. En el juego, destacan sobremanera la ambientación y el cuidadoso estudio de las civilizaciones de la Edad del Bronce, para dar a Atlantis un marcado sabor minoico.

▪ El éxito mundial del juego de estrategia Age of Mythology llevó a Ensemble Studios a crear una expansión de este, la cual sería bautizada con el nombre de Age of Mythology: The Titans; en la misma la Atlántida ocupa un lugar importante en el desarrollo de las campañas, con su héroe Arkantos en el primer juego y Cástor, el hijo del anterior, en el segundo.

▪ También aparece en Tomb Raider el Sción como tema principal de la trama del juego.

▪ La expansión del juego que creó Sierra Entertainment titulada Señor de la Atlántida – Poseidón, como continuación de Zeus: Señor del Olimpo.

▪ En Eternal Champions de Sega, el personaje de Trident es el príncipe de Atlantis

▪ Para Playstation, el videojuego de la película Atlantis: El Imperio Perdido (Atlantis: The Lost Empire

▪ En God of War: Ghost of Sparta, el protagonista Kratos, el Dios de la Guerra, debe viajar a la Atlántida para destruir su capital